Venezuela Declines...But Not Surrender

25.10.06

La lucha por el sillón faltante en el Consejo de Seguridad entra ahora en un segundo round pues Venezuela postula a su incondicional Bolivia como nuevo aspirante.
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Los cables noticiosos señalan que Venezuela tiró la toalla, expresión boxística comúnmente utilizada para referir que el rival abandonó la pelea. En parte es cierto, sólo en parte, ya que al proponer a Bolivia, su mayor socio en Latinoamérica, sólo se ha cambiado el mensajero pero no el mensaje. Esto debido a que Bolivia secunda a Venezuela desde la elección del líder indígena Evo Morales en todas las iniciativas políticas que Caracas intenta llevar a cabo. Fue Hugo Chávez, presidente venezolano, quien acercó aún más Morales hacia el socialismo o nacionalismo populista que ahora divide a la región.

Bolivia, que atraviesa por graves problemas internos, es vista por analistas políticos como un anexo o extensión de la agenda chavista en el continente. Razón no le falta a quien piense que esto dado que aquel país prácticamente ha subordinado su política internacional, salvo en el caso chileno, a los propósitos de Chávez. Impidiendo así que Bolivia pueda expresar su propia voz sobre materias de interés regional o mundial.

Pero no sólo la agenda externa boliviana está influenciada por la cancillería venezolana sino también su política interna. Chávez ha enviado a Bolivia asesores de su país para reorganizar las empresas bolivianas de hidrocarburos (Yacimientos Fiscales Petrolíferos de Bolivia) y, presumiblemente, su aparato de inteligencia, sin el cual el inestable Gobierno de La Paz no podría contener las amenazas y asegurar su continuidad en el poder.

El anuncio de Morales sobre la renuncia de Venezuela es parte de la estrategia del segundo para tentar subrepticiamente un puesto en el Consejo. Nadie debería dudar de que sería Venezuela y no Bolivia, de lograr esta última el codiciado asiento, quien dirija la estrategia política y la tònica del discurso a desarrollarse.

Para el régimen chavista, hacerse de un sitio en el Consejo de Seguridad representa su más seria aspiración en el contexto internacional, toda vez que, a través de esta instancia, lograría confrontar cara a cara a EE UU, el cual ha optado por no responder a los ataques del presidente Chávez y funcionarios de menor jerarquía.

El impase producido en la ONU, tras 35 votaciones infructuosas, obligó a Venezuela a jugarse esta última carta de nominar a Bolivia en su reemplazo. Más cartas en la región no le quedan pues Argentina, en representación del MERCOSUR, se encuentra justamente de salida del citado Consejo y no cuenta con aliados en Centroamérica y el Caribe salvo Cuba, cuyo régimen atraviesa una delicada transición política y su eventual postulación no obtendría suficientes votos.

Con la candidatura boliviana Chávez pretende moderar su posición con el fin de seducir a aquellos países que rechazan su estilo confrontacional y pierrotesco, y más aún cuando la situación global amerita llegar a consensos en vez de dificultarlos.

No creemos que Bolivia obtenga los dos tercios de los votos que necesita (128) para conseguir un sitial en el Consejo. Las chances de esta nación son mínimas pues a pesar de contar con el probable respaldo de los Países No Alineados, del bloque conformado por Argentina, Brasil, Uruguay y Paraguay y algunos estados más, su escasa participación en el escenario mundial conspira contra sus posibilidades y las de Chávez.

Bolivia tiene tantos problemas internos como para asumir una responsabilidad de esta envergadura, toda vez que pende del Consejo de Seguridad la tarea de impedir la proliferación nuclear y desbaratar las amenazas de conflictos nacionales.

La existencia de dos candidatos antagònicos en el GRULAC (Grupo de Latinoamérica y el Caribe) es prueba fehaciente de la disparidad ideológica que en materia económica caracteriza a la región, en el sentido de que unos países se orientan hacia el libre mercado y a suscribir Tratados de Libre Comercio (TLC); y otros hacia modelos de economías planificadas o mixtas, donde el Estado regula el crecimiento y controla las principales industrias. Esta divergente concepción del rol del Estado sobre la economía ha tenido injerencia en su forma de vincularse, es decir, en la manera que los países conciben sus relaciones entre sí.

La marcada oposición de un grupo de estados a un Área de Libre Comercio en las Américas (ALCA) sumada a su animadversión a las políticas hegemónicas de EE UU o “imperialistas” (como las califican Venezuela, Cuba y Bolivia) exasperan los ánimos y complican las negociaciones entre los paìses. La salida venezolana de la CAN (Comunidad Andina de Naciones) fue fruto de este cerco ideológico infranqueable que separa a las naciones hispanas.

El retiro del bloque andino, segùn Caracas, se debió al deseo de que los países que negociaron un TLC con EE UU (Colombia, Perú, y Ecuador), suspendan la aprobación de estos instrumentos porque supuestamente vulnera la naturaleza integradora de la CAN. En el fondo, lo que pretendía era tener una excusa para retirarse de este organismo, toda vez que la elección presidencial en Perú en junio de este año le fue desfavorable a su candidato, el ex comandante del Ejército Peruano Ollanta Humala Tasso, quien perdió a manos del socialdemócrata Alan García Pérez del APRA.

Al no contar con Perú dentro de su esfera de influencia, el bloque andino le sería totalmente desfavorable a sus propósitos pues ni Colombia, Perú y Ecuador se encuentran en su lista de aliados en su lucha contra el Imperio Estadounidense. La CAN era pues irrelevante, ya que no la podía sumar a sus esfuerzos por “desnorteamericanizar” paulatinamente a Sudamérica. De ahí que esta derrota en la región se sublimizó en la obsesión por tantear un lugar en el Consejo de Seguridad.

La puja entre la mayor potencia del mundo y un país tercermundista por un asiento en el Consejo refleja el grado de descrédito de la primera. EE UU se halla maniatado en parte por su negativa a buscar acuerdos a raíz de la invasion de Irak, la cual supuso la ruptura de la Carta de las Naciones Unidas y le gano el repudio de la comunidad internacional. Lo paradójico de esta historia radica en que quien rechazò en primer tèrmino los consensos, pretende ahora alcanzarlos.

War In Iraq: The Runaway Pride

23.10.06

Mientras se discute una probable retirada de la fuerza de ocupación norteamericana en Irak, la Casa Blanca tal vez debería tomar nota del caso irlandés, donde las facciones armadas desangraron por décadas al país y ahora es un arquetipo ideal de pacificación. Es decir, un claro ejemplo de lo que se debería hacer; y lo que realiza la actual Administración Norteamericana, de lo contrario. (War In Iraq)

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Mucho se comenta acerca del robusto modelo de crecimiento económico irlandés al igual que el de los países escandinavos, que ahora son, a no dudarlo, referentes ineludibles al momento de fijar metas en las naciones tercermundistas. Los paradigmas de desarrollo sostenido ya no son (o no lo son tanto) los tigres asiáticos, eclipsados tal vez por China, los colapsos de sus economías durante la crisis asiática y las recientes preocupaciones acerca de una carrera armamentista (debido a la nuclearización en la penìnsula coreana).

Irlanda muestra ahora un claro aumento de las inversiones de capital privado. Su PBI per capita o por habitante es el segundo más elevado dentro de la Comunidad Europea y su tasa de desempleo es una de las más bajas. En términos económicos muestra una envidiable salud cuando algunos años atrás esto era impensable. En el período 1995—2000 su economía creció 10% en promedio. El crecimiento del PBI permaneció estable y relativamente sòlido, con una tasa de alrededor del 6% en 2001 y 2002, pero se esperaba que esto cayera al 2% hacia 2003.

La agricultura, alguna vez el sector más importante, se encuentra actualmente empequeñecida por la industria y servicios con el software. Durante la última década se implementó una serie de programas económicos diseñados para refrenar la inflación, aliviar la carga impositiva, reducir el gasto del gobierno como un porcentaje del PBI, incrementar las habilidades de la fuerza laboral y promover las inversiones extranjeras. El Estado se unió a la iniciativa del euro en enero de 1999 (abandonando la libra irlandesa) junto con otras diez naciones de la Unión Europea. Este período de elevado crecimiento económico llevó a muchos a bautizar la República como el Tigre Celta. Sin dejar de lado, por supuesto, el apoyo financerio de la UE.

Pero toda esta prosperidad no hubiera sido posible sin la previa estabilización del país ya que desde 1994 el IRA (Irish Republic Army o Ejecito Republicano Irlandés) negoció con el Gobierno de Reynolds un alto al fuego indefinido, que luego desembocó en uno definitivo en abril de 1998 cuando La República de Irlanda, Gran Bretaña, las fuerzas políticas de Irlanda del Norte, incluido el Sinn Féin (brazo político del IRA) arribaron al acuerdo de paz, aprobado después en referéndum por el 94.4% de los votos, paso previo para la reforma de la Constitución en lo concerniente a los condados del Ulster (Nombre dado a Irlanda del Norte).

El caso irlandés puede ser aleccionador para el de Irak, toda vez que este país europeo experimentó tanto una violencia religiosa (entre católicos y protestantes) como política (entre independentistas irlandeses y colonialistas británicos). El escenario es similar en algunos aspectos como los destacados, a los que también habría que sumar las diferencias entre los unionistas y separatistas.

La revisión histórica de este proceso de reconciliación viene a nuestra mente en momentos que el Gobierno de Bagdad asumirá la seguridad de la mitad de las provincias iraquíes de aquí a fin de año. “De aquí a fin de año cerca de siete u ocho provincias, de un total de 18, serán bajo control directo de la seguridad iraquí”, ha afirmado viceprimer ministro iraquí, Barham Saleh, tras entrevistarse con el primer ministro británico, Tony Blair. Este encuentro se produjo mientras el secretario de Estado de Asuntos Exteriores británico, Kim Howells, dijo que “las fuerzas iraquíes deberían ser capaces de hacerse cargo de la seguridad en su país en el plazo de un año”.

Creemos, después de leer estas declaraciones, que no se puede transferir competencias (como la de la seguridad) ni establecer plazos para una eventual retirada en tanto y en cuanto no se logre la paz. Para que un Gobierno Iraquí esté en capacidad de asumir nuevas funciones requiere primero gozar de legitimidad. La cual no se obtiene un maniatado proceso electoral sino a travès de acuerdos de pacificación concretos. No basta que en un régimen estén todos representados sino que dichos actores sean capaces de arribar a conversaciones productivas, es decir, que el pueblo iraquí aprecie que las decisiones que se toman trascienden y no quedan en el mero discurso o la intención.

La clave para iniciar un proceso de paz està en construir partidos políticos o reconstruir los existentes ya que Sadam Hussein acabó con todos ellos o forzó al exilio a sus líderes desvinculándolos de la realidad iraquí y de su población. Esto es necesario por què la violencia sectaria debe ser canalizada por medio instituciones (partidos) con real envergadura en el panorama polìtico. Fundamental también es que los actores del futuro diálogo por la reconstrucción nacional de Irak sean aquellos que ahora encabezan las milicias, sin su concurso en la mesa de negociaciones será imposible pacificar el país. Como el diàlogo debe ser entre iraquíes, y sólo entre iraquíes, la participación de EE UU y Reino Unido debe ser moderada y abierta, descartando de antemano la exigencia de condiciones para sentarse a negociar. No podría obligarse, por ejemplo, que los insurgentes depongan las armas o las entreguen pero sí que establezcan un cese del fuego unilateral y que controlen a sus partidarios.

Durante las tratativas, como un gesto reciproco, se podrían suspender los operativos de la colación, estableciendo que cualquier violación a los arreglos iniciales implicará retornar a las condiciones originales. Las partes deben pues respetar y cumplir un mínimo requerimientos sin desean llegar a acuerdos mayores y más amplios.

Todo lo anterior deriva de la experiencia irlandesa, cuyas conclusiones deben ser observadas para alcanzar la paz en Irak. Cuando se produjo el proceso negociador céltico, los actores políticos acordaron abrir un diálogo sin exclusiones, es decir, con todos los grupos políticos involucrados (1993). Dicha paz fue posible porque se hicieron atrás enormes diferencias, al extremo que el IRA, organización que atentó sin éxito contra la ex primera ministra inglesa Margaret Tatcher en 1984, conformó y ratificó los pactos.

Los consensos sobre Irak sólo pueden concretarse en la medida en que las partes se reconozcan entre sí, esto es, como legítimas representantes de las facciones en conflicto y de los intereses en juego. Nadie puede ser excluido porque de lo contrario se podría reavivar o profundizar la violencia sectaria, desbaratando, de ese modo, los anteriores esfuerzos por encontrar una solución pacífica.

El rol de las potencias involucradas (EE UU y Reino Unido) deber ser conciliador ya que deben tener claro que lo que se está discutiendo en el fondo es la futura soberanía de un Estado ahora inviable. La paz es la condición necesaria para lograr un Irak autónomo, de ahí que lo que deben entender los ocupantes de Irak es que cuanto más fuerte hagan sentir su presencia o peso en las eventuales rondas negociadoras, más débil será el futuro Estado de Irak. Lo que queremos decir es que durante las conversaciones se estará definiendo o marcando el carácter del país. Es como si el proceso (que debe culminar en una nueva Constitución) fuera la partida de nacimiento del Estado Iraquí. Por eso es muy importante que EE UU y su aliado británico minimicen su papel o intervengan lo menos posible con el fin de que sean los propios iraquíes quienes determinen su destino.

Reino Unido conoce bien el caso y podría asesorar a EE UU, quien justamente carece de dotes negociadoras y antecedentes exitosos sobre la materia. No hace falta recordar su desastroso desempeño en Vietnam o en el actual asunto norcoreano. La historia política internacional estadounidense registra que esta potencia sólo ha sabido imponer sus condiciones cuando ha prevalecido, y más ahora que tiene pretensiones imperiales; en cambio, cuando se ha encontrado apremiada o en una situación sin salida, ha preferido dilatar las conversaciones, entorpecerlas o negar que estuviera en una encrucijada. Jamás ha aceptado la verdad ni su responsabilidad cuando la agobiaban las consecuencias de sus intervenciones armadas. Generalmente de prefiere dejar heridas abiertas y abandonar a países o grupos que anteriormente le habían servido como los mujaidines en Afganistán, tras derrotar a la Unión Soviética.

Washington hace mal al presionar a un Gobierno debilitado como el de Maliki, no puede exigirle que acabe con la violencia y ponga orden puesto que algo semejante no se logra con acciones represivas en una sociedad donde hay más fusiles kalashnikov que habitantes, sino a través de identificar a los representantes de las facciones y convocarlos a una mesa de diálogo.

Según The New York Times, la Casa Blanca estaría a punto de hacer esto si el Gobierno del primer ministro Nuri al Maliki no consigue frenar la violencia entre chiíes y suníes. “EE UU debe decirle que abandonará Irak” ese el mensaje de influyentes senadores republicanos y demócratas, que urgen al presidente Bush a que ejerza toda su presión sobre el Gobierno de Bagdad. Los políticos coincidieron ayer en que la Administración Bush tiene que amenazar al Gobierno iraquí con la retirada si no hay cambios en el actual descontrol.

Las declaraciones de los senadores más influyentes en política exterior coinciden con el intento de la Casa Blanca de contrarrestar el caos iraquí. Se especula que el general George Casey, responsable del despliegue, y el embajador de EE UU en Irak, entregará a finales de año al Gobierno de Irak un plan en el que por primera vez se pondrían fases y fechas para desmantelar las milicias armadas y para que los grupos étnicos lleguen a acuerdos de reparto del poder, según The Washington Post.

Las tropas norteamericanas, a medida que las iraquíes asumieran más tareas, se retirarían a sus bases, aunque habría asesores militares de EE UU en las divisiones iraquíes. El diario añade que en este calendario, del que se responsabilizará el Pentágono y que debería aplicarse a lo largo de 2007, no se incluirá la amenaza de la retirada de las tropas.

La estrategia de salida de EE UU del conflicto recuerda en demasía a la empleada por Nixon en Vietnam, pues ésta incluía una retirada gradual de las tropas norteamericanas pero con total apoyo económico y militar (asesores) al régimen de Van Thieu, cosa que no ocurrió pues en marzo de 1973 EE UU abandonó a su suerte al Gobierno Vietnam del Sur, lo cual provocó su inexorable caída el 30 de abril de 1975.

Sólo el porvenir dirá cuál será el desenlace final de este conflicto. Las guerras de Vietnam e Irak se iniciaron para alcanzar objetivos parecidos: contener el avance del comunismo en el sudeste asiático, por un lado; y detener la amenaza del fundamentalismo, por el otro. Dos peligros que en el primer caso se desvaneció porque los países asiáticos se transformaron en los famosos tigres del Asia, es decir, en capitalistas; y que, en el segundo, no existía en Irak hasta que se produjo la invasión.



War In Iraq: Desperate White House

George Bush no es precisamente el legendario Teseo ni cuenta con la ayuda de una cautivada Ariadna como para encontrar la salida del laberinto en el que el mismo se metió.

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Cuenta la mitología griega que el laberinto de Minos, antiguo rey de Creta, mandó a construir un inexpugnable recinto para que more el Minotauro, hijo de su esposa Pasifae con un toro blanco. La bestia devoradora de hombres era alimentada con jóvenes mancebos atenienses, quienes eran sacrificados para pagar el tributo que exigía el poderoso monarca a Atenas. Durante años el ser con cabeza de toro y cuerpo de hombre repetía la misma dieta humana hasta que el intrépido Teseo le dio muerte con una espada entregada por Ariadna, hija de Minos, cuya pasión por el héroe ateniense hizo que desobedeciera los mandatos de su padre. Además de la espada, Ariadna también le da un ovillo de lana que al fijarlo desde la entrada del laberinto, le permitiría a su amado hallar la salida enrollándolo nuevamente.

Esta resumida historia del laberinto minoico tuvo un final glorioso para Teseo, ya que tras su exitosa huida de Creta se convirtió en rey de Atenas y en un personaje mítico. Minos, en cambio, fue a parar al infierno como juez. Así lo registra la mitología griega, la Eneida de Virgilio y la Divina Comedia de Dante.

Al realizar esta breve introducción pretendemos vincular la delicada situación en Irak con esta leyenda helena, dado que recurrir al mito ayuda a comprender la naturaleza de nuestros problemas y las dificultades de nuestras coyunturas. El mito puede ser ilustrador en el presente como lo fue en el pasado. Los griegos solían aprender de sí mismos a través de ellos, además de tomar nota de alguna lección moral. Al tratar temas eminentemente humanos, los antiguos pobladores no sólo eran testigos de la intrincada naturaleza de las pasiones humanas, sino que además se introducían en la comprensión de otras materias tan importantes como la política o la historia de su tiempo. Claro que del mito no puede esperarse una explicación cabal y racional de los fenómenos sociales pero auxilia, como hemos mencionado, a entender mejor nuestras interacciones por medio de elucubradas tragedias y ejemplos. Recordemos que Freud se valió de leyendas como la de Edipo y Eros, entre muchas otras, para explicar sus teorías. Siguiendo al padre del Psicoanálisis, intentaremos similar recurso al momento de presentar nuestras conjeturas.


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Errar es humano, pero perseverar en el error es diabólico” dijo Agustín de Hipona siguiendo lo dicho por Cicerón (Errare humanum est) en sus “Filípicas”. Esta contundente frase la traemos a colación para reseñar la falta de una estrategia en Irak por parte de la Administración republicana. Por más que uno le dé la vuelta al asunto y porfíe por encontrarle solución a una problemática tan complicada (como la desatada por la invasión norteamericana en medio oriente), a lo que se arriba es a una situación sin salida, o mejor dicho, a un laberinto como el minoico. Y esta vez ni el socorro ni la mano de sus aliados podría ayudar. Teseo al menos contó con el auxilio de Ariadna para evitar una muerte segura ¿Pero quién rescata a EE.UU. de este Minotauro encerrado en un laberinto llamado Irak?

Un grave error de juicio cometieron los estrategos estadounidenses (los halcones) al pensar que una vez ocupado el país la resistencia sería dócil o manejable, en vista de que los choques más importantes ya se habían producido frente al Ejército Iraquí: una fuerza diezmada por doce años de sanciones económicas que afectaron las finanzas de la nación árabe y carente de moderno armamento militar, sin dejar de lado la escasa moral de las huestes de Sadam a raíz de la estrepitosa derrota sufrida en la Primera Guerra del Golfo (1991) y el sentimiento pesimista emanado de tener que volver a luchar con un rival abismalmente superior.

La resistencia iraquí, compuesta principalmente por ex miembros del desaparecido Ejército Iraquí, elementos armados del partido Baas (al que pertenecìa Sadam), seguidores de los clérigos chiítas como Muqtada al Sadr y agentes extremistas de Al Qaeda se replegaron y dejaron que los marines libren pequeñas y medianas batallas contra las guerrillas. Al resultarles cómoda la entrada y casi no encontrar oposición, los generales y políticos occidentales incurrieron en un segundo error al aceptar la “invitación” que les ofrecía la milicia para encontrar luego el pandemonium. Si cabe hacer una comentario, dicha "invitación" puede asemejarse al Caballo de Troya ofrecido por los griegos a los troyanos con el fin de "cesar" las hostilidades.

La escasa preparación para afrontar la post guerra por parte de Washington contrasta enormemente con la sorprendente organización de la resistencia islámica, la cual no debería llamarnos la atención aun cuando inicialmente desconfiáramos de su capacidad para arruinar los planes “democratizadores” y “libertarios” de la Casa Blanca. No debería sorprendernos puesto que Al Qaeda consideró como algo inminente las ocupaciones de Afganistán e Irak, toda vez que EE.UU. había encontrado en el 11-S el motivo determinante para llevarlas a cabo, de ahí la obstinación recalcitrante de Bush, Powell, Rice y compañía para señalar que Irak poseía armas de destrucción masiva y que mantenía estrechos vínculos con Bin Laden.

Para nadie medianamente informado fue un secreto que los halcones norteamericanos tenían intenciones de dominar Irakal menos desde la Primera Guerra del Golfo--con el fin de controlar su petróleo (para asegurar su suministro y tener una herramienta que regule el crecimiento chino) y que sirva como modelo para establecer regímenes laicos que frenen efectivamente las ambiciones fundamentalistas y vayan promoviendo reformas económicas que satisfagan al mercado.

Irak se suponía que iba a ser el primer experimento que contagie a toda una región las virtudes y valores democráticos occidentales como la igualdad entre hombres y mujeres, etc. Tópicos que encandilan la mirada de organizaciones y activistas de derechos humanos, pero no a costa de confundir objetivos militares con civiles ni bombardear indiscriminadamente áreas urbanas.

Sabiendo entonces que la respuesta estadounidense no se iba a hacer esperar, Al Qaeda se adelantó un paso más e infiltró en Irak combatientes y simpatizantes radicales que no iban a desaprovechar la oportunidad de asestarle un duro golpe al orgullo norteamericano una vez que pise la tierra del Islam.

El 11-S representó pues la justificación histórica y moral de EE.UU. para poder incursionar en el mundo árabe. Justificación histórica en el sentido de que el atentado le permitía aparecer como victima en los registros de su historia, es decir, como la nación ofendida que tuvo que defenderse de la amenaza de los extremistas islámicos que “pretenden acabar con la libertad e imponer sus valores radicales”.EE.UU. no conoce otra forma de intervenir militarmente fuera de sus fronteras--para velar por sus intereses geopolíticos--que victimizàndose.

Esta hipótesis no sólo es verificable para el caso de Irak, sino para casi todas las demás presencias norteamericanas en conflictos armados. Una prueba de aquello resulta su participación en la Guerra Cubano-Española de fines del siglo XIX (1898) en la que EE.UU. incursionó fingiendo un ataque a una de sus embarcaciones (el navío Maine anclado en costas cubanas), cuyo hundimiento se debió a una explosión interna y no a un bombardeo español como se afirmó inicialmente. También es famoso el incidente que condujo a Washington a la Guerra de Vietnam (1964—1973), el cual revistió la misma falsedad del anterior pues el ataque en el golfo de Tonkin a la VII Flota estadounidense jamás se produjo.

El mismo velo de sospecha podría recorrer lo sucedido el 11-S ya que no creemos que el sistema de inteligencia más grande del mundo haya ignorado un ataque semejante. Sabemos por medios creíbles como la cadena Deutsche Welle alemana (DW) que hubo advertencias sobre el 11-S, que fueron extrañamente desatendidas por altos funcionarios del Pentágono. No sería nada raro suponer que se toleró ese atentado (y muchos otros en el pasado), bajo una visión utilitarista, para justificar las intervenciones ya descritas.

En cuanto a la justificación moral que mencionamos líneas arriba, ésta no debe ser entendida como una excusa para sentirse éticamente autorizado o legitimado ante los demás, es decir, externa, dada la oposición de la comunidad internacional; sino más bien interna, esto es, para sí mismos. Lo que queremos evidenciar es que EE.UU. tenía que expiarse (por dentro) dado que su moral puritana no le permitiría convivir con los verdaderos motivos de una decisión ajena a sus valores. Entonces, para mantener tranquila su conciencia idearon un plan en el que la nación americana debía pensar que es la victima, aun cuando sus líderes hayan colaborado y promovido dicha victimización con su "negligencia" calculadora.

Según Emilio Gentile, estudioso de este fenómeno en su obra “La democracia de Dios” señala que “no hay que olvidar el enorme peso de la tradición religiosa sobre la vida política norteamericana en una trayectoria ascendente que culmina con el actual presidente”. Para este autor “Bush es un semianalfabeto teológico, no distingue entre la Iglesia episcopalania de la metodista, pero comparte el fundamentalismo de ambas”. “Sólo intuye que la fe en Cristo es superior a toda filosofía. Una fe compartida por millones de americanos evangélicos que consiste en ver a Jesús como el agente de la redención y el guía en la lucha contra el mal, que ha de ser puesta en práctica por la gran nación americana, tanto en su política interna como la exterior.”

Bush es un cristiano convencido de la infabilidad de la palabra de Dios revelada en la Biblia” resume Gentile. De los fundamentalistas sólo lo separa cierto aliento ecuménico, aplicable también por cierto en sentido positivo al Islam. La democracia norteamericana cree ser la encarnación política del designio divino y ha de aceptar cualquier desafío para conseguir la victoria del bien, de su bien. Una vez más la sacralización cierra el paso a una consideración racional de la política y los errores de Dios (la interpretación acrítica de los textos sagrados) dominan la escena en una construcción que puede ser calificada con rigor como teología de la guerra.


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Esto de la victimización para justificar acciones armadas o políticas no es nuevo ni exclusivo de la geopolítica norteamericana ya que también la emplean los extremistas musulmanes para achacar a occidente de todos sus males y promover así la violencia contra éste.

Al Qaeda, por su parte, fue también tan o más maquiavélica que los estrategos norteamericanos al anticipar que la invasión de éstos se produciría. De ahí que derrocar a Sadam Hussein haya sido un tremendo error, toda vez que no representaba una verdadera amenaza para Estados Unidos y sus aliados (Israel), pues como dijimos en párrafos precedentes, su capacidad militar estaba deteriorada por años de duras sanciones. Sadam mal que bien había cumplido un rol muy importante en el equilibrio de la región: impedir que el fundamentalismo chiíta iraní se haya expandido en medio oriente.

Ahora, el verdadero peligro consiste en que este Irak incontrolable dé un giro de 180º y se convierta en un anexo o apéndice iraní. Nada es descartable a esta altura dado que el mayor grupo étnico, los chiíes, podrían hacerse del poder real una vez que la presencia americana disminuya gradualmente. El cambio ya no sería hacia una república democrática sino hacia una teocracia islámica radical.

Otro hecho que sorprende es que el Pentágono haya enviado tan pocos efectivos a Irak si los comparamos con el tamaño de la población a controlar. Según unos estimados, en la Guerra de Vietnam la proporción entre soldados y habitantes era de 76 a 1; en cambio, en la pos guerra iraquí, estas cantidades ascienden a 150 iraquíes por cada marine desplegado. Tal vez a favor de la actual intervención se pueda aducir que la tecnología y los recursos logísticos son mayores y que el terreno no dificulta tanto las operaciones como los espesos bosques vietnameses. Podría darse cierta validez a estos argumentos pero lo que no cambia (en ambos casos) es el nivel de violencia desatada y el rechazo manifiesto hacia la ocupación.


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Con la elección congresal en la nuca este 7 de noviembre próximo, muchos ya dan por descontada una victoria del Partido Demócrata dado que el eje central de esta campaña es la guerra en Irak.

Ni si quiera el Grupo de Estudios sobre Irak, liderado por el ex secretario de Estado, James Baker, ha servido para disminuir la atención del electorado estadounidense sobre el conflicto. Salidas no hay muchas, y todas ellas implican admitir a la largo el fracaso de la política de la Casa Blanca para estabilizar el país. Una retirada progresiva sería vista como una derrota y animaría un posible golpe de estado contra el régimen pro norteamericano. Tentar la intervención de otros actores como Irán y Siria para detener la violencia miliciana echaría por la borda el discurso republicano que los califica como aliados y promotores del terrorismo internacional. Dejarlos entrar sería aprovechado por la propaganda iraní para mostrar a un EE.UU. débil e incapaz de resolver los problemas de medio oriente, es decir, provocaría que su participación en la región se encuentre aún más descalificada de lo que ya ésta.

Según el editorial del diario “El País” de España, “lejos queda la idea de un Irak democrático que irradiara a toda la región. Para la Administración Bush se trata, a lo sumo, de lograr una situación en la que el país se pueda gobernar y defender por sí mismo. Pero incluso este objetivo limitado parece hoy por hoy inalcanzable”.

Estas posibilidades se discuten mientras día a día aumenta la cifra de bajas estadounidenses en octubre (78 hasta ahora) y la ciudad de Amara fue escenario de la lucha entre dos bandos milicianos que se disputaban la ciudad, demostrando así la imposibilidad del primer ministro iraquí de hacerle frente al descontrol. Más credibilidad tienen las propias milicias como la Mahdi del clérigo chií Muqtada al Sadr "porque al menos ofrece seguridad y sale a responder los ataques de las brigadas suníes", según lo reporta el New York Times al corroborar esto entre chiítas iraquíes afectados por la violencia sectaria.

Algunos analistas han considerado que no sería impensable una eventual escisión de Irak, lo que desestabilizaría toda la zona. Pero no creemos que esto se produzca sin que antes intervenga Turquía, aliado de EE.UU. y miembro de la OTAN, quien en todo momento se ha opuesto a un Estado Kurdo en el norte. En el pasado los turcos se caracterizaron por reprimir brutalmente a este pueblo, empujándolos en muchos casos al exilio. Los suníes también serían radicales opositores a la separación, toda vez que las zonas que ocupan carecen de riquezas petroleras, lo cual no sólo afectaría su desarrollo económico sino su viabilidad como Estado; poniéndolos a merced de sus rivales chiítas, quienes se apoderarían del control de los pozos al igual que los kurdos de la parte septentrional.

Una opción más sensata sería la propuesta por el ex candidato presidencial demócrata John Kerry. No plantea irse ya de Irak. Pero habla de un repliegue escalonado, a culminar en el verano de 2007 con la sustitución de las tropas norteamericanas por las de países árabes y musulmanes prooccidentales. Tal posibilidad reduciría o suprimiría gran parte de los ataques contra objetivos occidentales y bajaría un poco la tensión (al mantener una presencia mínima y un bajo perfil en el territorio) pero no solucionaría el problema de la violencia sectaria ya que los bandos milicianos suníes y chiítas planean—como está visto--llevar sus diferencias más allá de la ocupación.

La decisión de dejar a las fuerzas iraquíes a cargo de parte de la seguridad del país no fue con la intención de darle mayor autonomía al Gobierno de Al Maliki sino con el fin de evitar que las tropas norteamericanas se expongan cada vez más a los incontenibles ataques de las guerrillas. Las fuerzas de seguridad iraquíes sólo son carne de cañón de los estadounidenses, quienes las utilizan casi siempre como primera línea de su ofensiva cuando atacan un blanco o realizan operativos en ciudades abiertamente hostiles.


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Lo que queda claro después de reflexionar un poco sobre la situación iraquí y echar mano de la mitología griega es que Bush de ninguna manera es Teseo, pero Irak sí es un laberinto.

Iran’s President : “Israel Must Be Destroyed or Delenda est Israel”

20.10.06

A Catón, llamado el Antiguo o el Censor (234—149 a.C) se le atribuye la frase “Delenda est Carthago” (Cartago debe ser destruida) con la cual propugnó la destrucción de la república africana, nación que disputaba comercial y milatarmente con Roma la hegemonía sobre el Mediterráneo.

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La Eneida, obra del gran poeta latino Virgilio se repite, y esta vez no son Dido (reina de Cartago) ni Eneas (héroe troyano) sus protagonistas; sino Irán e Israel, dos naciones que al interpretar dichos roles podrían llevar al mundo a una conflagración regional.

La comparación entre los personajes literarios con los reales (el primer ministro israelí y el presidente iraní) tiene lugar ya que tanto el pueblo cartaginés como el romano (a través de Eneas) estuvieron muy vinculados en sus orígenes. Al extremo que sin la asistencia recíproca entre ambos, ninguno de los dos hubiera perdurado. Dido acoge a Eneas tras su huida de Troya y Eneas ayuda a la reina a preservar sus dominios. Naciendo entre ellos una infructuosa pasión que llevará a sus descendientes al odio y la destrucción.

La similitud entre los pueblos anteriormente citados pasa por el Antiguo Testamento, concretamente cuando a partir del patriarca Abraham germinan las naciones árabe y judía. A pesar del origen común, el posterior distanciamiento provocó que las diferencias fueran acentuándose y que su actual coincidencia en un mismo espacio geográfico sea conflictiva.

La historia se repite pues ambas naciones están hermanadas según sus respectivos textos sagrados: el Corán y la Biblia. La mitología y la religión parecen confirmar desde Caín y Abel que cuanto más profundos son los lazos entre los hombres, más próximos están a enemistarse. Es como si estuvieran predestinados a aborrecerse y agotarse el uno al otro en luchas sangrientas e interminables.

El reciente episodio que revive este odio se suma a una larga lista de animadversiones, malentendidos y altercados. Es como el “eterno retorno de lo idéntico” como dijo Nietzsche en “Así hablaba Zaratustra”. En clara alusión a que todo tiende a reeditarse en el universo y el ser humano no es la excepción.

Mahmoud Ahmadinejad y Ehud Olmert tampoco son ajenos a este principio filosófico, en virtud del cual los odios vuelven a erigirse por encima de la razón y la cordura.

Freud, padre del psicoanálisis, señaló que el sentimiento tanático alude a la pulsión destructiva y aniquiladora en el hombre. En la actualidad no imaginamos que podría pasar si Tanatos llega a liberarse de sus constricciones culturales. Seguramente acudiríamos al fin de la civilización y la cultura como la conocemos. En un escenario nuclear en el que las cadenas de este sentimiento se rompan, la capacidad de destrucción mutua está más que asegurada.

Esperemos que las expresiones del mandatario iraní, bajo las cuales amenazó "a todo país que respalde al estado judío" y advirtió que "esa nación (Israel) pronto desaparecerá", no sean en un futuro proféticas. Dichas manifestaciones coincidieron en el marco de las celebraciones del "Día de Al-Quds”, el nombre árabe para Jerusalén. En esa fecha los iraníes conmemoran la ilegítima toma de la ciudad por parte de los judíos europeos. Caber recordar que Jerusalén es sagrada para las tres religiones del libro: la judía, cristiana e islámica, en cuyo último caso la santidad de ésta se debe a que el profeta Mahoma ascendió al cielo desde el lugar donde se erige ahora la Mezquita de la Cúpula de la Roca, bajo los cimientos del Templo de Salomón.

Tal festividad fue instituida en vida por el Ayatolá Jomeini en la que se recuerda este hecho como una ofensa a la fe islámica y sirve, en este caso, para que los líderes de la revolución chiíta pronuncien inflamados discursos contra Israel y su aliado norteamericano.

En esta oportunidad, durante la celebración se renovaron las amenazas hacia occidente y conminó a Europa a romper relaciones con Israel. Estas declaraciones pasarían desapercibidas si no fuera porque Irán está desarrollando un programa nuclear que resulta peligroso para la estabilidad de la región; aunque tal vez a partir de éste pueda establecerse un verdadero equilibrio geopolítico dado que Israel sí posee dicha tecnología, y no precisamente con fines pacíficos.

El problema aquí es la posición asumida por régimen iraní, ya que dadas sus aspiraciones nucleares, abre una enorme interrogante en torno a las acciones que tomaría de dotarse con tales armas, es decir, no sabemos cuál sería su nueva actitud una vez que consiga hacerse con dicha capacidad disuasiva.

Para Irán, el fin último del armamento nuclear no debe ser “borrar del mapa a Israel”, como lo anunció en reiteradas ocasiones su presidente y el propio Ayatolá, ya que con ello sólo garantizaría una cosa: su aniquilación. Entonces, la causa fundamental para tal empresa sólo puede ser una: evitar una futura invasión estadounidense. Con los antecedentes de Irak y Afganistán, Irán tiene motivos de sobra para justificar internacionalmente sus programas nucleares. Además, con la adquisición de estas armas se cristaliza un viejo anhelo de Jomeini: fortalecer el desarrollo de su revolución, cuya meta principal era irradiarla hacia países donde la presencia chiíta fuera significativa.

Dichas armas también proporcionarían un mayor peso regional y convertirían a Irán en una nación con serias posibilidades de acceder a un lugar permanente el Consejo de Seguridad de la ONU. A pesar de las diatribas lanzadas en contra de dicho Consejo, tildándolo de “ilegítimo” ahora que se avecinan sanciones para su país (por llevar a cabo su programa nuclear al margen del Tratado de No Proliferación Nuclear), para Ahmadinejad representaría un hito importante sentar a un emisario suyo a la par de los de las grandes potencias. Tal vez esa sea una de sus mayores ambiciones de cara al futuro. Algo inédito para una nación árabe. Con el tiempo creemos que sea factible un escenario donde los árabes se encuentren representados de manera indefinida, al igual que la India, Australia y algunos países más. En el futuro, el sitial que podría corresponderle al mundo musulmán sería disputado por Pakistán e Irán, toda vez que el primero ya cuenta con armas de destrucción masiva y el segundo está realizando denodados esfuerzos por conseguirlas.

War in Iraq: ¿Smells Like Tet Experience?

19.10.06

Por primera vez desde que comenzó la guerra en Irak, el presidente Bush ha admitido que la situación actual en ese país podría ser similar a la de Vietnam en 1968, tras la ofensiva de Tet, que los historiadores consideran un punto de inflexión hacia la retirada norteamericana del país asiático.

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En una entrevista concedida a la cadena televisiva ABC, el presidente norteamericano consideró que la situación que sus tropas están enfrentando en el convulsionado país ha alcanzado un nivel de violencia inusitado y que los insurgentes han convertido su ofensiva en una muy semejante a la padecida por los soldados estadounidenses en Vietnam. Estos comentarios los hizo a raíz de las afirmaciones del periodista de opinión del New York Times, Tom Friedman, quien deslizó la posibilidad de que en estos momentos álgidos de la guerra en Irak se estén viviendo hechos ya experimentados en la desastrosa guerra contra el Vietcong. Hechos que a consideración del columnista podrían provocar la retirada de EE.UU. al tornarse la situación incontrolable. A lo que Bush respondió: “No va a haber una retirada total de tropas”. A partir de estas expresiones podemos concluir que el mandatario occidental está meditando, al menos, un repliegue parcial de su ejército.

Con el número de bajas norteamericanas in crescendo (en lo que va de este mes han muerto 67). La estrategia de la Casa Blanca parece enfocarse en distender la atención sobre Irak, que según encuestas de opinión se ha convertido en un tema central en estas elecciones. Solamente un 34% de los más de mil consultados señaló el pasado fin de semana que respalda el conflicto, frente a un 64% que se opone, según el sondeo realizado por la empresa Opinion Research Corporation.

Tal estrategia ya está en marcha desde el miércoles pues el Departamento de Seguridad Interna (Homeland Security) lanzó la advertencia de que los estadios de fútbol americano podrían ser potenciales objetivos de los radicales islámicos. Aunque la amenaza no ha sido corroborada, Seguridad Interna ha alertado a los medios que en eventuales atentados a los cosos deportivos se utilizarían “bombas sucias”, es decir, material radioactivo liberado a través de una explosión menor (no nuclear) a campo abierto. El FBI, en cambio, ha minimizado esta amenaza por carecer de bases sólidas.

Tales versiones nos dejan con el sabor de que algo se está cocinando en el Partido Republicano con el fin de mantener la mayoría congresal en el Capitolio. Ahora que la guerra ocupa la atención principal del electorado estadounidense, es menester manipularlo con presuntos atentados y que mejor que alterar la rutina sabatina o dominical de los norteamericanos con esta “advertencia”. Si fuera cierto aquello, es decir, la detonación de una “bomba sucia”, el Departamento de Seguridad Interna no dejaría la protección de los recintos deportivos a la NFL (Nacional Football League). De ser veraces esas intimidaciones tomaría inmediatamente cartas en el asunto porque los guardias locales o privados no están en capacidad de hacerle frente a los integristas musulmanes, quienes planifican sus atentados con la debida meticulosidad y cuidado.

Una “amenaza” de este tipo sólo busca, en palabras de José M. Calvo, columnista del diario El País de España, que “el votante disculpe Irak en nombre de la seguridad y la lucha contra el terrorismo”. Y que mejor que revivir viejos temores y amenazas aun cuando no fueran ciertas. Total, todo vale en esta ceñida y ultrajada campaña electoral.

Un hecho adicional que no podemos dejar pasar—porque nada es casual en política--es que algunas encuestas han venido constatando el profundo malestar de la clase media estadounidense hacia la Admistraciòn republicana, el cual está vinculado a la pérdida de bienestar, la imposibilidad de alcanzar el sueño americano y que el gobierno se inclina a defender los intereses de las grandes corporaciones en vez de reparar en las preocupaciones de este estrato. No es casual entonces que este nuevo “desafió” a la seguridad nacional en los estadios, a los que concurre particularmente la clase media, estè dirigido a orientar la atención de dicha clase hacia el peligro que aùn representa el terrorismo islámico (en suelo americano). En otras palabras, que al concentrar su mirada en el terrorismo evita que piense en el calamitoso Irak, donde la poderosa fuerza militar estadounidense convive día tras día con la impotencia y la derrota.

En cuanto a las comparaciones de la actualidad iraquí con la ofensiva del Tet, debemos señalar que aún no se ha visto algo parecido a lo sucedido en Vietnam hace casi 40 años atrás. Los escenarios son diferentes aunque no el grado de animadversión que enfrentan los norteamericanos. No vemos cómo la resistencia pueda movilizar 84,000 guerrilleros como lo hizo el ejército norvietnamita. La semejanza sin duda debe ir por el lado del recrudecimiento de las hostilidades que están desangrando poco a poco al país. Pero ni siquiera eso emparenta la situación con la de Vietnam ya que dicho país no tuvo una violencia sectaria ni estuvo compuesto por grupos étnicos tan disímiles. Los vietnamitas del sur estaban sometidos a un régimen pro occidental pero corrupto; los del norte a uno comunista. En lo que coincidían era que deseaban un Vietnam soberano, libre de toda intromisión como se lo hicieron saber en carne propia a los franceses al conseguir su independencia el 7 de mayo de 1954, tras la batalla de Dien Bien Phu.

La ofensiva aludida próspero porque el general Westmoreland, Jefe del Ejército Norteamericano destacado en Vietnam, ignoró los reportes de inteligencia que señalaban que se avecinaba un gran asalto comunista en fechas cercanas al año nuevo. Su ceguera fue compensada por el contraataque estadounidense que redujo a cenizas las posiciones ocupadas por el Vietcong en Saigón, ciudad donde se produjeron los mayores enfrenamientos urbanos. A pesar de la victoria occidental que permitió recuperar plazas perdidas, los norteamericanos interpretaron ese ataque como una derrota porque los medios transmitían en vivo la crudeza del combate y el fuego al que eran sometidos sus soldados. Con la difusión de las imágenes se diluyó la contención mediática que la Administración de Lyndon B. Johnson venía realizando sobre la guerra de Vietnam hasta ese entonces. Triunfo pírrico pues al poco tiempo el republicano Richard Nixon se hizo con la presidencia y significó librar otra dura batalla en casa, donde las protestas, marchas y manifestaciones se sucedían una tras otra para perturbar la tranquilidad del paranoico ocupante del Salón Oval.

Venezuela vs. Guatemala: The Hunt For The Council Seat In October

17.10.06

Como era de esperarse, una dura batalla se viene librando en el seno de la ONU tanto por parte de Venezuela como de Guatemala, esta última apoyada por EE.UU. para anular las pretensiones de Chávez de hacerse con una platea en el Consejo de Seguridad.

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Si no nos equivocamos, a esta altura deben haberse realizado unas 15 ó 16 rondas con la finalidad de elegir al nuevo representante del Caribe y Sudamérica (en el Consejo de Seguridad) en reemplazo de Argentina, que dejará vacante a apartir del 31 de diciembre el sitio rotatorio que le corresponde a esta región.

La disputa por un sitial en el Consejo no sería tan llamativa si es que Venezuela no pretendiera acceder a esa instancia deliberativa por los siguientes dos años. El interés de Caracas en el poderoso órgano se debe a que congrega a las potencias económicas y nucleares ganadoras de la Segunda Guerra Mundial más China. Después de la Asamblea General de Naciones Unidas, el Consejo de Seguridad es el organismo más importante dado que a través de sus resoluciones pueden imponerse sanciones económicas e incluso autorizar el uso de la fuerza cuando un país se convierte en una amenaza para la paz.

De llegar Venezuela al Consejo representará un serio revés para la diplomacia norteamericana, aunque desde ya lo es puesto que la mayor potencia del orbe no es capaz de desbaratar las aspiraciones internacionales de un país del Tercer Mundo. Representa un revés porque antaño Estados Unidos sólo competía directa o indirectamente con la Unión Soviética para determinar la conformación del Consejo y ahora tiene que transpirar y pasar más de un apuro para derrotar a una nación en vías de desarrollo. Lo cual evidencia un sensible deterioro del poder de persuasión del Departamento de Estado.

A la nación sudamericana la respalda el MERCOSUR, integrado por Brasil, Argentina, Paraguay y Uruguay además de Bolivia, así como de China, Rusia, algunos países del Caribe y de la Liga Árabe. Colombia, México y los países de Centroamérica apoyaban a Guatemala, alegando razones geográficas y de vecindad.

Conseguir esta plaza para Hugo Chávez significa llevar el nivel de discrepancias a una instancia vital para los intereses norteamericanos, toda vez que penden resoluciones sobre Irán, país que ha manifestado su deseo de dotarse de tecnología nuclear. Cabe recordar que hace poco Mahmud Ahmadineyad, presidente de la nación iraní, visitó Venezuela y lo propio hizo Chávez meses atrás para establecer una alianza contra el imperialismo estadounidense y desarrollar inversiones conjuntas en el sector petrolero.

Probablemente EE.UU. gane esta puja pero saldrá magullado en el intento. Se espera que la lucha sea todavía más ardua pues ninguno de los postulantes planea desistir. Todo hace suponer que un futuro desenlace no será inmediato ya que se necesitan dos tercios de los 192 miembros de la Asamblea para resultar elegido (unos 128 votos). Si ninguno de los aspirantes logra esa mayoría, el voto vuelve a repetirse. En 1979 fueron necesarias 154 rondas, cuando Cuba y Colombia se disputaban un asiento, que tras tres meses de batalla recayó en México.

Un eventual triunfo venezolano sería visto como una humillante derrota para la Casa Blanca y pondría en peligro gran parte de su ofensiva mediática que requiere de un Consejo permeable a sus estrategias políticas. Con Venezuela suelta en el ruedo, algo que Estados Unidos desea evitar a toda costa, la diplomacia norteamericana, que hasta ahora dejó sin posibilidad de replica a la labia chavista, se hallaría cara a cara con un rival que trató de eludir en todo momento. Un encuentro a esta altura sería contraproducente para Bush, a quien justamente le restan dos años de mandato, el mismo período que se confiere para el ganador de este disputado sillón.

Bush tiene un complicado panorama de aquí a noviembre pues su partido también podría perder las elecciones en el Capitolio a manos de los Demócratas. Así, a una casi segura derrota en el frente interno podría sumarse una debacle en el externo si Venezuela logra una posición en el referido Consejo.

Behind The Islamic Veil / Jack Straw: The Man Behind The Iron Mask

En días pasados el ex ministro británico de Exteriores Jack Straw sugirió a las mujeres musulmanas que renunciaran al uso del velo para facilitar las relaciones entre ambas comunidades, despertando una serie polémicas y contradicciones en el país donde nació el liberalismo y la tolerancia religiosa.

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El ojo es el órgano con el que he comprendido el mundo” dijo
Goethe, quien pidió “luz, más luz” a la hora de morir. Tal vez esa demanda de claridad del todista alemán esté inspirando a ciertos sectores en el Reino Unido para “solicitar” el descubrimiento del rostro de sus ciudadanas islámicas. Decimos tal vez porque no estamos seguros de la intención que disimula aquel pedido, que bien puede llegar a entenderse como una exigencia, sobre todo ahora que proliferan los entredichos con el mundo musulmàn. Este hecho nos llama poderosamente la atención ya que detrás de él puede contrabandearse nuestro miedo.


Ciertamente, cubrirse total o parcialmente la cara no ayuda a la interacción entre las personas porque la comunicación no verbal representa un significativo porcentaje de lo que expresamos. Y sí, puede ser un problema para los que entablen conversaciones con musulmanas sea informal o laboralmente, inclusive para las autoridades que requieran verificar la identidad de las personas ahora que se ha otorgado un excesivo valor a la seguridad en desmedro de las libertades civiles y democráticas. Piénsese en lo difícil que podría ser para un jurado calificar las expresiones de un testigo o acusado que se cubre el rostro. En dicha circunstancia tal vez piense que esté ocultando algo o no deje traslucir intencionadamente la verdad. Sin lugar a dudas, en esos casos extremos--y comunes por cierto--resulta exigible que cualquiera nos enseñe su rostro para que la autoridad policial o judicial pueda cumplir con su deber.

Pero el asunto es más complejo que los requerimientos estatales. Lo es porque lo que está en juego es la convivencia en una sociedad "democràtica" que aún no sabe afrontar los retos del multiculturalismo.

Usar el velo (niqab) para una musulmana no sólo representa la expresión de su libertad en una sociedad que se dice transigente sino de también su identidad. Llevar el velo en un país donde se han extremado los controles y se ha perforado la tolerancia supone un ejercicio de fortaleza más que de libertad porque, a pesar de las enormes dificultades y animadversiones hacia la minoría islámica: las musulmanas han defendido su fe aun cuando esta actitud podría generales mayores malestares e incomprensiones. Lo fácil para ellas hubiera sido abandonar el hiyab para evitar malentendidos y complacer a los conservadores. Pero no, éstas no han optado por una solución sencilla sino por una más afirmante y reivindicativa.

Lo que debe preocuparnos no son las mujeres islámicas que progresan tranquilamente en occidente sino las que viven en oriente como lo señala el experto en el Islam Tariq Ramadan, profesor de la Universidad de Oxford, “los verdaderos problemas en los que están inmersas las mujeres en la mayoría de sociedades musulmanas son el analfabetismo, la violencia de género y los matrimonios forzados”. Hacia eso debería apuntar nuestra crítica, en especial hacia petronaciones como Arabia Saudita o Kuwait donde los cuestionamientos occidentales no se hacen sentir y revisten, en la mayoría de casos, actitudes más que complacientes.

En Francia, hace un par de años se intentó algo parecido con la burqa, lo que llevó a protestas y movilizaciones, además de amagos de atentados. Claro que en el caso galo la exigencia provenía de sectores oficiales y no de un ex representante. Francia mal que bien comprendió que la solución no consiste en asumir posiciones extremas sino dialogantes.

Occidente comete un error al creer que es el ùnico portador de verdades reveladas (como la democracia, la igualdad entre hombres y mujeres o el derecho a la vida) y que en base a ellas ampare su crítica hacia el Islam cuando lo cierto que ninguno de esos valores fundamentales fue producto de una sola cultura sino de la acumulación humana. El asunto aquí es que el mundo occidental está probando los límites de su tolerancia, la cual nunca antes había sido desafiada de esta forma hasta el reciente fenómeno de la inmigraciòn musulmana. De modo que recién ahora Europa está explorarando en sus propias entrañas si verdaderamente es tan abierta y aconfesional como pregona.

Lo que estamos observando en estos momentos es un redescubrimiento de la tolerancia adormecida tras largas décadas. Tras largas décadas porque desde el holocausto judío el viejo continente no convive con un grupo marcadamente identificable por su filiación religiosa. Lo que los defensores a ultranza de occidente deben saber es que un derecho (como la libertad de conciencia) no se define a través de su prèdica, sino mediante de su ejercicio.

Desasnando a Aznar (Educating Aznar)

Hace pocos días arribó a Lima el ex presidente del Gobierno Español José Maria Aznar para participar en una conferencia en la Universidad de Ciencias Aplicadas (UPC), donde ofreció un discurso que lo pinta como uno de los interlocutores más representativos del trasnochado liberalismo occidental.

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Muchos todavía recordamos las imágenes de la “triada del diablo”, expresión usada para denominar en la América colonial a la terna compuesta por el corregidor, el curaca y el cura, autoridades virreinales que se ganaron ese apelativo por parte de los indios sudamericanos por sus prácticas represivas e indolentes. Dicha triada que aludimos hasta hace poco la conformaron internacionalmente Bush, Blair y Aznar cuando se reunieron cual Aquelarre en Canarias para ultimar los detalles de la invasión de Irak. Papel lamentable para Aznar, pero principalmente para España, pues significó la traición a una tradición europea de respeto por el derecho internacional, por lo menos desde el surgimiento de la Unión Europea. Ese día nefasto de marzo de 2003, Aznar sembró su tumba y la de su partido pues a la postre llevó al Partido Popular (PP) a la debacle a manos del PSOE.

La reciente visita del ex mandatario español no sólo nos hizo rememorar aquellos tristes acontecimientos, sino también despertar otros inusitados sentimientos de rechazo. Entre las muchas cosas que dijo el ex jefe de gobierno español durante su estadía se encuentran sus apreciaciones sobre lo “exitosa” que su gestión, el rol del estado y la guerra contra el terrorismo internacional.

A continuación, repasaremos las intervenciones más destacas ofrecidas a diferentes medios de comunicación, las que iremos desmenuzando y corrigiendo cuando sea pertinente.


Sobre su Gobierno dijo lo siguiente:

“(…) Cuando España entra en el año 1986 a la Comunidad Europea, se abre y tiene que transformarse pero eso no se traduce en empleo. La gran revolución que se produjo en España durante el gobierno que presidí entre 1996 y el 2004 es la revolución del empleo. Creo que la mejor política social es crear empleo. Durante 20 años, España experimentó un desarrollo grande, era un país más rico, pero no había creado trabajo. Había que cambiar las políticas y las políticas que practicamos fueron estabilidad presupuestaria, liberalizaciones, privatizaciones masivas, reducción de impuestos, apertura con los sectores de la competencia y apertura con el exterior.”


Y sobre la gestión que lo precedió (de Felipe González):


“(…) Es verdad que España era un país más rico pero no es verdad que España aprovecha todas sus oportunidades. La diferencia es que ocho años después, con una política distinta, la riqueza nacional creció en 64% pero principalmente, usted imagine, un 30% de la gente de un país encontró su trabajo durante esos años (de su gobierno)”.


Queda claro que al líder del PP lo embarga una arrogancia cuando refiere que fue su administración la que dio sentido a una serie ajustes que se venían dando desde la institucionalización del Pacto de la Moncloa de octubre de 1977. Es decir, que prácticamente aquella fue la responsable del despegue español. Es lamentable que este señor ignore que el gran crecimiento se debió al aporte monetario de la Comunidad Económica Europea (CEE), que en ese entonces exigía a cambio de su soporte y financiamiento una serie de reformas y el cumplimiento de metas progresivas para ingresar a la zona euro. Entonces, no sólo las reformas aplicas o profundizadas durante su período condujeron a España a disfrutar los beneficios de la modernidad si no, principalmente, a un lineamiento o libreto político previamente acordado entre todas las fuerzas representativas del país, bajo el auspicio de la UE.

El señor Aznar también desconoce que el posterior brío de la boyante economía peninsular se produjo por el empuje de la inmigración latina, europea y africana. Según un estudio de la Universidad Autónoma de Madrid, la inmigración es un motor esencial para la economía. Y no representa una carga para los presupuestos comunitarios de las regiones pues de cada euro invertido en los inmigrantes estos han devuelto un promedio de doce. Los extranjeros también se destacan por tener mayores tasas de ahorro que los españoles y por impulsar el boom en el sector de la construccion, bien sea porque demandan nuevas viviendas o porque su bajo coste como mano de obra abarata en algo el precio final de las mismas. Además, parte del aumento del consumo interno se explica porque los inmigrantes requieren más bienes y demandan más servicios. Así que no nos podemos contentar ni conformar con las apreciaciones que brinda pues como las de cualquier político con oficio, éstas siempre serán parcializadas e intentarán desacreditar lo hecho por su opositor.

Lo que entendemos luego de repasar sus declaraciones es que si él calificó su gestión como exitosa: ¿por qué no prosiguió su partido en el poder? Sin lugar a dudas la respuesta a esta interrogante se halla en los desaciertos cometidos no sólo al final de su mandato (por apoyar la incursión en Irak) sino a lo largo del mismo. Lo que nos debe quedar claro es que un factor exógeno como la inmigración masiva del tercer mundo fue responsable en parte de que en España existan más empleos, en otras palabras, que no dependía enteramente del señor Aznar ni de sus políticas económicas el gran crecimiento experimentado por su nación (superior a la media europea).

Tal vez en su favor se podría sostener que bajo su presidencia existieron reglas del juego claras, es decir, estables para la inversión, las que incentivaron la inmigración. Eso es cierto, no lo discutimos, pero hay que hacer notar que dichas reglas o recetas ya venían implementándose desde la transición y que básicamente a él lo favoreció un contexto internacional muy bueno pues no solamente España crecía sino todo el mundo, excepto África. Además, algunas empresas españolas (estatales, mixtas o privadas) ya habían comenzado--desde el régimen anterior--su ciclo expansivo alrededor del mundo aprovechando el fenómeno de la globalización.

No hay que olvidar tampoco que parte del incentivo que España ofrece a los inmigrantes latinos se debe al idioma pues les facilita una rápida adaptación a las costumbres, condiciones de vida y contratación del país. No saber el idioma del país receptor puede congelar por largo tiempo la remuneración del trabajador inmigrante pues su conocimiento es esencial para ascender en la escala salarial. De ahí que muchos sudamericanos encuentren a España muy atractiva al momento de optar entre posibles destinos laborales. Los vínculos que la metrópoli española estableció con sus respectivas colonias americanas representan otro aliciente adicional ya que brindan un mayor conocimiento cultural e histórico de España sobre otras naciones desarrolladas.

No somos tampoco necios como para desentendernos de que las reformas de libre mercado fueron herramientas útiles al momento de comprender el fenómeno del crecimiento español. Lo que cuestionamos es que un sólo partido o gobierno pretenda tomar todo el crédito.


En torno a la política fiscal mencionó:

“(…) España tenía un sistema fiscal desarrollado, incluso tenía impuestos demasiados altos. Nosotros llegamos a la conclusión que bajar los impuestos sería un incentivo importante para la economía. Redujimos el impuesto sobre la renta de las personas físicas a todos los contribuyentes. Redujimos el impuesto de las empresas, también de las pequeñas y medianas, eliminamos un impuesto de actividades económicas que se establecía solo por tener una empresa o comercio”.


Estas medidas de rebajas impositivas son famosas porque forman parte del programa y la agenda de cualquier presidente republicano norteamericano desde Ronald Reagan. Estas fueron implementadas por primera vez en el Reino Unido bajo el gobierno de Margaret Tatcher con el fin de impulsar la deprimida economía británica. Dan algún resultado, es cierto, sobre todo si se quiere hacer que los más pudientes gasten más y reactiven con su demanda los sectores productivos y de servicios. Lo negativo de éstas es que generan una menor capacidad de gasto del estado que afecta particularmente los programas asistenciales, esto es, educación y salud, principalmente. España no fue la excepción cuando aplicó la reducción de impuestos pues con la caída inicial de la recaudación se deterioró el estado de bienestar que Europa suele ofrecer a sus ciudadanos.


En cuanto al Pacto de la Moncloa sostuvo:

“(…) el Pacto de la Moncloa no fue para estimular el crecimiento, sino para que no se descarrile la transición política”.


Otra vez el líder del PP desvirtúa conceptos pues el Pacto en cuestión fue un acuerdo político sobre materias económicas ya que dedicó y dedica una generosa porción de su contenido al tratamiento de la política monetaria, precios libres, empleo, prepuesto equilibrado, reforma del sistema financiero y fiscal, etc. Es decir, una serie de temas o tópicos netamente económicos sobre los cuales las fuerzas políticas arribaron a consensos. En otras palabras, no sólo brindó los objetivos o las metas sino también cómo llegar a ellas. Es como una "hoja de ruta" que proporcionó, además de gobernabilidad, un derrotero a seguir mediante la instrumentalización de algunas políticas que permitían corregir los efectos de las sucesivas crisis españolas.


Cuando se refirió a la izquierda:


La izquierda como tal en el mundo dejó de existir cuando fue derribado el muro de Berlín. Lo que pasa es que existen nostálgicos, los populismos son una derivación de izquierda nostálgica y es muy peligroso. La gran batalla de la historia la ganamos los liberales (...)”.


Al parecer la derrota propinada por el PSOE (Partido Socialista Obrero Español) ha obnubilado tanto su juicio que no sabe que la izquierda se ha transformado y se ha hecho responsable en algunos países. Ni si quiera su cercanía con el primer ministro laborista Blair lo hizo percatarse de que la izquierda ha dado un giro no sólo en Europa sino también en América Latina, lo que en palabras de Anthony Giddens se denomina “tercera vía”, término acuñado por éste pensador para definir “el intento constante de llevar la izquierda hacia el centro, adaptándola a los cambios que vive el mundo. Cambios provocados por la globalización, y que están conduciendo a una economía más orientada hacia los servicios (...)”.

Lo que ha muerto salvo en los casos de Cuba y Norcorea señor Aznar es el marxismo, núcleo de las doctrinas políticas que se situaban entre el centro y la izquierda pero el marxismo desapareció señor Aznar a partir de 1989. Lo mismo puede decirse del keynesianismo, que era la versión liberal y democrática del marxismo. Se puede ser un conservador de izquierdas si se rechazan los cambios y se opta por mantener las antiguas creencias. Pero eso ya no funciona, y de ahí que haya que apostar por las innovaciones radicales.

¿La batalla fue ganada por los liberales? ¿Cuál batalla? Si la hubo usted la perdió hace un par de años electoral y políticamente hablando. Tal vez haya sacado esa conclusión de Francis Fukuyama cuando publicó “El Fin de la Historia” hace más de una década. Si hubo algún fin fue el de usted y su partido mientras no realice importantes enmiendas. Llama poderosamente la atención que el señor Aznar no se haya tomado la molestia de revisar lo que ha estado editando su autor de cabecera ya que éste ha dado un viraje de 180º. Señor Aznar, el mundo ha cambiado y usted no se ha dado cuenta, despierte, lea y no quede atrapado delirantemente en los noventa. Hasta el Quijote despertó para comprender en sus horas posteras la magnitud de su locura, apúrese, no pierda tiempo si aún desea conducir las riendas del PP en elecciones venideras. Y no siga echándole la culpa a ETA por su falta de olfato político al apoyar a Bush. Fue Al Qaeda, lo sabe todo el mundo; menos usted. Está comprobado que para ser una potencia influyente no bastan armas de destrucción masiva ni convecionales, sino credibilidad y respeto por los marcos legales, esto es, por el derecho internacional y los derechos humanos. No se democratiza con guerras ni a cañonazos pues así lo único que se democratiza es el odio y la muerte. Mucho daño se hace diciendo que la invasión de Irak le pareció justa porque Sadam Hussein significaba una amenaza para la paz mundial. No sostenga que gracias al derrocamiento del dictador iraquí se pudo determinar que Irán tenía planes nucleares pues esta nación islámica los hizo públicos en retiradas ocasiones y occidente sabe de ellos desde hace más de 20 años. No crea que somos tan ingenuos como usted.

Por otro lado, no puede usted afirmar que “Afganistán es mejor sin los talibanes y que Irak es mejor sin Sadam” pues ninguna de las dos cosas es cierta. Afganistán es mucho más violento y la cúpula de Al Qaeda no ha sido capturada. En Irak se libra prácticamente una guerra civil incontrolable, al extremo que el Jefe del Ejercito Británico ha cuestionado la presencia de las tropas anglosajonas en ese conflicto. Piensa, como muchos otros entendidos, que la permanencia occidental ha exacerbado las hostilidades entre las facciones y se han sobredimensionado las expectativas bajo las cuales se llevò la intervención.

El gobierno elegido por los iraquíes no es ejemplo de democratización sino de clientelismo. Esos líderes no son más que marionetas del Pentágono y no representan a nadie, sino fuera por la ocupación serían irremediablemente derrocados.

Sincérese, examine su consciencia y expulse todas las falsedades que alberga. Hágalo por la salud moral de usted mismo y de quienes le siguen a pesar de su lastimoso legado. En serio, vuelva a revisar sus ideas, aclare su pensamiento y verá como de pronto no es tan malo ni tan terrorífico decir la verdad de vez en cuando. Tal vez le pedimos mucho, tal vez sea demasiado para usted tan acostumbrado a viejos hábitos políticos. Dado su empecinamiento, pensamos que sólo si el electorado pierde la memoria usted podría tener otra oportunidad; aunque con el pueblo no se sabe. Nunca se sabe, ya que tiene una enorme debilidad por gente que le dice sólo lo que quiere escuchar, aun cuando eso no le convenga.








15.10.06

Sanctions On North Korea

14.10.06

Al parecer Estados Unidos ha detectado indicios de radioactividad en la zona de pruebas nucleares de Corea del Norte, lo cual allana el camino del Consejo de Seguridad para que establezca una resolución que imponga sanciones económicas y diplomáticas al país asiático como castigo por su ensayo nuclear.

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Como era de esperarse, se confirmó oficialmente rastros de material radioactivo cerca del área de ensayos nucleares norcoreana. Con este hallazgo EE.UU. y Japón han dado con la prueba que necesitaban para sustentar sus acusaciones sobre la conflictiva nación asiática. Sin la evidencia necesaria toda resolución o proyecto de la misma sería considerada ilegítima e ilegal a la luz del derecho internacional. Ahora que las potencias occidentales cuentan con prueba suficiente se abre el camino para no sólo para el establecimiento de castigos, sino también de obligaciones que la desafiante república tendrá que cumplir.

Entre las sanciones que se barajan está el bloqueo de los activos y recursos económicos destinados a financiar los programas nucleares de Corea del Norte. Algo difícil de aplicar porque habrá que examinar cuidadosamente la finalidad o destino de cada cuenta que el régimen comunista posea en el exterior ya que un embargo indiscriminado podría afectar la continuidad de programas asistenciales y humanitarios, por ello se requiere un análisis pormenorizado para no afectar aún más la delicada situación del pueblo norcoreano.

Otra posible sanción sería un control e inspección estricta de todas las mercancías que entren y salgan de su territorio. Esto con el fin evitar la comercialización material bélico (misilístico o nuclear), es decir, impedir que prolifere un peligroso mercado armamentístico en el que se oferte equipamiento prohibido bajo los alcances del Tratado de No Proliferación Nuclear (TNP). La medida resulta sensata pues con ella se pretende congelar el intercambio de tecnología entre países con ambiciones nucleares. De esta forma, el monitoreo de los cargamentos norcoreanos puede a la larga dilatar que ciertos Estados, en particular aquellos sindicados como integrantes del “eje del mal”, se doten de armas de destrucción masiva.

Al parecer se abandonarìa la idea de imponer un embargo total de armas contra Corea del Norte, que quedarìa limitado a las armas convencionales pesadas como misiles, helicópteros, cazas, buques y tanques.

En una versión del texto que ha venido circulando se insta al Gobierno norcoreano a reanudar de inmediato y sin condiciones las conversaciones a seis bandas -China, las dos Coreas, Japón, EE UU y Rusia- sobre su programa atómico, paralizadas desde noviembre de 2005.

En cuanto a las posibles obligaciones que deberá acatar Corea del Norte se da por descontado que el Consejo exija la eliminación de sus programas atómicos y balísticos bajo control internacional, y acate, finalmente, el Tratado de No Proliferación Nuclear. Esta exigencia representará el núcleo duro y central de una futura negociación con la emergente potencia atómica. Sinceramente creemos que una reducción del arsenal norcoreano no será inmediata, así que no debemos hacernos demasiadas expectativas cuando esta nación acceda a discutir la eventual desmantelación de su armamento. Lo que probablemente va a suceder es que este beligerante país incremente todavía más su capacidad misilística y nuclear con el propósito de demorar las negociaciones y obtener más concesiones de sus contrapartes. Un desarme progresivo, lento y llevado a su habitual ritmo le permitiría a Corea del Norte sentirse amenazante y en control de la situación. Hay que hacer notar que para Norcorea es muy importante aparentar que maneja la negociación pues tiene que demostrar fortaleza al pueblo que sojuzga. Recordemos que gran parte de la “legitimidad” del régimen se sustenta en el miedo que pueda inocularle a su población, de ahí que no sólo necesite ser fuerte sino también parecerlo.

Una segunda demanda sería, sin lugar a dudas, la prohibición de suministrar directa o indirectamente material armamentístico y nuclear. Con dicha medida se busca algo que ya anunciamos cuando abordamos el tema de las sanciones. Para refrescar un poco la memoria de algún desmemoriado lector, este reclamo debe complementarse con la segunda sanción que anunciamos líneas arriba, es decir, con el control e inspección de todos los bienes que se comercie desde y hacia Corea del Norte. Ambas, sanción y exigencia van de la mano. Lo que tiene de particular esta disposición es que la prohibición no sólo incumbe a Norcorea sino también a todo aquel país que intercambie material vedado. Así, cualquier Estado que se atreva a proporcionar armamento de avanzada o tecnología nuclear se expone a ser sancionado de la misma forma que Corea del Norte.

Una tercera prohibición que llama la atención es la de no exportar artículos de lujo al país asiático. Llama la atención porque uno sabe que dichos bienes nada tienen que ver con el desarrollo nuclear o balístico y el 99.9% de la población no se encuentra en condiciones de adquirirlos. Entonces, el único motivo que surge para justificar una imposición semejante es el de hacer que la èlite marxista sufra directamente las consecuencias de sus actos, es decir, que se vea privada de suntuosos bienes que suele disfrutar a expensas de semicivilizar a su pueblo. Es sabido que Kim Jong Il tiene gustos extravagantes como exquisitos por la buena bebida, el tabaco, el cine, el teatro y la danza. Es como un moderno Nerón cuya demencia y paranoia está llevando al mundo y a sus camaradas a insospechados límites de tolerancia. Privar de ciertos placeres a este megalómano acomplejado (de su baja estatura) no dará resultado pues de alguna forma u otra llegará a abastecerse de dichos bienes.

Tambièn se especula con la prohibición de viajes a altos funcionarios relacionados con este programa para impedir la transferencia de conocimientos nucleares o balìsticos a terceros.

Por otro lado, lo que sí queda descartado es la posibilidad de una intervención militar, una de las condiciones expuestas por China para apoyar el borrador de resolución elaborado por EE.UU. y Japón. El Gobierno de Pekín, principal aliado del régimen de Pyongyang, ha presionado en los últimos días para que el proyecto de resolución se redacte bajo el llamado artículo 41. Ese artículo aminora la dureza de las sanciones y descarta la posibilidad de la opción militar.

El ministro de Defensa ruso, Sergei Ivanov, ha advertido de que la resolución no podrá conllevar una amenaza de uso de la fuerza contra el régimen comunistani siquiera indirecta”. Pese a que ha considerado “escandaloso” el ensayo nuclear del lunes, el responsable ruso ha asegurado que la presión internacional debe ir encaminada hacia el regreso de Pyongyang a la mesa de negociaciones. Tras reunirse con el enviado chino, Tang Jiaxuan, Ivanov ha asegurado que ambos países han llegado a un acuerdo para limitar la dureza de la resolución. “China y Rusia coinciden en que la presión del Consejo de Seguridad no debería extenderse de forma ilimitada, de forma que las sanciones adoptadas deberían cancelarse automáticamente si Corea del Norte vuelve a las negociaciones.

Una noticia adicional es la promulgación de Ley de No Proliferación por parte del Presidente Bush, destinada a frenar las ambiciones nucleares de Corea del Norte, Irán y Siria. La nueva normativa permitirá al Gobierno de EE. UU. imponer sanciones a las personas que transfieran a cualquiera de esos países bienes, servicios o tecnología que puedan ser usados para desarrollar armas nucleares o cualquier otro tipo de armamento de destrucción masiva.

Así, se abre una vez más terreno a la arbitrariedad y prepotencia al igual que cuando fue aprobada la Ley de Comisiones Militares, bajo la cual, la Administración Bush se arroga la facultad de desconocer la legislación internacional (la Convención de Viena) e introducir la práctica de la tortura.

Con esta “ley” EE.UU. detendrá, capturará y torturará a todo presunto colaborador que facilite tecnología vedada a esos tres países. Se estima que EE.UU. solicitará la extradición de estos comerciantes o traficantes de armas si son hallados en Estados que posean un respectivo tratado que lo permita. Lo que preocupa es que Norteamérica podría violar la soberanía de naciones que se nieguen a entregarlos a sus perseguidores estadounidenses. También podría recurrir a las presiones o amenazar con alguna sanción (bloqueo, embargo de cuentas, etc.) si un país persiste en su postura de no aceptar la jurisdicción norteamericana sobre el perseguido.

Esta norma podría desatar una ola de exiliados políticos alrededor del mundo y crear serios conflictos internacionales donde se ponga en tela de juicio la soberanía de los Estados.