Filosofía de la religión: La imposibilidad de reconciliar fe y razón

11.6.07

La modernidad o posmodernidad bien puede ser llamada como la Edad Media del cristianismo ¿La razón? Es la orientación de una sociedad que se aproxima a hacer posible el bien sin tener un Dios de por medio. La “muerte de Dios” se producirá entonces cuando su representante en la Tierra, la Iglesia, deje de intervenir paulatinamente sobre lo público.

Ahora bien, este deicidio no tiene implicancias metafísicas, sino reales, es decir, que los valores heredados de la cristiandad no desaparecerán, pero sí muy probablemente la autoridad que encarna la Iglesia como entidad rectora de la moral. En ese orden ideas, asistimos pues a una apertura de la interpretación individual de la fe y no una guiada por un clero que viene perdiendo su liderazgo y prestigio. Esa es la única vía que puede salvar al cristianismo de la vorágine de los tiempos, pero principalmente de la obstinación de una dirigencia eclesial que responde a los cambios endureciendo sus posiciones.

La libertad en occidente está en peligro, y no únicamente por la amenaza de grupos terroristas u organizaciones criminales, sino por instituciones eclesiásticas que para hacer valer sus preceptos abogan por derogar algunas de las máximas conquistas de nuestra sociedad. Así, la libertad se convierte en un ideal pues sólo “mientras está amenazada se convierte en algo que aspiramos alcanzar”, explica el filósofo Isaiah Berlin. Para Berlin, la lucha por la libertad está plagada de intentos de individuos por suprimir el poder que, “al ser poseído o utilizado por algún otro individuo o grupo de personas, los limita para llevar a cabo sus propios deseos”.

En estos términos se hace la denuncia y crítica a la Iglesia cuando atraviesa por innumerables dificultades. En el pasado la irrupción de la modernidad debilitó su capacidad de dar respuestas convincentes a las interrogantes sobre el mundo. Lo que a la larga la llevó a apostar, como en el presente, por mayor dogmatismo e intolerancia. “Los cambios que sucedieron a nivel científico e intelectual en Europa erosionaron seriamente la credibilidad del mensaje cristiano, y la autoridad moral y ascendencia espiritual de las distintas Iglesias”, reseña Don Miguel de Unamuno. Las consecuencias de este gran enfrentamiento entre el intelectualismo liberal y científico con los postulados ortodoxos condujo al Concilio Vaticano I (1869-1870) en el que se reafirmó la infabilidad del Papa sobre las cuestiones de la fe.

Desde esa época la Iglesia trató de afrontar los desafíos que implicaban reconciliar la doctrina cristiana con la ciencia moderna. En vez de oponerse radicalmente, algunos sectores consideraron necesario establecer una nueva relación entre fe y razón, luego del desestabilizador arribo del iluminismo en el siglo XVIII. Los padres de la Iglesia, en particular Agustín de Hipona, fueron los primeros pensadores cristianos en advertir la conveniencia de relacionar fe y razón. La preferencia por los neoplatónicos del segundo lo llevó considerar que la razón y la fe no se oponen, sino que su relación es de colaboración.

Las reflexiones hechas es ese difuso e imposible campo de intersección fue revivida en el discurso del papa Benedicto XVI en la Universidad de Ratisbona. En dicha exposición el pontífice reafirma que el acercamiento entre la fe bíblica y el planteamiento filosófico del pensamiento griego fue recíproco, es decir, que ambos acudieron voluntariamente a su encuentro cuando en realidad lo que hizo la teología fue apropiarse y desnaturalizar el pensamiento helénico. La manipulación de las ideas filosóficas de la antigüedad sirvió para “racionalizar” los postulados de una fe, esto es, hacerlos más creíbles a los fieles al dotarlos de cierta apariencia de cientificidad y razón. Nunca hubo tal encuentro como el descrito por el Papa, sino que la religión utilizó las escuelas clásicas para encontrar vías racionales de justificación.

Se sabe bien que el propio San Agustín adaptó los escritos latinos y platónicos. Así, echó mano del principio de causalidad aristoteliano ("Todo lo que se mueve se mueve por otro") para explicar que el problema del origen de las cosas se resuelve diciendo que Dios creó todo de la nada. La creación, para el escritor de “Confesiones”, ha tenido lugar en el tiempo. Dios crea de la nada y crea según razones eternas (ideas ejemplares existentes en la mente Divina). Pero recurrir al principio de causalidad no puede ser de utilidad porque dicho principio está vinculado a la idea de causalidad que pertenece al espacio-tiempo. Y no tiene sentido aplicar la noción de causalidad a un suceso que es previo a la aparición del espacio-tiempo, según la Teoría de la Relatividad y la Física Cuántica. El gran astrofísico Stephen Hawking lo resume de la siguiente manera: "Siendo el universo internamente consistente y autocontenido, su existencia no requiere nada exterior a él, no precisa ser puesto en marcha por nadie".

El propio Inmanuel Kant, en la “Crítica de la Razón Pura”, sostuvo que los tres argumentos para la demostración “racional” de la existencia de Dios (el argumento físico-teológico, el cosmológico y el ontológico) eran falaces porque escondían errores que los hacían inaceptables y estableció que no era posible su conocimiento científico aunque sí de un tipo de “conocimiento” denominado “fe racional”, por el que si bien no es posible el conocimiento objetivo o científico de la existencia de Dios, para Kant era necesario postular afirmativamente esa cuestión para que tenga sentido la experiencia moral.

De este modo, traficar con la razón para demostrar a Dios, como pretende Benedicto XVI, es totalmente contraproducente. Y más cuando la oposición entre fe y razón (o ciencia) fue establecida por el propio Dios. Ya que si revisamos detenidamente el libro de Génesis encontramos que la divinidad prohibió al hombre a comer del árbol de la ciencia del bien y del mal. Esto es revelador porque determina que Dios no deseaba que el hombre conociera más allá de lo que estaba permitido (por él naturalmente). Siguiendo a Mijaíl Bakunin, Dios no pretendía que el hombre se emancipara y abandonara su condición animal. El hecho de comer el fruto prohibido supone el primer acto de desobediencia y de curiosidad que caracteriza al pensamiento racional. El mismo Aristóteles dijo alguna vez que el deseo de conocer es una típica emoción humana. De ahí que condenar semejante despertar en el hombre indica que Dios se oponía a que éste alcanzara el conocimiento de las cosas que tenía la divinidad. Una posible interpretación del mito puede ser la siguiente: que el saber hace que el hombre aniquile a sus dioses y no que se condene, como sugiere textualmente la Biblia. El mayor temor de quienes idearon a la divinidad fue que el hombre, gracias al libre uso de su razón, siga su propio camino, independiente al de sus dioses. Esto es, no transitar por la vía única de entendimiento que el mito proporciona sobre el mundo, sino elaborar nuestras propias explicaciones. No cabe duda de que la teología aborrece que hayamos tomado vías separadas. Esto queda demostrado en el caso de teorías alternativas que explican el origen del universo y del desarrollo de la vida como la de Darwin. Cuando Dios conminó al hombre a no comer del árbol del bien y del “mal”, entendiendo al “mal” como la ciencia, trataba de evitar que su creación descubriese los verdaderos fundamentos de su existencia. Lo que pasó después fue lo que predijo la serpiente tentadora del relato pues se “abrieron nuestros ojos”. Y aunque no seamos como dioses, nuestra inclinación a conocer fue más fuerte que la proscripción de Dios.

Siguiendo con la crítica del discurso benedictino, si San Juan en el principio de su Evangelio señaló que antes de todo existía el “logos”. Esta afirmación (del logos) significa dos cosas como refiere el Papa: “palabra” y “razón”, que el pontífice utiliza en su segundo significado por obvias razones, valga la redundancia. Es decir, que la “razón” (que San Juan y Ratzinger identifican con Dios) pasa a ser un elemento a través del cual “la fe bíblica alcanza su meta” y “encuentra su síntesis”. “En el principio existía el logos, y el logos es Dios, nos dice el evangelista”, en palabras de Benedicto XVI, quien con esa afirmación trata de forzar un encuentro recíproco entre “el mensaje bíblico y el pensamiento griego”, como si éste último se enriqueciera al lado del primero, cuando lo único que consigue es hacer mal uso de sus explicaciones.
En realidad, la originalidad papal es muy burda y recurre al principio de razón suficiente que se basa en la verdad o inteligibilidad del ser. Así, el “ego sum qui sum” o “yo soy el que soy”, o “yo soy”, simplemente revela a Dios y lo “distingue del conjunto de las divinidades con múltiples nombres”. Ese “ser de la divinidad” o “revelación” es suficiente para el Papa para afirmar no sólo su existencia, sino una iluminación tal que hace inteligible su conocimiento.

Al revelarse en la zarza ardiente a Moisés y mucho antes a otros patriarcas, Dios funde en su ser las nociones de “verdad” y “razón”. De ese modo la explicación de los misterios del mundo no sólo estaría completa, sino que sería la única posible y la “razón” no tendría otras vías de escape o caminos que los de la identidad con Dios. Dice Benedicto XVI: “En el fondo, se trata del encuentro entre fe y razón, entre auténtica ilustración y religión. Partiendo verdaderamente de la íntima naturaleza de la fe cristiana y, al mismo tiempo, de la naturaleza del pensamiento griego ya fundido con la fe (…)”.

Dios ya no sólo es “amor”, sino “razón” para el ex Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe (ex Santo Oficio). Toda esta fundamentación en estos tiempos tiene el viejo propósito de convencer y persuadir. Es decir, de tergiversar los hechos y los racionamientos para lograr una mejor asimilación del cristianismo con el presente. O, dicho de otro modo, para defender la “fe” de los métodos científicos y racionales que prescinden del mensaje cristiano por ser incompatible (o no necesario, más bien) con la explicación que hacen de los fenómenos.

Con Tertuliano (155 - 230 d.C.) comienza la tradición de vincular a Dios con el logos. Tendencia recogida por los primeros teólogos y padres de la Iglesia. Posteriormente en el siglo XX el papa Juan Pablo II, en su Encíclica Fides et Ratio (1998), profundiza el “análisis” de la relación entre fe y razón, cuya última elaboración doctrinal corresponde al controversial Discurso de Ratisbona.

“¿Qué tiene que ver Atenas con Jerusalén? ¿Qué relación hay entre la Academia y la Iglesia?” es lo que se pregunta Tertuliano. Con ello inaugura la comprensión del helenismo en los escritos del Nuevo Testamento. Los pensadores cristianos hicieron con la filosofía griega lo mismo que sucedió con el judaísmo: apoderarse de sus elementos fundamentales. En el caso del segundo, por los orígenes de Jesús, se incorporó la idea del Dios único; aunque esta noción ya había sido introducida en Egipto por el faraón Akenatón.

Ahora bien, por más que Saulo de Tarso haya recibido las influencias de las corrientes gnósticas de la época, de las religiones de grandes misterios y de la filosofía estoica, la confluencia del cristianismo y la razón griega en la elaboración de la teología, resulta por demás artificial. Artificial en el sentido de que la filosofía (la razón) sirve a los criterios de utilidad de una religión para propagar y hacer más entendible su mensaje ¿Si la revelación divina era lo suficientemente clara, para qué recurrir a métodos humanos que expliquen lo que se autodefine como incuestionable para los sentidos y evidente para el alma?

Pero eso no es lo más importante al momento de sostener la imposibilidad de reconciliar fe y razón pues de por sí la creencia en verdades últimas clausura toda posibilidad de alcanzar nuevas cimas de conocimiento. “No tenemos necesidad de curiosear, una vez que vino Jesucristo, ni hemos de investigar después del Evangelio. Creemos, y no deseamos nada más allá de la fe: porque lo primero que creemos es que no hay nada que debamos creer más allá del objeto de la fe”, dice Tertuliano (De Praescriptione, 7, 1). Conclusión: La fe no puede igualarse a la razón que no sea en sus propios términos y condiciones, así, todo saber está constreñido a lo que la fe le permita aprehender.

De otro lado, el mismo Tertuliano expresaba que “todas las herejías, en último término, tienen su origen en la filosofía”. “(…) Es el miserable Aristóteles el que les ha instruido (a los hombres) en la dialéctica, que es el arte de construir y destruir, de convicciones mudables, de conjeturas firmes, de argumentos duros, artífice de disputas, enojosa hasta a sí misma, siempre dispuesta a reexaminarlo todo, porque jamás admite que algo esté suficientemente examinado”.

De ahí que la duda, el cuestionamiento y la curiosidad, las principales cualidades del pensamiento filosófico, no puedan ser reconciliables con las verdades de un dogma, en las que se cree o no, sin hacer juicios sobre su validez o autenticidad. La incuestionabilidad de los postulados de la fe la convierten en algo cognoscible e irrevisable a la vez. Por eso la razón no sólo no puede examinarlos, sino que no logra su cometido de buscar nuevas verdades.

Fe y razón no pueden ir de la mano, sino servir al equivocado propósito de justificarse o contradecirse en ambos casos. Clemente de Alejandría ilustra diáfanamente el objeto de insistir con la relación entre fe y razón ya que la segunda posibilita “la defensa de la fe”. “La enseñanza del Salvador es perfecta y nada le falta, por que es fuerza y sabiduría de Dios; en cambio, la filosofía griega con su tributo no hace más sólida la verdad; pero hace impotente el ataque de la sofística e impide las emboscadas fraudulentas de la verdad, se dice que es con propiedad empalizada y muro de la viña”. Esto muestra como la razón es sometida a criterios de utilidad y reducida a una condición de servidumbre por la fe. La razón no se libera de sus ataduras cuando es intervenida por la fe, sino que el nuevo “mithos” cristiano cumple la función del viejo “mithos” griego en cuanto a la explicación de los misterios del mundo. La razón ahora incapaz de explicar por si misma los fenómenos sin la mirada vigilante y censora de la religión, se ve obligada a renunciar al principio de autonomía, propio de todo pensamiento libre.

El filósofo Fernando Savater es muy claro al respecto pues considera que “una de las características de la razón (siguiendo a Kant) es que sirve para ser autónomo, es decir, los seres racionales son más autónomos que las personas que no han desarrollado su capacidad racional”. “(…) Creo que la autonomía es fundamental, y esa autonomía es lo que justamente permite la razón. El no desarrollo de la razón nos hace estar dependiendo”.

La función principal del pensamiento racional fue de la de “luchar por que no predominen los dogmas irracionales, las supersticiones, los fanatismos, aquello que de alguna forma iría en contra de la razón. De modo que la razón es una muestra de convivencia, pero también una fuente de disidencia y de rebelión”, explica el filósofo de la Universidad Complutense de Madrid.

Como tiene límites, la razón debe permanecer abierta, y lo que le reprocha Tertuliano a Aristóteles (lo mismo que hicieron los acusadores de Sócrates): “de poner en duda siempre todo” (algo que detestan por antonomasia los dogmas), contradice el verdadero espíritu racional de mantener las preguntas abiertas, es decir, de intentar respuestas provisionales o tentativas a los problemas fundamentales. El polémico discurso pronunciado por el Papa en Ratisbona es muy claro en sus objetivos al señalar que el encuentro entre fe y razón tiene su “fin y huella histórica en Europa”. La intención es la de advertir “que Europa no es Europa sin el cristianismo o si deja de ser cristiana”. Es como si el Viejo Continente fuera no sólo depositario (o heredero) de una larga y valiosa tradición judeocristiana, sino de su exclusiva propiedad. La noción patrimonialista bajo la que concibe el primado de la Iglesia Católica a un continente mayormente laico es por demás alarmante. Ello explica en gran medida el por qué de muchas de sus últimas y desacertadas actuaciones.

Los peligros que encierra el estudio del Discurso de Ratisbona sobre el secularismo, que causó un gran revuelo con Islam al calificarlo de violento (de convertir por la fuerza), a través de una referencia al emperador Manuel Paleólogo II, son inconmensurables si se los compara con los entredichos entre dos de las religiones del “Libro”. Es preciso advertir que el racionamiento papal intenta justificar la necesidad de su religión como rectora de la moral. Para él ni la ciencia ni la razón común (libre de condicionamientos religiosos) son capaces de responder a las inquietudes fundamentales de la existencia de: ¿De dónde venimos? ¿Quiénes somos? ¿A dónde vamos?, etc. “El sujeto”, menciona el pontífice, “basándose en su experiencia, decide lo que considera sostenible en el ámbito religioso, y la "conciencia" subjetiva se convierte, en definitiva, en la única instancia ética”.

“Sin embargo”, continua Benedicto XVI, “de este modo la ética y la religión pierden su poder de crear una comunidad y se convierten en un asunto totalmente personal. La situación que se crea es peligrosa para la humanidad, como se puede constatar en las patologías que amenazan a la religión y la razón, patologías que necesariamente deben explotar cuando la razón se reduce hasta tal punto que las cuestiones de la religión y la ética ya no le interesan”.

Pero Ratzinger convenientemente desconoce que existen ejemplos de que una ética no religiosa es capaz construir una comunidad y un orden dentro de ella. Tal vez el nombre de Confucio (551 AC – 479 DC) no le suene mucho al Papa. A manera de resumen, el filósofo chino estableció con éxito una ética laica en China mucho antes del cristianismo, ya que diversos emperadores, principalmente de la dinastía Han, se inspiraron en la obra de este gran pensador para organizar la sociedad china. El orden que trajo a su nación perdura hasta ahora y es responsable de ejercer una influencia en diversos ámbitos de la vida de los chinos como la familia, el trabajo y la política. A continuación se reseña algunas ideas extraídas de “Los Cuatro Libros” de Confucio y una selección de notas de Joaquín Pérez Arroyo.

En su sistema filosófico no se discute las cuestiones ontológicas (del ser) ni las metafísicas propias de una religión, sino las soluciones prácticas a los problemas de la existencia individual y social. “Confucio, que no era monoteísta, pues creía en el culto a los antepasados y diferentes poderes escasamente antropomorfizados, crea una teoría moral y política que no habla de espíritus o cómo es el cielo pues su sistema trata de lo que intenta conocer y transformar: el mundo”. Se podría decir que creó una “religión cívica” (caracterizada por su tolerancia hacia otros cultos y despreocupada por las cuestiones sobrenaturales). Lo importante para Confucio era la armonía que debe existir en los diferentes niveles de la vida y entre éstos. En ese sentido, “cualquier referencia al Cielo, indica que es un poder superior, pero no está ni personalizado, ni claramente separado del mundo. No es algo meramente pasivo, puesto que de él vienen acciones y mandatos, pero en ningún momento se deduce que sea un Dios al estilo judeocristiano, es decir, único, creador del universo y providente”.

Para Confucio, “el hombre debe estar en armonía con el cosmos, lo que supone estar de acuerdo con lo ordenado por el Cielo. Con este fin, el hombre debe trabajar para autoperfeccionarse, lo que conseguirá por medio de la introspección”, algo similar al “conócete a ti mismo” del Oráculo de Delfos. Esto se denomina “mirar hacia dentro” o “volverse hacia dentro”. “El estudio o autoexamen permitirá que el hombre pueda conocer los deseos del Cielo. Este conocimiento le servirá para desarrollar su Li, que es un concepto con el que se identifica la corrección, la etiqueta, las buenas formas interiorizadas y no simplemente externas y aprendidas, sino identificadas con el propio yo que ya forman parte de él”. Otra idea destacable es la de hombre superior, que posee una superioridad moral que no está relacionada con el estrato social de la persona. “El hombre superior confuciano es educado y justo, posea la virtud como algo inherente a su naturaleza y permanece siempre en el “Justo Medio” (noción de moderación en todo, hasta en lo bueno)”.

“La misión del hombre superior es dirigir y orientar a la sociedad, es decir, a los demás hombres que no alcanzan su perfección. Este punto es de capital importancia, ya que este pensamiento tuvo éxito insospechado y una proyección brillantísima en la China posterior hasta el punto de que la peculiar burocracia que se creó y consolidó a través de las diferentes dinastías llegó a identificarse totalmente con esta idea, lo que dio lugar a un elevado espíritu de servicio en las buenas épocas”. “El confucionismo se trata entonces de una doctrina que interviene en una sociedad a la que pretende dirigir a altas cotas de organización y moralidad. Confucio sólo ve al hombre realizado en tanto que como ser social ocupa un puesto y desempeña una función”.

Toda la estructura de la sociedad confuciana reposaba en la familia, que era el modelo inicial sobre el que se construía el Estado. Lejos de ser nuclear y reducida como en occidente; “se trataba de un verdadero clan, muchos de cuyos miembros vivían bajo el mismo techo, reconocían un antepasado común y conservaban vínculos con otros grupos del mismo origen por encima de la distancia y de las generaciones”. La extensión de la familia china hacia que esta fuera una especie de mini reino o unidad de poder a la que “son aplicables la jerarquización, el protocolo y los métodos de gobierno”. El Estado podía verse como una gran familia o reunión de éstas en el que se reproducían casi las mismas obligaciones morales y deberes.

Como ámbito de socialización primaria, la familia servía para que el hombre pudiera ensayar y mejorar sus capacidades intelectuales y morales. De esta forma el hombre superior se inicia en la familia y “difícilmente podrá gobernar un Estado quien no sea capaz de gobernar primero su propia familia”. “La jerarquía confuciana en la familia no es obstáculo para que el hombre de estratos inferiores pudiera alcanzar la perfección. La compleja graduación entre padre, madre, hijo mayor, hijo menor respondía al anhelo confuciano de de fijar el puesto de cada uno”. Pero no impedía la posibilidad escalar en el pirámide social.

La sociedad ideada por Confucio “no pretendía preservar la decadente sociedad feudal del siglo V a.C. Para los confucianos, los hombres son todos básicamente iguales, con independencia del lugar y posición en los que hayan podido nacer; pero esto no quiere decir que puedan mantenerse iguales porque ni es posible ni deseable para el buen funcionamiento social. Lo ideal sería que todos los individuos alcanzaran la perfección necesaria para llegar a ser hombres superiores, pero la realidad objetiva es que éstos son una minoría, mientras que los hombres vulgares son una gran mayoría”.

Bajo este sistema, era posible romper con los condicionamientos de los orígenes mediante la superación individual. “Si el hombre era verdaderamente virtuoso, debería poder alcanzar los puestos de mayor importancia y responsabilidad. Esta doctrina contradice los principios de cualquier feudalismo y atacaba entonces a la base de la sociedad en la que los confucianos se desenvolvían, puesto que, en un mundo de nobles caballeros, la herencia, el poder y la sangre eran los valores máximos, y no la virtud”.

El resultado de esto era un “Estado rico y bien gobernado” ya que las familias eran creadoras de buenos individuos. El hombre bajo estos conceptos podía no solo conocerse, sino mejorarse a sí mismo. El hombre nace neutro (sin conocimiento del contenido moral y de su función dentro de la sociedad), es decir, sin mancha ni pecado ya que tiene que descubrir la verdad. El máximo deber consistía en hacer de nuestra vida lo mejor que podamos de ella para el bien de la sociedad.

Concluida esta parte, resulta evidente que la constitución de un Estado laico independiente de toda influencia religiosa en plausible en la medida se nutre de fuentes profanas.

En la actualidad, “las formas religiosas de pensamiento y las formas religiosas de vida quedan sustituidas por equivalentes racionales, y en todo caso por equivalentes que resultan superiores” conforme a la lectura que hace Jürgen Habermas de “secularización” en “el sentido jurídico de una transferencia coercitiva de los bienes de la Iglesia al poder secular del Estado”. “Por eso”, dice Habermas “ese significado ha podido entonces transferirse al surgimiento de la modernidad cultural y social en conjunto”.

En el discurso de Jürgen Habermas en la Pauslkirche de Frankfurt de Octubre de 2001, Sobre Fe y Saber, el filósofo alemán establece claramente el papel que debe desempeñar toda religión en el seno de una sociedad “postsecular”. A decir del gran pensador de nuestro tiempo, “(…) Desde el punto de vista del Estado liberal sólo merecen el calificativo de “racionales” aquellas comunidades religiosas que por propia convicción hacen renuncia a la exposición violenta de sus propias verdades de fe. Y esa convicción se debe a una triple reflexión de los creyentes acerca de su posición en una sociedad pluralista”. “La conciencia religiosa en primer lugar tiene que elaborar cognitivamente su encuentro con otras confesiones y con otras religiones. En segundo lugar, tiene que acomodarse a la autoridad de las ciencias que son las que tienen el monopolio social del saber mundano. Y finalmente, tiene que ajustarse a las premisas de un Estado constitucional, el cual se funda en una moral profana. Sin este empujón en lo tocante a reflexión, los monoteísmos no tienen más remedio que desarrollar un potencial destructivo en sociedades modernizadas sin miramientos”.

Habermas advierte perfectamente los males que puede ocasionar una fe que no sabe ubicarse o encontrar su posición dentro de la comunidad. De ahí que sea sumamente preocupante la actual postura de la Iglesia, ya que Ratzinger sostiene “que la fuerza del catolicismo no radica en el diálogo ni en la tolerancia, sino en la convicción”, y que por tanto resultan "innegociables" cuestiones como la defensa de la vida humana, la familia, la indisolubilidad del matrimonio, el celibato sacerdotal, así como el repudio del aborto, el divorcio y las uniones entre homosexuales. Esto entra en contradicción con lo expuesto por el pontífice hace un par de meses en Ratisbona pues en aquel discurso expuso la necesidad de “escuchar las grandes experiencias y convicciones de las tradiciones religiosas de la humanidad”, así como mantener “el diálogo entre las culturas”.

Toda la supuesta apertura del discurso queda oscurecida con el Sacramentum Caritatis dado a conocer hace unas semanas. El diálogo que pretende entre fe y razón, al estar anulada la oposición entre ambos, implica una verdadera sujeción del segundo concepto al primero. En ese orden de ideas, nada resulta más contundente que la posición antidemocrática de la Iglesia en palabras del propio Papa.

Esta anulación o desden por el diálogo y la tolerancia, dos de las principales características de toda sociedad secular, expuestas por el Vaticano, no dejan lugar a la duda ni a interpretaciones benignas. Lo que dice Benedicto XVI refleja efectivamente lo que piensa y siente la Iglesia desde hace siglos. Sus pretensiones por anular la libertad y otros derechos no soy muy distintas de las esbozadas por otros totalitarismos partidarios o ideológicos. Ratzinger también olvida que “quien quiere llevar a otra persona a la fe necesita la capacidad de hablar bien y de razonar correctamente, y no recurrir a la violencia (como los fueros inquisitorios del pasado) ni a las amenazas (de excomunión a los fieles que se oponen a introducir medidas antiprogresistas)”. Si bien Occidente, particularmente Europa, es heredero de una “trinidad” conformada por la filosofía griega (que supuso el paso del mito y la magia a la razón, y con ella a la ciencia, la democracia, la enseñanza), el derecho romano (elemento distintivo de Occidente y regulador de conductas humanas) y el cristianismo (como base moral de todo orden), ese pasado religioso no puede condicionar el futuro y menos pretender anquilosarse.

Fiodor Dostoievski dijo alguna vez que “si dios no existe, todo está permitido”. Frase con la que comulgan en el Vaticano para acusar, o más bien, para atribuir al nihilismo muchos de los problemas y crisis que enfrentamos. Pero esta máxima no debe entenderse de esa forma, sino como una posibilidad de determinar por nosotros mismos lo que nos está permitido hacer. Al final de cuentas implica asumir la responsabilidad de nuestras vidas y del destino que tome. De ahí que condenar a la modernidad y atribuirle hechos como la irrupción del nazismo o del comunismo refleja una miopía que el actual pontífice comparte con su antecesor.

El laicismo de nuestro tiempo no tiene porque ser irreligioso y violentamente anticlerical como ocurrió durante la Revolución Francesa, sino abierto y tolerante. Es en el seno de una sociedad secular donde mejor pueden coexistir las diversas comunidades religiosas porque a todas y cada una de ellas se les permite expresarse. “(…) En la disputa entre las pretensiones del saber y las pretensiones de la fe, dice Habermas, “el Estado tiene que permanecer neutral en lo que se refiere a cosmovisión, no prejuzga en modo alguno las decisiones políticas en favor de una de las partes. La razón pluralizada del público de ciudadanos sólo se atiene a una dinámica de secularización en la medida en que obliga a que el resultado se mantenga a una igual distancia de las distintas tradiciones y contenidos cosmovisionales. Pero dispuesta a aprender, y sin abandonar su propia autonomía, esa razón permanece, por así decir, osmóticamente abierta hacia ambos lados, hacia la ciencia y hacia la religión”.

Vivir en un Estado secular exige escindir “la identidad en dos, en una parte privada y en una parte pública”, prosigue Habermas. Esto indica que los creyentes tienen “que traducir sus convicciones religiosas a un lenguaje secular antes de que sus argumentos tengan la perspectiva de encontrar el asentimiento de mayorías”. Sin embargo, y a pesar de que los creyentes pueden hallarse en desventaja al tener que ceder, “las mayorías secularizadas no deben tratar de imponer soluciones antes de haber prestado oídos a la protesta de oponentes que en sus convicciones religiosas se sienten vulnerados por sus resoluciones; y debe tomarse esa objeción o protesta como una especie de veto retardatorio o suspensivo que da a esas mayorías ocasión de examinar si pueden aprender algo de él”.

De lo que se trata es de establecer un verdadero diálogo y reciprocidad, pero no de una unidimensionalidad del mensaje. Generalmente cuando la Iglesia Católica proclama su “universalidad”, lo único que alude con ello es su propio entendimiento de lo universal. Excluyendo a cualquier otra confesión o ideología que no dialoga en sus términos. ¿Dónde queda el famoso ecumenismo o encuentro entre religiones que promovía el pontífice?

De otro lado, el Papa no encuentra equivalencia entre el "pluralismo político" y el “pluralismo ético", para el que todas las posiciones morales son igualmente lícitas y justificables por criterios de utilidad. La Iglesia de Ratzinger se ha apropiado del llamado Derecho natural, que a veces considera casi como una traslación de sus propios principios doctrinales, y ha establecido ahí su línea de resistencia al "pluralismo ético", expresión menos imprecisa que "laicismo". Cuando se opone a leyes que, en su opinión, erosionan la familia tradicional, la Iglesia no dice defender sus propias creencias, sino el "bien común".

El teólogo progresista suiza, Hans Küng, tal vez el mayor crítico y conocedor de los dilemas de la Iglesia, establece posiciones de acercamiento sensatas al preconizar una “ética mundial” que aborda los problemas del mundo moderno, y particularmente, de la globalización, desde una perspectiva media, es decir, de principios universalmente reconocidos no sólo por las diversas religiones, sino por cualquier ideología que reconozca como mínimo la dignidad del hombre. Para Küng, los ejes rectores de la ética mundial son sencillos, así pues tenemos al aforismo “no hagas a otro lo que no quieras que te hagan a ti” que viene desde Confucio y que es un principio fundamental que regula las relaciones humanas y entre los Estados. Otra norma es la de que “todo ser humano debe ser tratado humanamente”. Y en general los mandamientos del Decálogo judío como “no matar”, “no mentir” y “no robar”, que bien analizó el filósofo español Fernando Savater en elocuentes programas televisivos.

Ahora bien, y a modo de ejemplo, Küng plantea, desde su perspectiva ética, una ética mundial que basa en principios verdaderamente comunes. Así, la “ética mundial” no toma una posición sobre algunos de los grandes problemas controvertidos como el aborto, la anticoncepción, la homosexualidad o la eutanasia. Pero sí nos dice que “no hay que llegar a extremos de ninguna clase”, algo que recuerda mucho a San Agustín y a Aristóteles.

La “ética mundial” no es una nueva ética, sino una especie de condensación de viejos postulados fácilmente identificables por los sujetos. En vez de valorar, para el caso concreto del aborto, “que todo esté permitido” como quieren diversos grupos feministas para utilizarlo como método anticonceptivo general. Tampoco la “ética mundial” abrazará las intransigentes posiciones del Vaticano bajo las que no es posible abortar por ninguna causa, al extremo de comparar el aborto como "el genocidio de nuestros días". Ante posturas irreconciliables, hay que atender a la vida de las mujeres pobres que se lo practican, ya que no se pueden excluir en todos los casos la posibilidad de practicárselo. Entonces, habría supuestos racionales en los que si procedería el aborto, pero de forma excepcional.

Küng, conocido por sus cuestionamientos a la Iglesia, no deja de advertir el daño irreparable que determinadas posiciones le están causando a la fe. Apartado de la enseñanza teológica desde hace casi 30 años, pues se le retiró la autorización eclesiástica. Ubica en la misma línea de Juan Pablo II al actual pontífice por mantener “una política exterior exige a todo el mundo conversión, reforma y diálogo”. La mejor prueba del carácter antidemocrático del Vaticano se evidencia en su estructura política, es decir, en la forma en que desdeña la separación de poderes. “En caso de disputa, la misma autoridad actúa como legisladora, fiscal y juez. Consecuencias: un episcopado servil y una situación jurídica insostenible. Quien litigue con una instancia eclesiástica superior no tiene prácticamente ninguna oportunidad de que se le haga justicia”, refiere Küng.

La “infabilidad” papal traslada de la fe a la política es fuente de autoritarismo. Esto se refleja en asuntos claves como las políticas de natalidad. Así, Küng indica que la postura del pontífice “en contra de la píldora y del preservativo, podría tener mayor responsabilidad que cualquier estadista en el crecimiento demográfico descontrolado de numerosos países y la extensión del sida en África”.

Pero la posibilidad de diálogo no sólo es negada a agentes externos a la Iglesia, sino a una “variedad de teólogos, sacerdotes, religiosos y obispos que son perseguidos por su pensamiento crítico y su enérgica voluntad reformista”. El caso del desautorizado teólogo Jon Sobrino encaja en esta realidad. El ecumenismo que tanto proclama Benedicto XVI no deja de ser una retórica vacía por la manifiesta oposición del catolicismo romano a dialogar con las demás confesiones en un plano de igualdad. Esto socava la tendencia inaugurada por el Papa Pablo VI, que pedía el diálogo dentro y fuera de la Iglesia. Benedicto XVI, al igual Juan Pablo II, “descalifica a las religiones del mundo y las tilda de formas deficitarias de fe”. “Consecuencias: la desconfianza hacia el imperialismo romano está ahora tan difundida como antes. Y esto no sólo entre las iglesias cristianas, sino también en el judaísmo y el Islam, por no hablar de India y China”.

“Ratzinger”, comenta el columnista del diario El País, Paolo Flores D'Arcais, “obviamente no sitúa todas las religiones monoteístas al mismo nivel: a la religión cristiana en su versión "católica apostólica romana" se le reserva un primado conferido en virtud de su capacidad, que sólo el catolicismo ejecuta de forma acabada, de ser una religión no sólo de la fe sino también del logos”.

El punto más relevante de la crítica de Küng tal vez sea el referido a la moral. “(…) Por su rigorismo ajeno a la realidad, pierde credibilidad como autoridad moral: las posiciones rigoristas en materias de fe y de moral han socavado la eficacia de los justificados esfuerzos morales del Papa. Consecuencias: aunque para algunos católicos o secularistas tradicionalistas sea un superstar, este Papa (por Juan Pablo II) ha propiciado la pérdida de autoridad de su pontificado por culpa de su autoritarismo. A pesar de que en sus viajes, escenificados con eficacia mediática, se presenta como un comunicador carismático (aunque al mismo tiempo es incapaz de diálogo y obsesivamente normativo de puertas adentro), carece de la credibilidad de un Juan XXIII”.
“(…) En vez de orientarse por la brújula del evangelio, que ante los errores actuales apunta en dirección de la libertad, la compasión y el amor a los hombres, Roma sigue rigiéndose por el derecho medieval, que, en lugar de un mensaje de alegría, ofrece un anacrónico mensaje de amenaza con decretos, catecismos y sanciones”.

Si en el pasado se pasaron por alto las “críticas” de la Iglesia (o más bien demandas a la conversión de Europa) porque Karol Wojtyla servía a los intereses del aparato de propaganda occidental que descalificaba al comunismo; ahora esos cuestionamientos generan, desmantelado el imperio soviético (por sus propias contradicciones económicas y no por la prédica papal), “una animosidad de gran parte de la opinión pública y de los medios de comunicación frente a la arrogancia jerárquica que se ha intensificado de forma amenazadora”.

El Papa Benedicto XVI vuelve a cargar contra el secularismo con la vieja fórmula de que “fuera de la Iglesia no hay salvación”. De ahí que la doctrina de la Iglesia, que no sólo tiene pretensiones de verdad última sobre la fe, sino también lo que constituye el fundamento de lo racional, intervenga constantemente (amenazando) de que los parlamentos y gobiernos que promulguen leyes contrarias a los postulados de la Iglesia se expondrían no sólo a ser excomulgados, sino a perder la salvación.

Los campos de batalla (entre el movimiento secular y la religión) están por casi toda Europa, principalmente en aquellos países donde el catolicismo todavía es fuerte y defiende sus creencias ante cualquier vestigio de cambio. Se aprovecha de la debilidad de algunos regímenes como el italiano o el español (en su caso es más que nada pasajero y coyuntural que estructural) para imponer su agenda o vetar iniciativas y reivindicaciones de colectivos que demandan reconocimiento e igualdad. Este es el caso de las uniones de hecho en Italia cuya aprobación por parte del Gabinete de Romano Prodi encontró un duro revés en el Parlamento de los partidos conservadores y de derecha. Así, la legislación de derecho de familia que repudiaba el Vaticano casi ha desaparecido de la agenda.

En España, la alianza entre la derecha y el obispado suenan casi igual cuando se pronuncian sobre cualquier asunto. El diagnóstico hecho por el historiador Joan B. Culla i Clarà es que “el catolicismo español ha perdido transversalidad -o, para decirlo en sus propios términos, universalidad- a borbotones; se ha transformado en una facción seguramente más dura, más compacta, más disciplinada, pero más pequeña, mucho más hosca y muchísimo menos permeable”. “Desde esa fortaleza presuntamente asediada donde ella misma ha querido encerrarse, la jerarquía episcopal no cesa de lanzar proyectiles y calderos de aceite hirviendo contra todo aquello que, en el exterior, no es de su gusto, ya sea de naturaleza política o religiosa, temporal o espiritual”.

Estos dos casos son muestras de lo que también sucede en otras latitudes, pero sigamos en Europa que el ejemplo más espeluznante corresponde al polaco. En Polonia, los hermanos Lech y Jaroslaw Kaczynski, presidente y primer ministro de ese país, respectivamente, representan el aspecto más alarmante del “neofundamentalismo” cristiano. Desde sus cargos y apoyados por una población radicalizada impulsan reformas que agradarían al clero afincado en Roma toda vez que promueven leyes contra homosexuales y persecuciones contra ex colaboradores de los comunistas. Estos actos pueden calificarse de una persecución política a secas, en el caso de los comunistas. La mayor ambición de los hermanos Kaczynski es la "renovación moral" del país y la preservación de los valores familiares. Pero esta cruzada por los “valores” ha llevado a nuevas cotas de intolerancia y retroceso en el terreno de los derechos humanos.

Si el Estado (la ley, las cortes de justicia y el principio de autoridad) se constituyó para impedir la venganza, la ley que castiga la colaboración en Polonia con la pérdida del trabajo o con la prohibición para ejercer la profesión por 10 años no sólo es violatoria de derechos constitucionales y de tratados internacionales, sino que arroja la preocupante conclusión de que el Estado se ha convertido en un agente que canaliza el odio mayoritario contra una minoría. En aras de orientar cada vez más a Polonia hacia el catolicismo ultraortodoxo, el gobierno impulsa una ley para prohibir las charlas sobre homosexualidad en las escuelas, bajo pena de despido, multa y hasta prisión. "Si esa clase de aproximación a la vida sexual fuera promovida a gran escala, la raza humana podría desaparecer", advirtió el presidente Lech Kaczynski. En la sociedad civil polaca también se aprecia posiciones similares a las de su Ejecutivo. La derecha católica ha difundido en ella sus ideas radicales contra el aborto, los homosexuales y los musulmanes. También es común encontrar mensajes en la radio de corte antisemita que transmite la emisora Radio Maria, dirigida por sacerdotes.

La intención de todos estos esfuerzos de la Iglesia, gobiernos como el polaco y partidos afines es la de “defender” los valores cristianos para no desaparecer; aunque las metas del Vaticano son mucho más ambiciosas ya que espera influir en las autoridades y ciudadanos. Lanzar ofensivas y contraofensivas y no reparar en las causas de su propia crisis supone un grave error. Uno que lamentará seguramente cuando su estrategia contra el espíritu autónomo del individuo choque contra lo que ese espíritu no está dispuesto a renunciar.

En pocas cosas podemos estar de acuerdo los seres humanos, de ahí que la democracia sea la forma que comúnmente hayamos elegido para ventilar y discutir nuestras diferencias. El problema pasa cuando en Estados que se suponen o creen fundarse en el laicismo se cuela, de vez en cuando, los arrebatos de alguna religión. Esta invasión de la esfera pública y privada es grave cuando se imponen, sin reparar en las consecuencias, una serie de dogmas sobre toda la colectividad aun cuando parte de ésta no comulgue con “verdades reveladas”. Cuando lo sagrado “sacraliza” lo público tiende a corromperlo pues el sustento de aquello debiera ser la heterogeneidad y no lo homogéneo, o una cosmovisión única y pétrea de las cosas. A este fenómeno corrosivo se le llama politización religiosa, que se presenta en el momento que una institución eclesiástica hace política con el propósito de promover cambios sociales a través de la legislación. Cambios que sin lugar a dudas buscan afianzar o consolidar los fundamentos propios del dogma dentro de la sociedad.

La invasión del cuerpo estatal (de lo público) se realiza como la de un virus, es decir, como la de un microorganismo que se reproduce y alimenta de su huésped, en este caso, del Estado. La Iglesia, más parecida en este caso a un súcubo, tiende a recurrir cada vez más a este tipo de prácticas cuando estima que su poder o influencia sobre la sociedad disminuye o corre riesgo de diluirse. Sus constantes ataques sobre las bases de nuestra civilidad son prueba fehaciente de su tenaz resistencia a desaparecer. Dada su incapacidad para ajustarse a las transformaciones sociales, es decir, a los cambios, pretende frenar el inevitable avance de la ciencia y del secularismo por medio de todo tipo tretas y artimañas.

A raíz de la separación entre Estado y religión (debida en parte a León XIII) su participación en el poder ha menguado y sólo le queda buscar alguna grieta por donde inocularse. Estas grietas representan asuntos socialmente discutibles o problemáticas a las que el Estado y la sociedad civil no han podido abordar con determinación o no encuentran una solución definitiva, generalmente por la oposición de la Iglesia y sus partidos afines. Mientras existan esos espacios oscuros o intersecciones nebulosas la Iglesia verá en ellos una oportunidad para intentar dirigir o regular las conductas humanas.Esa particularidad de la Iglesia se debe a que es una institución política sin partido, que ha prescindido de dicha organización dado que inspira doctrinariamente a muchas de organizaciones partidarias y ha entablado, a lo largo del tiempo, alianzas con diversos actores políticos (dictadores, tiranos y déspotas) a cambio no alterar su participación en el poder.

Además posee otros mecanismos de presión para promover o llevar a cabo las reformas que pretende como las polémicas invocaciones de sus autoridades eclesiásticas o por medio de la educación."Los seres que no se adaptan tienden a extinguirse" según Darwin. Si la Iglesia sobrevive hasta nuestros tiempos se debe en parte a que en lugar de cambiar ha tratado de evitar que la sociedad cambie, ya que si ésta lo hace, necesitaría cada vez menos de los oficios de la institución que la condujo a unos de sus capítulos más oscuros (recordar la Edad Media).

No deja de llamar la atención que las acciones del Vaticano puedan calificarse de intromisiones de un Estado en otros. Esto porque la Santa Sede ha constituido un Estado Pontificio con presencia histórica, cultural y diplomática en diversas regiones del mundo. Así las cosas, las peligrosas ramificaciones de una religión que rivaliza con Estados nacionales y distintos sectores de la sociedad civil puede configurar un incidente que vulnere la soberanía, una de las premisas fundamentales de la modernidad.


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Historia de la religión: No esclavizarás, el mandamiento olvidado de Dios

El título de este trabajo explica de antemano cuál ha sido el mandamiento omitido por la divinidad cuando entregó las Tablas de la Ley a Moisés. Dicha omisión revela que los Diez Mandamientos fueron elaborados exclusivamente por seres humanos para ordenar su sociedad en base a normas básicas -la mayoría de ellas prohibiciones-, y no por un ser supremo como suele pensarse. Atribuir a Dios la creación de un cuerpo de reducido de preceptos (el Decálogo), aunque en el Antiguo Testamento hay muchos más, genera muchas incógnitas ya que no incluir en esa selecta lista un pronunciamiento acerca de la igualdad entre los hombres produce una contradicción doctrinal que ningún teólogo ha podido resolver. La contradicción aludida se presenta cuando Dios hace al hombre a su imagen y semejanza y se convierte en padre de éste. De ahí que si todos los hombres tienen un mismo origen en el halito divino no se explica cómo es que pudo reducir a unos a esclavitud; mientras otros tantos eran libres. Si Dios repudiaba la esclavitud de su pueblo en Egipto, debió repudiarla no sólo para Israel, sino para todo el género humano, porque de no hacerlo vulneraba los designios iniciales de dotar a los hombres de libertad (pues el hombre era la figura estelar de la creación y debía gobernarla), y de igualdad, toda vez que los hizo iguales entre sí, tomándose asi mismo como modelo.

El olvido de un mandamiento tan sagrado y esencial no puede ser casual. Su marginación a la vez que asombra revela que no pudo deberse al error de un ser perfecto, sino a la intencionalidad humana de asegurar un determinado orden económico y social. La omisión, grave como es, no puede ser obra de un Dios porque violaría inexorablemente su esencia. Esto puede apreciarse cuando advertimos que algunos mandamientos –en realidad la mayoría de ellos- son inferiores a “no esclavizar”. Así, por ejemplo, “no convertir al hombre en propiedad de otro” es muy superior a “no robar” porque el primero señala que todos los hombres tienen una misma condición y merecen respeto por el hecho de serlo; mientras que el segundo (el séptimo mandamiento en el catecismo católico) tiene un contenido exclusivamente patrimonial y prohíbe disponer de los bienes de otro, salvo que medie autorización. No se puede comparar una disposición patrimonial con una que sustenta nuestro sistema de derecho.

Tampoco es posible sostener que “no mentir” (o no decir falso testimonio, el octavo mandamiento), “no cometer adulterio”, que equivale a cometer un acto impuro, o pensar en cometerlo, así como “no codiciar bienes ajenos”, sean superiores a “no esclavizar” porque todos ellos proscriben conductas menos lesivas que someter a alguien. Incluso “no matar”, desde cierto punto de vista, es inferior a “no esclavizar” ya que el primero protege la vida, pero el segundo defiende una variedad más amplia de derechos pues incluye la vida, la libertad y la igualdad. “No esclavizar” cautela la vida humana porque impide que esta pueda ser objeto de comercio, es decir, ser reducida a un simple bien, en cuyo caso deja ser algo sagrado para entrar al universo de las cosas que pueden poseerse. La prohibición excluida del Decálogo (no esclavizarás) permite tener una vida digna y con posibilidades semejantes. Ninguna otra norma de los Diez Mandamientos defiende el valor la vida como lo hubiera hecho esa simple prohibición.

Demás está decir que tiene cualidades superiores a “santificar las fiestas” u “honrar tanto a padre como a madre”. Su lugar, si hubiese sido incorporada a esa exclusiva lista no debió pasar del tercer puesto entre todos los demás mandamientos. Por ello no es comprensible que Dios dejara de lado su inclusión como norma fundamental. Pero eso no es lo más grave o lamentable del caso pues en la Biblia, en el Pentateuco, para ser más precisos, hay reglas que permiten la esclavitud. Esto no es novedoso para cualquier entendido en uno de los textos más sagrados para una gran parte de la humanidad ya que era permisible tener esclavos de manera legítima y con la venia de Dios.

Con el advenimiento del cristianismo se trató de resolver doctrinariamente la omisión de no considerar a los hombres como iguales. Siendo benevolentes con quienes urdieron el monoteísmo en Oriente y Occidente se puede decir que el olvido fue subsanado en parte con la revelación de los Evangelios y la obra de los padres de la Iglesia, pero la cuestión no fue resuelta por varios siglos entre el nacimiento del monoteísmo judío y el arribo de la fe cristiana.

La severa omisión permite dilucidar un asunto de gran importancia para los teóricos de los derechos humanos ya que su fundamentación no puede basarse en el Decálogo toda vez que es un sistema que tiene profundas raíces patrimoniales antes que humanísticas. La prueba de ello es la defensa ardorosa de la propiedad que se desprende de la lista de prohibiciones que incluye. En esa relación se contempla “no robar”, “no mentir” y “no codiciar bienes ajenos”. Además de “no desear a la mujer del prójimo” (generalmente se desprende de la prohibición de tener pensamientos impuros). Ese último mandamiento entiende que la mujer, como propiedad del marido, recibe un tratamiento similar como cualquiera de sus bienes. Si no era esclava se encontraba en una condición muy cercana a la servidumbre porque Génesis 3:16 indica que el hombre (Adán) “se enseñoreara” sobre ella como castigo por haber ofrecido el fruto prohibido. En el Nuevo Testamento también se encuentran invocaciones similares pues Efesios 5:22 revela que la mujer casada está sujeta a su marido. El siguiente versículo, Efesios 5:23, dice que lo anterior es así “porque el marido es cabeza de la mujer”. Los demás hacen una analogía entre Cristo como cabeza de la Iglesia y el marido como testa de la mujer. La Biblia menciona la palabra “sujeta” en ambos casos, es decir, la Iglesia está sujeta a la autoridad de Cristo como la mujer lo está a la de su marido. El apóstol San Pablo dirigió esa carta, como muchas otras, para aclarar los alcances doctrinales de la revelación hecha por Jesucristo.

Ahora bien, “no mentir” o “no decir falso testimonio al prójimo” o faltar a la palabra es esencial para el sistema de contratación de la época en la que las transacciones se hacían de manera verbal. Un hombre valía tanto como su palabra empeñada que tenía como único garante a Dios. De ahí que resultara vital asegurar que lo que uno prometía iba a ser cumplido. El énfasis en la palabra del prójimo tenía connotaciones patrimoniales y en ello se fundaba todo el sistema económico, en los pactos o promesas hechas por los miembros de la comunidad. De la palabra dependía pues toda la confianza que uno depositaba en el sistema y en los individuos. Al no existir registros públicos, un sistema de garantías inmobiliarias o prendarias o modelos contractuales actuales, la única forma de hacer oponibles los pactos a terceros era por medio de la palabra, del compromiso inicial o la promesa. Eso era lo que obligaba a un judío de la antigüedad ante otro por sobre todas las cosas.

Tal vez, a manera de hipótesis, en la primera redacción de las Tablas de Ley Dios contempló originariamente “no esclavizar” como mandamiento, pero tras el enfado de Moisés por la adoración del becerro de oro y su vuelta a la cima del monte Sinaí borró su inclusión en la edición definitiva.

Un dato que no puede pasarse por alto es que dentro de la numeración más conocida de los mandamientos, la de Éxodo 20:1-17, el lector nota en el último versículo que la prohibición tradicional de “no codiciar los bienes ajenos” se extiende a la casa del prójimo y todo lo que hay en ella como su mujer, esclavos, animales, etc. En algunas biblias se ha modificado convenientemente la palabra “esclavos” por “sirvientes” o “criados”, porque tiene una connotación negativa y perjudicial para los valores judeo-cristianos. Sin embargo, a pesar esas argucias, queda muy claro cuál ha sido la intención del divino creador respecto al tratamiento de la esclavitud pues se la tolera e incentiva.

Las leyes sobre esclavos se ubican en el Éxodo y el libro de Deuteronomio. Las disposiciones bíblicas permiten tener esclavos hebreos y no hebreos por igual, así como mujeres y niños. También era admitida la venta de la hija como esclava. De esa forma el Dios que sacó de la esclavitud y servidumbre al pueblo de Israel avala un nuevo sistema de explotación humana. ¿Tiene sentido condenar la esclavitud en Egipto y no la padecida por otros hebreos o extranjeros a mano de los primeros? ¿Puede tener algún valor la vida bajo la revelación divina? No es muy difícil responder a ambas preguntas con sólidos argumentos en la mano.

Desde Abraham, con quien Dios hizo su primer pacto con el “pueblo elegido”, se puede apreciar la laxitud o actitud contemplativa de la divinidad hacia la esclavitud. Ese carácter luego es reflejado y positivizado (convertido en normas escritas) cuando sella una nueva alianza con Moisés. El caso del “padre de todas las naciones” es paradigmático pues poseía varios esclavos, entre ellos la egipcia Agar, con quien engendró a Ismael, del que se dice que luego nacerían las tribus errantes de la península arábiga. Lo importante de este encuentro con el patriarca radica en que era una buena oportunidad para eliminar cualquier controversia en torno a la naturaleza de la dignidad humana, es decir, para establecer la igualdad de todas las criaturas diseñadas a imagen del “hacedor”. Sin embargo, tal enseñanza nunca se produjo toda vez que su primer hijo, concebido por una esclava, no era digno de heredar su casa ni sus bienes. La falta de un hijo “legítimo” hizo que Abraham le reclamara a Dios por uno que nazca de su esposa Sara. Dios acude a Abraham y le consuela, y le dice en Génesis 15:4 que “no te heredara esté (por Ismael), sino un hijo tuyo será el que te heredará”. Así Dios establece diferencias entre hijos nacidos de una mujer libre y otra esclava, permitiendo por largo tiempo que unos hijos valieran menos que otros, mientras nuestras modernas legislaciones reconocen que ambos hijos tienen igual derecho a heredar. También resulta revelador un pasaje del mismo Génesis que relata la huída de Agar de Sara porque su presencia le afligía. Al ser hallada en el desierto por el ángel del Señor, éste le dice: “vuelve a tu señora y ponte sumisa bajo su mano”. Al nacer Ismael y al cabo de 13 años Abraham circuncidó a su primogénito, lo que podría entenderse que el hijo de su esclava estaba dentro del primer pacto, es decir, que mientras reconociese a Dios como su Señor tendría numerosa descendencia y tierras. Pero no es así, ya que si bien Dios se encargará de “multiplicar su descendencia” y "hará de él una gran nación”, estaba excluido pues la divinidad manifiesta que “establecerá su pacto con Isaac”. A la postre eso significó que Ismael y su madre fueran expulsados por órdenes de Dios.

La forma de discriminar a la mujer, la otra mitad de la población mundial, también se advierte en la manera como fue concebida la esclavitud. Así, entre hombres y mujeres no hay equivalencias ni cuando son esclavos pues “la mujer no puede recuperar la libertad como los varones”. El varón hebreo adquirido puede salir al séptimo año de servicio sin pago alguno; en cambio la mujer vendida no podía recobrar su autonomía. Aunque en Deuteronomio 21:12-18 se señala que es posible dejar en libertad a la esclava hebrea al séptimo año. Lo que da lugar a una evidente contradicción. La forma de solucionarla para algunos consiste en determinar si la mujer comprada como esclava se casa con su amo, en cuyo caso pierde su condición de esclava. Otra manera de resolver la controversia consiste en que si la mujer fue adquirida para el trabajo recuperará su libertad en el año sabático.

En la regulación de la esclavitud la mujer no deja de ser una parte accesoria, es decir, corre la misma suerte de su marido. De tal modo que si el marido esclavo consigue su libertad, su mujer la obtiene a expensas de éste (Éxodo 21: 3). En el caso de que el amo le haya otorgado una esposa no hebrea, ésta no se libera inmediatamente ya que sigue en poder del amo judío, así como sus hijos.

Si bien este sistema permitía la liberación de los esclavos al séptimo año y podía parecer más condescendiente que otros de su época, tenía métodos o formas eficaces de perpetuar el servicio del esclavo pues al no permitir la liberación de la esclava no hebrea casada con el liberto y de sus hijos, éste podía preferir la sumisión indefinida a su amo que estar lejos de su familia. Esa simple regla, muy perversa por cierto, doblegaba cualquier espíritu o deseo emancipatorio en el esclavo toda vez que deshacerse de los vínculos afectivos establecidos con su mujer e hijos era muy difícil. Si optaba por su independencia podía trabajar para pagar el precio de la liberación de su esposa e hijos y durante ese tiempo tenía el derecho de visita a su cónyuge.

Otros esclavos, los no hebreos, no eran liberados al cumplir el sexto año aunque se les permitía comprar su libertad. En Levítico 25:40- 47 encontramos un ablandamiento de la divinidad, que por fin reflexiona sobre la cruel naturaleza de la esclavitud, pues al percatarse de que sacó a su pueblo de Egipto (por su terrible padecimiento) determina que ningún hebreo será vendido como esclavo. Esa limitación no era extensiva a los demás pueblos ya que Dios permite tomar como esclavos "a las gentes de los alrededores". Siempre que sean extranjeros se puede comerciar con seres humanos y sus hijos. Como son pertenencias se pueden dejar en herencia para siempre. Sólo los hijos de Israel tienen derecho a ser libres porque Dios, quien los liberó del yugo de Egipto y les entregó la tierra de Canaán se considera el único al cual deben eterna servidumbre.

En cuanto a los hebreos, bajo la autoridad de las Escrituras éstos podían caer en la esclavitud con motivo de un crimen o una deuda. Condición de la que podían salir previo pago de sus obligaciones. Era común que un pariente hebreo rescatara a otro y pagara a un extranjero por su liberación. El rescate convertía en deudor al liberado de manera automática. Al séptimo año era liberado como era costumbre.

No hay forma de justificar la esclavitud por parte de Dios; aunque sí para los antiguos hebreos cuyo sistema económico dependía de la mano de obra esclava para arar los campos, cuidar a los animales y realizar labores en la casa de su señor. Tampoco es admisible que Dios avale la renuncia de la libertad que hace el esclavo que desea permanecer bajo mandato de su amo. Este es el caso de aquél que resuelve ante los Jueces del Templo mantener su condición de esclavo “por amor a su amo”. La Biblia dice que la decisión debe ser voluntaria, pero no por el hecho de serlo Dios deba avalar cosa semejante pues el suicidio también lo es, es decir, una determinación voluntaria, y no por ello se ve legitimado. La renuncia a la libertad es la renuncia a la condición humana misma y eso no puede ser consentido por Dios. La libertad es una cualidad esencial de la especie y fue la primera de todas las que supuestamente Dios concedió al hombre (para darle nombre a las cosas y dominarlas), por ello no es comprensible que se admita con tanta facilidad que Dios desconozca el principal atributo de su creación. O que permita que el hombre le asigne tan escaso valor luego de haber luchado contra Egipto por causa de su liberación. El hombre está en su derecho de hacer lo que desee con su libertad, sin embargo, no todo lo que haga, como renunciar a la misma, puede contar con el asentimiento divino. Desde esa perspectiva, renunciar a la libertad es equiparable a renunciar a la vida toda vez que ambas niegan valores fundamentales de la especie.

A los esclavos que negaban su condición humana para servir eternamente a sus amos se les deformaba la oreja, como si fueran ganado, es decir, se la horadaban para indicar que perdían el derecho a tener una voz. La marca se hacía en una parte visible para que los demás supieran que el sujeto pertenecía a alguien. Su significado, además de identificar al esclavo con un amo, indicaba que el esclavo sólo escucha y recibe órdenes de su señor, esto es, que ha dejado de tener voluntad propia y de contar como un individuo.

No deja de sorprender que algunos sustenten la esclavitud bíblica como consecuencia de que el hombre haya renegado de Dios. Es decir, de su alejamiento de las enseñanzas de las Escrituras cuando éstas precisamente justifican el tráfico de seres humanos. La esclavitud no es producto del pecado, sino de un sistema económico que dependía de la fuerza de tracción humana y de su intelecto para realizar tareas que bajo otro modelo jamás podrían realizarse (por lo menos no en aquel tiempo). Sin la mano de obra de esclavos y siervos muchas obras arquitectónicas de la antigüedad jamás se hubieran erigido. Todas las culturas del pasado requerían echar mano de otros para construir sus colosales infraestructuras, por ello diseñaban a la par sistemas “jurídicos”, “religiosos” y “morales” bajo los que era permisible legitimar la explotación del recurso humano. Incluso algunos filósofos griegos como Platón y Aristóteles legitimaban la esclavitud para que el estrato social más bajo se encargara exclusivamente de las labores productivas. Platón elaboró su “República” sin detallar funciones específicas para los esclavos. Algunos teóricos opinan que la constitución de su modelo republicano derogaba la esclavitud, pero no puede ser posible porque una destruir institución tan arraigada tendría que hacerse de manera expresa. Aquí hay que mencionar que lo que diseñó Platón fue un sistema político y no uno económico, uno que a su juicio intentaba resolver las intensas disputas humanas. Ello no implicó en ningún momento eliminar o sustituir una institución económica y social tan importante como la esclavitud. El estagirita, por su parte, sostenía que los esclavos resultaban un medio necesario para el buen gobierno de la polis y la familia pues son instrumento imprescindible para conseguir lo necesario. Servían al ordenamiento de una sociedad especializada y dividida en clases. El caso de los ilotas (laconios y mesenios) en Esparta retrata perfectamente la situación por aquel entonces (y porqué la sociedad espartana fue una de las más estables de la historia, sin golpes de Estado o conspiraciones, salvo por los levantamientos de los mismos ilotas).

Si la esclavitud fuera comprendida y aceptada mansamente como un castigo no se entiende como el primer réprobo, luego de sus padres, Caín, recibiera de Dios la marca o el signo bajo el que nadie podía herirle de muerte. En vez de ser condenado severamente Caín multiplicó por mil su descendencia. En cambio un hombre justo como José, vendido por sus hermanos, conoció la esclavitud en Egipto sin haber cometido crimen alguno.

La validez de la práctica de la esclavitud conlleva a recurrir a la fuerza, esto es, a maltratar al semejante o mutilarle si desobedece las órdenes de su amo, o mejor dicho, si no cumple sus caprichos. Aunque el maltrato excesivo, en el caso de la Biblia, da lugar a la libertad del esclavo. Sólo en caso de muerte del esclavo el amo puede ser “castigado”. “Pero si sobrevive por un día o dos, no será sancionado, porque es de su propiedad” (Éxodo 21:20-21). La vida relativizada de esa manera por una religión monoteísta no puede ser fuente de moral alguna o de enseñanza valiosa.

No se sabe a ciencia cierta si el castigo que sufre el amo que mata a su esclavo es la muerte. Levítico 24:17-21 dice que “quien hiera de muerte a cualquier persona sufrirá la muerte”. Eso sería factible en el caso de que el asesinado fuera hebreo, es decir, una persona libre, pero no un esclavo cuyo estatus es distinto. El “ojo por ojo” podría indicar que si se toma una vida habría que compensarla con la propia.

El legado bíblico sirvió en su oportunidad de fundamento para justificar el comercio de esclavos africanos en las colonias americanas. En las prédicas de Bartolomé de las Casas a favor de su tráfico indiscriminado y la contratación de chinos en la costa oeste de Estados Unidos y las haciendas costeñas de Sudamérica no hay mucha diferencia. Los segundos llegaban al Nuevo Mundo como siervos en el mejor de los casos pues las estipulaciones de sus contratos permitían su sobreexplotación en los campos y otras tareas manuales cuando el comercio de esclavos africanos se ilegalizó a mediados del siglo XIX. La decadencia de ese negocio favoreció la trata de orientales durante décadas.

No haber establecido la igualdad entre los hombres a su debido tiempo produjo una serie de barbaridades que hoy lamenta la humanidad. Esto fue así porque la religión monoteísta dio amplio fundamento teórico a esa deleznable práctica y no condenó el comercio de seres humanos cuando debía, es decir, en el momento que Dios dictó los mandamientos a Moisés.

El pacto en el Sinaí más que constituir y ser fuente de un sistema jurídico elogiable, supuso un régimen de opresión que inspiró otros tantos sistemas represivos. La lectura del Éxodo no debe quedar agotada en la salida del pueblo judío de Egipto, sino en el análisis exhaustivo de sus normas, muchas de las cuales no pueden considerarse como sustento real de los derechos humanos. Frecuentemente se piensa que los Diez Mandamientos dan soporte filosófico a una de las mayores conquistas de la humanidad: la creación de derechos universales. Las fuentes de los mismos son variadas y múltiples corrientes de pensamiento han intervenido en su constitución. Los derechos humanos no son fruto aislado de una sola doctrina y por ello se nutren por igual del iusnaturalismo, el positivismo, el humanismo, el derecho natural, etc. aunque no en sea en ese orden.

Cabe reconocer, que duda cabe, los aportes de la Escolástica y la Patrística en la generación de normas generales que indagan sobre la condición humana. El cristianismo subsana en parte el error o los vacíos de Dios al equiparar al prójimo con uno mismo (más adelante veremos por qué no es tan cierto). Aquello revela un súbito cambio de pareceres en la divinidad pues la religión que nació de un predicador en Judea se dirigió a los marginados de la sociedad de su tiempo, es decir, los esclavos, leprosos, prostitutas y desposeídos. La nueva orientación de las Escrituras (el Nuevo Testamento), que centra su mensaje en los excluidos de los anteriores pactos, da a entender que Dios ha cambiado. Esto es, que no puede ser el mismo que se reveló en la zarza ardiente a Moisés. La sutileza de su transformación indica la insuficiencia de su primer mensaje pues con la llegada del Mesías corrige, aunque no del todo, la grosera omisión acerca de la igualdad entre los hombres. Un Dios que cambia tanto, aunque sea para bien, genera algunas sospechas sobre la naturaleza de su divinidad pues no ofrece ninguna garantía para juzgar las acciones humanas.

El valor del ser humano reside en su dignidad, esto es, en su libertad e igualdad. Cuya atribución es inherente a cada uno desde el nacimiento. Esta noción de la condición humana debió ser incorporada en el Decálogo, en la revelación divina, ya que como tal no puede ser incompleta. Si Dios se dirige al género humano no puede hacerlo en términos ambiguos pues dos de sus características son su universalidad y perfección. De ahí que no pueda ser perfecto un sistema normativo que desconoce la igualdad entre los hombres y al mismo tiempo autoriza su explotación.

Gracias al “olvido” de Dios, la humanidad tardó demasiado en reconocer la dignidad del hombre. El costo fue enorme en guerras, movimientos de liberación, corrientes abolicionistas, etc. Los procesos independentistas en América y guerras civiles como la norteamericana se valieron de la abolición para reclutar esclavos bajo la promesa de liberarles luego de prestar servicio armado. En Reino Unido se elaboraron las primeras doctrinas abolicionistas que tuvieron acogida en Estados Unidos. En 1833 se aprobó el Acta de abolición de la esclavitud, que entró en vigencia el 1 de agosto de 1834. Así, en todas las colonias británicas quedaban libres todos los esclavos. En Estados Unidos la prohibición no pudo hacerse efectiva en 1863 porque la Guerra Civil concluyó dos años después (en 1865). Sin la finalización del conflicto no era posible conceder la libertad a los esclavos puesto que en los estados del sur defendían la esclavitud.

Aquí hay que partir de la premisa que sin igualdad no hay libertad y viceversa. O que la igualdad entre unos pocos impide la libertad de todos. La igualdad como tal alude al trato que debe merecer cada persona. Es por eso que un sistema que no la reconoce como lo que es o que admite su vulneración no puede calificarse como fuente de los derechos humanos.

El no reconocimiento de esa dimensión de la persona ha producido la mayoría de violaciones registradas a lo largo de la historia. El origen de nuestras normas fundamentales ha tenido que ver con los arreglos y ajustes que hemos hecho desde nuestra evolución. La justeza de las mismas radica en su conveniencia racional para asegurar la paz entre los miembros de una comunidad. Si recurrimos a un “garante supremo” fue para darles solidez, universalidad, pero sobre todo, ineludibilidad, ya que la idea de Dios asegura que su inobservancia será de todas maneras sancionada.

A la luz de lo expuesto resulta difícil pensar que la supuesta “Alianza” entre Dios y el ser humano manifestada en los mandamientos pueda expresar alguna ética. Esto debido a que las Escrituras no condenan la esclavitud. En vez de proscribirla de raíz, el texto sagrado da instrucciones sobre cómo tratar a los esclavos, legitimizando la esclavitud. Esta práctica degeneró luego en el sometimiento del extranjero pues inicialmente un hebreo podía ser comprado como esclavo. Así se dio sustento a la esclavitud originada en la raza del sometido tal como lo señala Levítico 25:40- 47.

Apelar a que el contexto histórico de la época permitía la esclavitud podía absolver, de algún modo, a los hombres de aquel tiempo, pero no a la divinidad, pues ésta tenía el deber de entregar las normas fundamentales a la comunidad. Es decir, la obligación de elaborar una verdadera compilación de reglas que revelara la dignidad del hombre y no una que la pisoteara. Por eso la tolerancia de la esclavitud y su fomento en el Antiguo Testamento es perturbadora no sólo si es comparada con la modernidad, sino que un Dios sea capaz permitirla.

Hoy esa práctica es considerada como uno de los peores crímenes que puede soportar la humanidad al par del genocidio. Su erradicación ha sido posible en la mayor parte del planeta gracias al reconocimiento de la dignidad de la persona y de la labor de cientos de pensadores y activistas que abogaron por una sociedad igualitaria, en el mejor sentido de la palabra. Siendo una sola especie no existe tal cosa como la raza. No hay modo de justificar la inferioridad del otro basado en su color, su tamaño u otras características físicas.

El Nuevo Testamento, la parte cristiana de la Biblia, tampoco está exento de críticas toda vez que defiende la esclavitud. Esto se puede apreciar en los seguidores de Cristo, esto es, los apóstoles que le sobrevivieron y San Pablo pues hicieron invocaciones dirigidas a los esclavos a fin de mantenerse fieles a sus señores. En Efesios 6: 5-9, conmina a servir “a sus amos terrenales con temor y temblor”. Y añade San Pablo, en Efesios 6: 6, que servir al amo de corazón “es hacer la voluntad de Dios”. En Efesios 6:9 se manifiesta una contradicción pues a la vez que el apóstol Saulo indica que Dios es señor de amos y esclavos; en la parte final del versículo sostiene “que para él (Dios) no hay acepción de personas”. ¿Si no hay diferencia por qué permite esas distinciones entre unos y otros, es decir, entre amos y esclavos? ¿Si en principio tienen el mismo valor para Dios en el cielo, por qué no evidenciar esa misma condición en la tierra? Deja mucho que desear la forma en que se compatibiliza la esclavitud con la prédica de los Evangelios. En Colosenses 4:1 se advierte a los amos que sean “justos” con sus esclavos. No se entiende cómo una religión que debía “redimir” al mundo de sus “pecados”, esto es, una confesión universal, sólo haya postulado la igualdad espiritual, pero no corpórea, esto es, física o material en la obra de Dios.

Algunas interpretaciones que defienden esa postura (del cristianismo) señalan que haber apostado por la abolición de la esclavitud hubiera enervado los ánimos de una sociedad acostumbrada a someter a sus semejantes, en otras palabras, que una lección de esa profundidad hubiera alterado el orden social y generado caos. Como la esclavitud estaba muy extendida en tiempos del Imperio Romano, aproximadamente un tercio de la población vivía en esas condiciones, un lenguaje “subversivo” que apelara por la liberación de los esclavos hubiese sido muy impopular, esto es, que le hubiera costado mucho al cristianismo poder convencer a las élites y comerciantes con su mensaje. Todas las culturas antiguas en mayor o menor grado dependían de la mano de obra esclava. No creemos que sea posible pensar que las clases más adineradas y poderosas de Roma hayan concebido despojarse de los enormes beneficios que reportaba la tenencia de esclavos. Resulta utópico, sobre todo en aquella época, que renunciaran a grandes privilegios emancipando a los esclavos pues con ello no sólo afectaban sus riquezas personales, sino al sistema económico en general que requería aquella explotación.

Más allá de estas apreciaciones es justo reconocer que el cristianismo colaboró a la desmantelación de la práctica de la esclavitud. El mensaje evangélico fue decisivo para posteriores justificaciones doctrinales. Aunque la falta de una condena expresa y algunas contradicciones en los escritos de los fundadores de la Iglesia posibilitaron la esclavitud de otros pueblos por un largo período. Sin embargo, a pesar de lo anterior, no puede ignorarse que en Lucas 6:31 se diga que hay que tratar a los demás de igual forma como quisiéramos que nos traten a nosotros. Ese versículo exhorta claramente a la igualdad.

En tiempos romanos se produjo una gesta de la que se pudo aprender mucho: la rebelión de Espartaco, gladiador que encabezó un levantamiento armado contra Roma logrando un par victorias importantes, pero finalmente fue derrotado en el año 73 de nuestra era. Las lecciones que se pueden obtener de ese alzamiento se deben a que no estuvo sustentado en “valores” religiosos, sino en la toma de conciencia de ciertos individuos acerca de su condición. Ese hecho revela que no era necesario tener ideas preconcebidas sobre la naturaleza humana provenientes de una religión, sino que el hombre por sí mismo estaba en capacidad de descubrir su dignidad. Así, el movimiento del esclavo tracio se convirtió en un símbolo para el resto de empresas abocadas a luchar contra la esclavitud.

Otra valiosa enseñanza de la sublevación mencionada está relacionada con la caída de Roma pues deterioró el sistema esclavista romano a tal extremo que redujo la producción agrícola, uno de los pilares de su economía junto con el comercio. En esa época surge un antecedente directo del trabajo de los siervos europeos en los feudos pues los latifundistas latinos instituyen el colonato, que era una forma en que los esclavos trabajaban la tierra a cambio de una parte de la cosecha. Esa era la manera que encontraron los terratenientes para no desatar las iras de los esclavos, es decir, compartiendo parte de la producción con el esclavo. Si alguien piensa que era eficiente el sistema esclavista está en un error porque sólo trabajaban las clases sociales más bajas, mientras el resto (la aristocracia) llevaba una vida parasitaria. Algunas ideas sobre la desvalorización del trabajo se originaron en aquel tiempo ya que las clases altas no laboraban. El cristianismo dignificó luego el trabajo pues Cristo y sus apóstoles tenían oficios antes de comenzar su prédica. La obra de los Padres de la Iglesia y las encíclicas papales contribuyeron de igual modo a revalorizar las actividades productivas humanas, a pesar de que inicialmente el trabajo pudo considerarse un castigo ya que se originó a raíz de la desobediencia de Adán y Eva (ver Génesis 3: 17-19) .

Los Diez Mandamientos, a pesar de sus omisiones y controvertidos contenidos, establecieron una escala valorativa de normas, es decir, un sistema de jerarquías que fue imitado por el jurista austriaco Hans Kelsen para construir su pirámide normativa, que comúnmente se conoce como la “pirámide de Kelsen”. Dicha pirámide ubica a la Constitución (inspirada en una norma fundamental de carácter trascendental) por encima de todas las demás reglas. Detrás de ésta se halla la ley y así sucesivamente hasta la norma de inferior rango. A esta escala se agrega la compatibilidad de todas las normas con la Constitución. Lo que implica que no puede haber contradicción con la regla suprema porque ello implica la expulsión automática de la norma que la objeta. De esa lógica se parte (de la kelseniana), para advertir la incoherencia que existe entre Dios y su respaldo a la práctica de la esclavitud. Hay un contrasentido evidente ya que, por su perfección, la divinidad no puede consentir que se regule una institución tan inhumana. Un texto que se dice “sagrado” no puede servir para reducir la condición del hombre a la de una cosa capaz de ser poseída por otros.

Kelsen, al desarrollar el fundamento de validez de los órdenes jurídicos, indica que la validez de una norma está dada en virtud de su fondo o contenido. De ahí que resulte espurio o antinatural considerar el tratamiento bíblico de la esclavitud como emanado de Dios. Tal regulación sólo puede ser atribuida a la labor de los hombres de la antigüedad, así como todas las demás normas contempladas en el Decálogo. Es decir, son fruto del tipo de diseño social pretendido por los individuos de aquel tiempo, para quienes la esclavitud era esencial para el desarrollo de las actividades productivas.

No hay bondad alguna en la esclavitud y el propio rey Salomón lo reconoce en Eclesiastés 8:9 pues luego de haber observado atentamente las costumbres humanas vio que el hombre “se enseñorea de otros para mal de éstos” (o que el hombre ha subyugado a otros para su perjuicio). Al dictar leyes para “proteger” a los esclavos de malos tratos lo único que se hizo fue legitimar esa institución (la esclavitud) y crear un mercado de esclavos. Es nocivo de por sí positivizar (convertir en normas escritas) la forma en que debe ser tratado un esclavo o cómo y cuánto hay que pagar por su rescate (liberación) pues todo ello acentúa su práctica. Como “paliativo” es peor que la enfermedad. Aquí hay que notar que la condición humana se convierte en mercancía o moneda de cambio para saldar deudas, lo cual es inadmisible. Permitir que otro ser se convierta en esclavo como medio de pago contribuyó a depreciar el valor de la vida humana. Esto tuvo repercusiones en la forma como se fueron desenvolviendo las relaciones laborales en un sentido negativo. Si durante la Revolución Industrial se desvalorizó la condición de los obreros fue debido a nociones antiguas como ésta que redujeron al ser humano a una simple mercancía.

¿Si no era propósito de Dios que la esclavitud tomara parte en las relaciones entre los hombres, por qué la contempló impunemente? La respuesta, parafraseando la obra “Julio César” de Shakespeare, no se halla en las estrellas (la divinidad), sino en nosotros, es decir, en la economía. Razón tenía Karl Marx en que la estructura (las condiciones económicas), determinan la forma de articulación social. En otras palabras, que la manera en que se organiza la producción influye en la composición de las leyes, la política, la religión, la cultura, etc. Esto es fundamental porque implica que son los sistemas económicos los que crean a Dios y toda la reglamentación religiosa que se desprende de su autoridad. A partir de esa interpretación, sin ser marxistas, puede comprenderse que el sistema esclavista haya surgido y prosperado hasta su abolición. Todo ha estado al servicio, incluido el propio Dios, a los dictados del sistema económico, el cual siempre se impuso, y cuando no pudo hacerlo por medios pacíficos protagonizó revoluciones y cambios decisivos en la historia de la humanidad. Sólo hay que recordar como llegó a establecerse la usura o como los burgueses promovieron la Revolución Francesa para acabar con el ineficiente sistema de privilegios que favorecía a la monarquía y las élites eclesiásticas.

Dada su antigüedad, la redacción de los Diez Mandamientos, como compendio legal más conocido, puso por escrito permisos y prohibiciones universales. Dicha compilación no es exclusiva del pueblo judío pues sólo registra viejos arreglos de convivencia que las primeras sociedades humanas ya habían incorporado a su sistema de valores. El registro de prohibiciones como “no matar” o “no robar” es común a todos los sistemas legales conocidos por más primitivos que estos sean. No hay pues cultura en el mundo que no haya contemplado la adopción de principios semejantes para ordenar su sociedad. Lo paradójico es que a pesar de semejantes prohibiciones el hombre no ha dejado de matar, muchas veces en nombre de sus dioses.

No debemos permitir bajo ningún motivo que la igualdad sea banalizada aunque se trate de “Dios” o de interpretaciones “benévolas” de la esclavitud. A decir del filósofo español Fernando Savater, la igualdad ha sido sustituida por la diversidad, que a su entender ha producido una confusión de contenidos pues “la verdadera riqueza humana es la de los parecidos, gracias a lo cual podemos hablar los seres de distintas culturas, de distintos sexos, de distintos países, de distintas razas. La riqueza humana es nuestra semejanza y no nuestra diversidad”.

¿Second life? ¿O segunda muerte?

10.6.07

¿La Reserva Moral en el mundo virtual?


Second Life (SL), cuya traducción sería “Segunda Vida”, es un mundo virtual 3D de interacción social creado por Linden Lab y fundado por Philip Rosedale. Es un mundo que está distribuido en una amplia red de servidores y que puede ser jugado a través de Internet. Este programa proporciona a sus usuarios o “residentes” herramientas para modificar el mundo y participar en su economía virtual, que opera como un mercado real. Existe asimismo una versión para adolescentes, Teen Second Life para permitir el acceso a jugadores de entre 13 y 17 años. Esta versión fue desarrollada a principios de 2005. La media de edad de los residentes de este mundo virtual es de 32 años.
Second life da la oportunidad de reinventarse a uno mismo. Para existir en SecondLife es necesario crear una figura virtual tridimensional o avatar.


Hitos
El 18 de octubre de 2006, Second Life alcanzó el millón de cuentas de usuario.
El 15 de diciembre de 2006 llegó hasta los dos millones de cuentas de usuario.
El 16 de diciembre de 2006 se lanzó una nueva versión que incluía el español como idioma (se cambia el idioma en la pantalla de "Preferences", pestaña "General").
El 8 de enero de 2007, Linden Lab anuncia la distribución libre del código del programa cliente de Second Life bajo licencia GPL versión 2, permitiendo con ello a la comunidad del software libre participar en el desarrollo de Second Life.
El 10 de marzo de 2007, el sitio web oficial de Linden reporta más de 4.500.000 "residentes"
El 17 de marzo Esmusssein se convierte en el primer grupo Español en actuar en directo en Second Life.
El 24 de marzo de 2007, Paloma Sainz candidata del PSOE a la Alcadía de Oviedo abre la primera sede virtual de un partido político en España.
El 14 de Abril del 2007 dos políticos franceses distribuyeron sus mítines en Second Life, que ya habría alcanzado los más de 5 millones de usuarios.
El 18 de Mayo de 2007 incendian las sedes viruales en Second Life del PSOE en Oviedo y el PP en Gijón.

Second Life como metaverso
Second Life es uno de varios mundos virtuales inspirados en la novela de Ciencia ficciónSnow Crash”, de Neal Stephenson y el movimiento literario “Cyberpunk”. Sería un mundo creado por sus usuarios en el que la gente pudiera interaccionar, jugar, hacer negocios y, en definitiva ,comunicarse. Tiene varios competidores entre ellos Active Worlds, There, Entropia Universe, Multiverse y la plataforma de código libre Metaverse.

Costes
Actualmente puede jugarse a Second Life con una cuenta gratuita. Sin embargo para poseer tierra y poder construir en ella es necesario crear una cuenta de pago, cuyo coste oscila entre 6 y 9 dólares estadounidenses mensuales, además de comprar los terrenos necesarios para la construcción. Poseer terreno concede el privilegio de construir más objetos, pero incrementa el coste mensual a pagar a Linden Labs. 512 metros cuadrados de terreno extra incrementaría la tasa mensual en 5 dólares. Mantener una isla de uso exclusivo de 16 acres (unos 64.000 metros cuadrados) a 195 dólares mensuales. Estos precios son anteriores al 15 de noviembre de 2006, fecha a partir de la cual el mantenimiento de las islas privadas cuesta aún más, hasta los 295 dólares mensuales. Al dia de la fecha los costos siguen en aumento, dada la alta popularidad entre sus.

Vida cultural
Second Life también tiene una agitada vida cultural, es habitual encontrar exposiciones y asisitir a conciertos. Suzanne Vega o U2 son algunas de las propuestas musicales que se dejaron ver por Second Life pero al margen de artistas con gran infraestructura económica, grupos musicales independientes son capaces de encontrar un hueco para promocionar su actividad por ejemplo, el día 17 de marzo de 2007 Esmusssein se convirtió en el primer grupo español en actuar "en directo" en el universo de Second Life.

Actividad política
Gaspar Llamazares, coordinador de Izquierda Unida tiene su propio personaje de Second Life y la delegación del PP en Castilla - La Mancha cuenta con una oficina electoral aunque la primera política española en tener personaje y sede en este medio fue la candidata del PSOE a la alcaldía de Oviedo, Paloma Sainz
En mayo de 2007 un usuario de Second Life bajo el nick de Iulius Carter [1] convocó una manifestación virtual frente a la sede del PSOE antes mencionada en protesta por la política (en el mundo real) del Gobierno de España de conceder la excarcelación al etarra De Juana Chaos. Esta manifestación se celebró con cierto éxito de asistentes entre el 14 y el 20 de mayo, con diversos incidentes y polémicas hasta que los cabecillas fueron baneados del primer lugar propuesto para su celebración, tras lo cual han propuesto otros lugares de concentración y la actividad frente a la sede del PSOE ha ido disminuyendo.
El 16 de mayo de 2007 Ciutadans-Partido de la Ciudadanía abre su sede virtual en Second Life coincidiendo con la campaña electoral de las municipales 2007. La candidata a la alcaldía de Barcelona por C's, Esperanza García, da su primer mitin en esta sede el 26 de mayo de 2007.

Zonas hispanohablantes
Al iniciar Second Life, apareces en una isla tutorial con gente de todo el mundo que empieza. A diferencia de otros juegos, no se puede cambiar de servidor para ir con los de tu lengua, sino que hay que conectarse a una isla del país que quieras. A continuación, una lista de las islas españolas:
La Isla
Ibiza

Curiosidades
En mayo del 2007 La policía alemana investiga a este mundo virtual ante la denuncia que realizo un periodista en una cadena de televisión de que algunos de sus miembros están pagando para mantener relaciones sexuales con niños virtuales. [1

La peculiaridad de los fondos 'hedge'

¿Hacia dónde vamos en América latina?

A lo largo de los últimos años hemos podido leer cientos de artículos sobre los fondos hedge. En la mayoría de ellos, periodistas, opinion makers líderes de opinión y especialistas han insistido, con poco acierto, en compararlos con los fondos de inversión tradicionales.

Muchos de los malentendidos sobre la inversión institucional en fondos hedge son consecuencia del intento de agruparlos en el mismo saco que los fondos tradicionales. Pero sin duda es más apropiado considerar este tipo de productos como negocios operativos, como cualquier otro negocio en el cual invertir. La principal diferencia es que estos últimos operan en un sector distinto de la economía: los mercados de capitales.

Por una parte, es lógico intentar comparar los hedge funds con los fondos de inversión tradicionales debido al cruce en algunos de los instrumentos que normalmente utilizan y también porque los fondos hedge buscan atraer fondos de terceros para gestionarlos.
Sin embargo, esta comparación nos puede llevar a pensar en los fondos hedge como inversores que también pueden vender a corto más que en gestores que gestionan los riesgos del mercado, que es en realidad mucho más preciso y más cercano a la realidad. Además, los fondos hedge utilizan más instrumentos, intercambian diferentes estrategias y tienen distintos objetivos de rendimiento y riesgo. Por tanto, creemos que cualquier comparación entre los fondos tradicionales y los hedge funds sólo puede llevar a confusiones y conclusiones equivocadas.

Al invertir en una compañía, el inversor depende de que el equipo directivo de la misma obtenga el máximo beneficio del capital disponible. Esta empresa puede aumentar su base de capital a través de diferentes operaciones como, por ejemplo, con una salida a Bolsa con el fin de obtener un mayor beneficio. Hipotéticamente, esta compañía podría ser descrita como un fondo de retorno absoluto, ya que busca el mayor beneficio como retorno al capital de los accionistas. Y al fin y al cabo, en la práctica, esto es un fondo hedge: un vehículo que busca obtener el mayor beneficio posible del capital disponible, muchas veces obtenido de fuentes similares a las que recurren las compañías tradicionales en otros sectores.

Los fondos tradicionales sí que invierten en acciones por su comportamiento a largo plazo pero no siempre esperan que la valoración del mercado de las acciones sea positiva ya que muchas veces éstas no son valoradas por su valor contable neto.

Se ha argumentado que en contraste con las acciones de una empresa el crecimiento de los fondos hedge no está vinculado con la economía real; sin embargo, el crecimiento tanto en el número de fondos hedge como en su rentabilidad depende principalmente del crecimiento de la economía ya que los mercados de capitales crecen con la economía, al igual que las acciones.
Por lo tanto, es más correcto comparar los fondos hedge con las compañías tradicionales en las que invierten los gestores tradicionales que compararlo con los gestores tradicionales en sí. La mayor diferencia entre los fondos tradicionales y los fondos hedge es que estos últimos se valoran por su valor neto contable y no por el valor actual neto de futuras ganancias (y el primero lleva menos riesgos). Los fondos hedge podrían considerarse en las carteras de renta variable como un sector aparte llamado mercado de capitales, fondos hedge o sencillamente sector financiero.

Los fondos de fondos hedge, por otra parte, son más comparables con el gestor individual convencional ya que ambos seleccionan fondos o compañías y, debido a su especialización, justifican los fees comisiones relacionados con sus resultados.

"América latina tuvo muchos inmigrantes europeos en el siglo XX y no los trató mal"

Economista peruano reflexiona en torno al problema de empleo en foro mundial para el G-8.

Berlin (01/06/07).- Buscando resaltar la importancia de luchar contra los problemas que viven los inmigrantes latinoamericanos, principalmente jóvenes, en países desarrollados, y haciendo una remembranza sobre cómo se trató a los inmigrantes europeos que buscaban trabajo durante comienzos del siglo XX en América latina, el Prof. Limberg Chero de Perú empezó su intervención el foro de "Youth Action for Decent Work" (Acción de la Juventud para el Trabajo decente), que se desarrolla hoy, y mañana 02 de junio en Urania (Berlín, Alemania), con el objeto de ser fuente de recomendaciones para el Grupo de los ocho (conocido como G-8; y formado por Alemania, Francia, Gran Bretaña, Estados Unidos, Canadá, Italia, Japón y Rusia). El profesor Chero participa en dicho encuentro mundial en su calidad de investigador de temas económicos y su labor como monitor del mercado laboral para el Programa laboral de Desarrollo del país incaico.

Durante su exposición, describió la realidad de la economía laboral peruana y los esfuerzos en torno a su cambio, pero incidió en que para el cambio sea efectivo debe partir de una iniciativa global, en la cual ni Perú, ni Latinoamérica sola es suficiente; "...por lo que es importante que el G8, que se reunirá en Heiligendamm, tome conciencia que sus pronunciamientos a favor del empleo digno tengan la correspondencia en indicadores más efectivos para su control", indicó.

Además afirmó “...que la lógica de mercado obedece a los motivos que la alientan. Y esos motivos, tienen en la renta -visible o no en los estados financieros-; un aliciente fundamental para que la lógica del bienestar como elección de lo bueno; se reduzca, a una simple pericia pro utilidades”.

De otro lado, durante el debate de recomendaciones, presentó un pedido para que el G8 promueva la transparencia financiera de sus empresas con respecto a sus resultados financieros y ambientales en la región latinoamericana: “Necesitamos muchas cosas, las conseguiremos nosotros mismos; sólo necesitamos que nos ayuden (el G8) promoviendo un comportamiento de reporte (de resultados financieros), similar al que se exigen en sus países con las matrices (transnacionales del G8)”, anotó.

En dicha reunión también resaltó la participación de Mariangels Fortuny, de la OIT, quien se pronunció en torno a la importancia de su organización en el tema de trabajo decente,"... pues es la única institución global comprometida directamente con el tema", comentó. Durante las primeras horas del evento, participaron también Conny Reuter (Secretario General de Solidar), John Monks (Secretario General de la ETUC), Harlem Désir (Vice-Presidente del Global Progressive Forum), y Joseph Borell (Presidente del Development Committee y ex Presidente de la Comisión Económica del Parlamento europeo).

"Latin America had many European immigrants and we didn't treat them bad"

Youth Action for Decent Work

Youth Action for Decent Work - 66K

Youth Action for Decent Work Peruvian economist meditates around the employment problem in world forum of recommendations for the G8.

Berlin (June01/2007). – Prof. Limberg Chero from Peru spoke on Youth for Action Decent Work Forum that is developed today, and June 2 in Berlin (Germany), emphasizing the importance of fighting against the problems that latin american immigrants live, mainly young, in developed countries, and remembering that Latin America had european immigrants looking for work during beginnings of century XX,. This event will be source of recommendations for the Group of the eight (well-known like G8; and formed by Germany, France, Great Britain, the United States, Canada, Italy, Japan and Russia). Professor Chero participates in this world-wide forum because his work as researcher of economic subjects at Universidad de Piura and his occupation like monitor of the labor market for the labor Program of Development (PLADES) have relevance like young economist from a developing country. During his speech, he described the Peruvian labour economy reality and the efforts around their change, but he impacted that this change will only be effective if should be a global initiative "... for what is important that the G8, that will meet in Heiligendamm, becomes aware that their pronouncements in favor of the decent employment have correspondence with more effective indicators for its control", he indicated.

He also affirmed “...the market logic obeys the reasons that encourage it. And those reasons have in the rent - visible or not in the financial statements - a fundamental incentive so that the logic of the wellfare like election of the goodness decreases to a simple know-how for utilities.” During the debate of recommendations, he presented an order to G8 promotes the financial transparency of its companies with regard to its financial and environmental results in the Latin American region: “we need many things, we will get them ourselves; and we only need them to help us (the G8) promoting a report behavior (of financial results), similar to the one that are demanded in its countries with the headquarters (G8 transnational)”, he said.

In this meeting also participated Mariangels Fortuny, of the ILO, who was pronounced about the importance of their organization in the decent employment topic,"... because it is directly the only committed global institution with this topic", she commented. During the first hours of the event, they also participated Conny Reuter (General Secretary of Solidar), John Monks (General Secretary of the ETUC), Harlem Désir (Vice-president of the Global Progressive Forum), and Joseph Borell (President of the Development Committee and former President of the European Parliament's Economic Commission).

Peruano en corazón diplomático de Chile

Académico peruano expone sobre potencialidades de integración

El pasado 30 de mayo se realizó en el IEI una Cátedra Abierta y Virtual que presentó los avances de la investigación “Potencialidades de una integración real en la cuenca sudamericana del Pacífico: Ecuador, Perú y Chile. Retos a comienzos del siglo XXI”, desarrollada por la Universidad de Piura, Perú, en el marco del Convenio Andrés Bello.

La investigación fue presentada por el académico de la Unidad de Asuntos Internacionales de la Universidad de Piura, Perú, Limberg Chero Senmache, quién se explayó sobre la forma en que ésta intenta descubrir cómo han interactuado los procesos de integración en estos países con el escenario ideológico y político de su tiempo, además de los posibles efectos futuros.Al respecto, confirmó la importancia de conocer las transiciones actuales en la sociedad, en el territorio y en el Estado, de Ecuador, Perú y Chile, en el marco de la globalización y la integración continental, pues sería la única forma de seguir en la búsqueda del desarrollo de los tres países. Para ello, la Universidad de Piura desarrolla esta investigación a través de un análisis económico y antropológico, tomando en cuenta los procesos poblacionales, urbanos y de inversiones de rearticulación nacional de los territorios; las oportunidades estratégicas de cada país, las iniciativas para la Integración de infraestructura, y los tratados de promoción comercial y libre comercio por finalizarse.

Limberg Chero precisó que el comercio internacional empezó a mostrar las características actuales con la aparición de los Estados nacionales durante los siglos XVII y XVIII, y que con ello se definieron las condiciones de la división internacional de la producción, que explica muchos casos de especialización. Finalmente, evidenció la íntima relación que existe entre Comercio y Crecimiento. Aunque los teóricos npcoincidan necesariamente con respecto a su carácter positivo, para Chero es difícil encontrar evidencia seria que muestre que el libre comercio afecta negativamente el crecimiento de largo plazo.

Posteriormente, la abogada y académica de la Universidad de Chile, María Teresa Infante, realizó un análisis de las condiciones en que se desarrolla la integración en la zona. Para ello, destacó la diversidad de niveles y condiciones en que se desarrolla este intercambio, generando amplia transculturación. Afirmó también que estos procesos son difíciles de notar, puesto que los países viven a distintas velocidades, lo que dificulta el estudio de su impacto por parte de la Academia.

Finalmente destacó la importancia de los organismos no gubernamentales, como las iglesias y los centros deportivos, que favorecen un constante intercambio y mutua integración civil.

El Convenio Andrés Bello se desarrolla a través de la cátedra abierta de la Investigación “Integración, Paradiplomacia y Educación Superior”, coordinada en conjunto por la Universidad Arturo Prat, la Universidad de Chile y Universidad Nacional de Rosario, Argentina.

Contraferta sindical por Dow Jones

5.6.07

¿Ejemplo para latinoamérica?

El principal sindicato del grupo de medios Dow Jones ( que posee, entre otras publicaciones, al Wall Street Journal) anunció que está trabajando con el inversionista multimillonario Ron Burkle para lanzar una contraoferta por la empresa.

News Corporation, el conglomerado mediático de Rupert Murdoch, ya había ofrecido US$5.000 millones por el grupo, que edita -entre otros periódicos financieros- el Wall Street Journal.

Un vocero de la Asociación Independiente de Empleados de Editoriales (IAPE) dijo que el sindicato también se ha acercado al magnate Warren Buffett.

Ni Buffet ni Burkle han respondido aún al proyecto del sindicato.


"Diálogo constructivo"

Steven Yount, representante de IAPE, dijo que Burkle les comunicó estar "interesado" en trabajar con ellos para formular una oferta por Dow Jones.
Ron Burkle está dispuesto a conversar con IAPE.

Burkle, quien amasó su fortuna en el sector de los supermercados, era una de las partes que presentó ofertas sin éxito para adquirir el grupo Tribune, el año pasado.

Por su parte, Buffett anunció que era "muy, muy improbable" que hiciera propuestas por Dow Jones, tanto a título personal como a través de su compañía Berkshire Hathaway, principalemente porque la oferta de Murdoch es muy alta.

El IAPE dijo que está interesado en conversar con todos los inversionistas que muestren interés.

El WSJ seguiría "independiente"

Estos anuncios llegan el día después de que Murdoch se reuniera con miembros de la familia Bancroft, que controla el 64% de los votos de los accionistas de Dow Jones.

Tanto Murdoch como los Bancroft dijeron que el tono de las las conversaciones fue "constructivo", pero no dieron más detalles. No especificaron siquiera si la familia está dispuesta a vender.

Entre temores crecientes de que la jugada de Murdoch pudiera interferir en la redacción del Wall Street Journal, el empresario aclaró que piensa crear un "consejo editorial independiente y autónomo" para el periódico si su oferta es aceptada.

El principal índice de Bolsa en Estados Unidos lleva el nombre del grupo Dow Jones.



Señales de guerra por Dow Jones

La propuesta de adquisición de la corporación Dow Jones por US$5.000 millones, hecha por Rupert Murdoch, podría desatar una guerra de ofertas por el control del grupo dueño del influyente The Wall Street Journal.

Los principales accionistas no quieren vender.Analistas financieros de Estados Unidos señalaron que General Electric, propietaria de la red de televisión de noticias financieras CNBC, y el Washington Post, como posibles interesados en lanzar una contraoferta.

La sorpresiva propuesta de pagar US$60 por acción hecha el lunes por la empresa News Corporation, de Murdoch, disparó un aumento de 55% en la cotización de los valores de Dow Jones.

Sin embargo, el principal grupo de accionistas de esta firma con 125 años de tradición recalcó que se oponen a la oferta de adquisición.

Según se informó, la familia Bancroft le comunicó a la junta directiva de Dow Jones que bloquearían la oferta de Murdoch si ésta llega a discutirse.

Los Bancroft son propietarios de poco menos del 25% de las acciones de la firma, pero controlan más del 62% de los derechos de voto en la directiva.


"Un pez en el agua"

News Corp hizo "una oferta generosa" por Dow JonesDe llegarse a concretar la compra del grupo Dow Jones por parte de Murdoch, publicaciones como The Wall Street Journal y Barron´s se convertirían en familia de diarios sensacionalistas como The Post, de Nueva York, y The Sun, de Gran Bretaña, editados por News Corporation.

La corporación de Murdoch también edita el histórico The Times, de Londres, y es propietaria del canal Fox News estadounidense.

Uno de los accionistas de Dow Jones, Lawrence Haverty, explicó a la cadena de noticias financieras Bloomberg News que la oferta lanzada por News Corporation desatará una lucha en varios frentes por el control de Dow Jones.

"Dow Jones es como un pez en una laguna en la que hay tiburones nadando a su alrededor", indicó Haverty.

Las acciones de los grupos de medios rivales de Estados Unidos, como The New York Times y McClatchy Newspapers, también saltaron al conocerse la oferta de Murdoch.

Analistas del sector señalan que la adquisición de Dow Jones mejoraría los planes de News Corporation para lanzar un canal de noticias económicas a final de año, nuevo integrante de la cadena Fox TV.

Los candidatos demócratas debaten sobre su fe

Aunque en EE UU la religión está separada del Estado por la Constitución; no lo está de la política. La prueba de ello es que la mayoría de los ciudadanos estadounidenses desean que sus líderes sean religiosos. Esta particularidad de la política norteamericana puede jugar en contra de candidatos como Rudolph Giuliani, ex alcalde de Nueva York, por respaldar la práctica del aborto a pesar de ser un católico confeso.

La postura de Giuliani, quien lidera la intención de voto republicana, le ganó la reprimenda del obispo de Rhode Island, quien le calificó de "Poncio Pilatos" (el gobernador romano que sentenció a Jesús). Sus comentarios podrían costarle la ansiada nominación de un partido que se sustenta en sólidas raíces conservadoras.

Los asuntos de la fe siempre dominarán cualquier campaña presidencial estadounidense sin importar el partido que se trate. Estas elecciones, más allá de la guerra en Iraq o la economía, pueden inclinarse a favor del candidato que demuestre convicciones religiosas más fuertes que las de sus oponentes. Esto es así porque en Estados Unidos la religión es comprendida como una forma de patriotismo, es decir, que los valores que provienen de las creencias puritanas o evangélicas son los mismos que encarna y defiende el Estado. Es como si definieran o demarcaran la forma de vida norteamericana, esto es, la “american way of life”. Así, la identidad nacional en un pueblo de inmigrantes reposa en valores comunes que proporciona la fe cristiana. Esto ha desarrollado con el tiempo la visión mesiánica del liderazgo estadounidense, en otras palabras, el rol de los EE UU como “salvador del mundo” (de la democracia, la libertad, etc.).

Conforme EE UU se convertía en una gran potencia, ese papel comenzó a ejercerse en las dos guerras mundiales y subsiguientes conflictos internacionales. La “consolidación” se logró en parte con el derrumbe del comunismo a fines del siglo XX y de la adopción del sistema de libre mercado como "el único capaz de ofrecer desarrollo”. El optimismo y la fe en el progreso continuo condujo a la inevitable noción o sensación de un “fin de la historia” elucubrada por Francis Fukuyama, pero los nuevos desafíos globales del terrorismo internacional, del crecimiento acelerado de varios países emergentes (como China, India y Rusia) y el cambio climático, entre otros problemas, acabaron rápidamente con esas expectativas pues socavaron la capacidad de respuesta de la gran potencia estadounidense.

Hoy en día EE UU ya no puede imponer su agenda porque el mundo globalizado ha creado otros polos y contrapesos a su poder, aunque sigue ostentando el título de única superpotencia mundial.

Así las cosas, las elecciones presidenciales de noviembre de 2008 estarán condicionadas por el factor religioso. De ahí que los principales precandidatos demócratas hayan debatido exclusivamente sobre su fe para demostrarle a los electores cuán arraigadas son sus convicciones religiosas.

El ex senador John Edwards mencionó en Washington como la oración lo ayudó superar la muerte de su primogénito y el cáncer diagnosticado a su mujer. La senadora Clinton, por su parte, señaló que ella no hubiera podido resolver sus problemas maritales sin su fe en Dios. En clara alusión a la infidelidad de su marido, el ex presidente Bill Clinton.

El tercer debate entre Clinton, Obama y Edwards, quienes encabezan las preferencias de los votantes demócratas se produjo en uno de los auditorios de la Universidad George Washington y fue televisado por la CNN. Los tres se definieron como “caminantes o viajeros de la fe”.

La senadora atribuye a su fe haber permanecido al lado de su esposo durante los peores momentos de su presidencia, que casualmente estuvieron relacionados con el affaire Lewinsky. “Mi fe me otorgó el coraje y la fortaleza de hacer lo correcto, a pesar de lo que otros pensaran sobre mi matrimonio”, dijo muy confiada de si misma.

Los tres aspirantes revelaron hechos de su vida personal para evidenciar la solidez de sus valores y cómo la fe fue decisiva en cada uno de ellos para superar sus peores momentos. El encuentro, organizado por un movimiento de renovación evangélica, sirvió para enganchar a los votantes conservadores con los candidatos demócratas pues todos ellos afirmaron compartir los mismos valores del público estadounidense.

Edwards aprovechó muy bien la ocasión para ganar terreno y posicionarse como un precandidato tolerante ya que si bien dijo que “sus creencias son fuertes”, “el jamás impondría su sistema de creencias al resto del país”. Al ser preguntando por su posición respecto al matrimonio homosexual respondió que “no considera que los homosexuales deban casarse”.

A pesar de que el 72% de los norteamericanos considera que su presidente debe tener fuertes creencias religiosas, según una encuesta de la fundación Pew Forum, otro sondeo de la misma organización divulgado por la BBC revela que “el porcentaje de estadounidenses que se oponen fuertemente al matrimonio gay cayó del 41% en 1996 al 30% en 2003, mientras que las cifras de quienes lo apoyan con fortaleza aumentaron”. Esta “nueva apertura” hacia el matrimonio gay no se ha traducido en un rotundo apoyo por parte de los políticos en contienda, salvo por el caso de Giuliani.

La ex primera dama Hillary Clinton mencionó que muchos “utilizan su fe como un as bajo la manga”. Es decir, como algo sospechoso pues no se lo toman de manera personal y confidencial sino como un recurso de campaña, como suele hacerlo el presidente Bush para justificar sus políticas.

El segundo en las preferencias demócratas, el senador Barack Obama, se mostró más enfocado en las políticas de gobierno que en lo personal. Al ser interrogado si compartía la visión del presidente de enfrentar los desafíos globales como una oposición entre bien y mal, contestó que "existe un riesgo en comprender el mundo en esos términos".

El senador por Illinois indicó que si bien considera que “los sucesos del 11 de setiembre fueron actos diabólicos, los Estados Unidos cometieron injusticias en la base Guantánamo y en Abu Ghraib (en la forma que se trata a los prisioneros)”. “El peligro de oponer al bien contra el mal en el contexto de la guerra puede llevarnos a no tener una visión crítica sobre nuestras acciones”, sentenció el senador afroamericano, ganándose el aplauso del auditorio.

La arremetida demócrata sobre cuestiones religiosas se inserta directamente en un área de dominio casi exclusivo de sus rivales republicanos. Al adelantarse en esos asuntos, los demócratas astutamente privan a sus contendores republicanos de incomodas preguntas sobre tópicos tan espinosos y difíciles de contestar porque invaden la privacidad del oponente. Es decir, que al dejar zanjada de antemano la controversia sobre sus creencias, los demócratas harán que el debate de la carrera presidencial se centre exclusivamente en la economía, el medio ambiente, la inmigración, el precio del petróleo y la guerra de Iraq.

Los demócratas hablaron abiertamente sobre cómo las enseñanzas bíblicas han influenciado positivamente sus puntos de vista sobre algunas materias como el medio ambiente. Este es el caso de la senadora por Nueva York, Hillary Rodham Clinton, quien manifestó que no resolver el problema del calentamiento global a tiempo pone en peligro la creación divina, apelando a los cristianos ecologistas y conservacionistas que aún no han decidido su voto. El ex senador por Carolina del Norte, John Edwards, señaló que su pasión por ayudar a reducir la pobreza proviene de su fe. El ex candidato a la vicepresidencia en el 2004 habló extensamente sobre la pobreza en términos morales, esto es, del deber moral de combatirla.

El senador Obama no se quedó atrás porque en seguida dijo que “existe un mandato bíblico de ayudar a corregir la vida de aquellos hombres y mujeres involucrados tempranamente en el crimen”. Esta declaración la hizo para referirse a los programas de rehabilitación de criminales.

En cuanto al difícil tema del aborto, la senadora Clinton evitó pronunciarse al respecto “porque es una cuestión que debe ser abordada por ambos bandos”, es decir, los defensores del aborto y los de los derechos del embrión. Clinton afirmó que ha tenido largas charlas con todos los grupos involucrados.

La discusión básicamente estuvo enfocada, como lo revela The New York Times, en la fe de los participantes, el rol de la oración en sus asuntos públicos y privados y la forma como sus creencias han influenciado sus puntos de vista sobre la política y el gobierno de la sociedad.

El senador Obama fue el más explicito de los tres concurrentes al debate sobre las relaciones entre la religión y la política. Preguntado sobre si Dios ha tomado algún lugar en la guerra, el legislador respondió con un pensamiento de Lincoln acerca de que “la nación sigue el camino de Dios”. Aunque el propio mandatario republicano dijo alguna vez que la Constitución y las leyes son la verdadera religión de los Estados Unidos. Sin embargo, el candidato Obama afirmó que existe evidencia del mal en el mundo pues “los atentados con aviones contra inocentes indican su presencia”. Al tiempo que hizo esas declaraciones señaló que existen “causas justas (en las que se aprecia el bien) como la derrota del facismo y la liberación de Europa”.

Lo paradójico de estas justas pre electorales es que los republicanos han presentado a un candidato como Giuliani que apoya abiertamente el matrimonio homosexual y el aborto. Esto era impensable hace algunos años y puede perjudicar su simpatía entre votantes conservadores (del ala derecha). La pre candidatura del mormón Mit Rommey, el tercero en las preferencias republicanas, puede alejar a electores más liberales que consideran que la religión se ha inmiscuido demasiado al influenciar la investigación con células madre, el aborto, la educación (específicamente sobre la compatibilidad de enseñar la teoría de la evolución a la par del creacionismo) y la guerra en Iraq.

En un país en el que la fe determina parte de la intención de voto, la política partidaria, en especial la republicana, ha sabido sacar provecho al manipular los miedos de los norteamericanos durante la última elección presidencial. Así lo entiende el reconocido escritor y periodista estadounidense John Updike, quien desde sus entregas periodísticas a la revista The New Yorker ha venido criticando las políticas de la Casa Blanca con desbordante lucidez.


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Elecciones en EE UU: Demócratas divididos por Iraq

4.6.07

Quien haya tenido la ocasión de escuchar el debate de los ocho precandidatos demócratas puede sacar una gran conclusión: la mayoría de ellos, en especial los senadores Clinton y Obama, generan mucha más confusión que esperanza. La guerra de Iraq, o mejor dicho, la manera de lidiar con ella ante los electores se ha convertido en un obstáculo para lograr la cohesión de un partido que aspira recuperar la presidencia tras ocho años de dominio republicano.

No sorprende que los grandes “detractores” de la guerra en Iraq hayan sido “tenues” en el Senado cuando se debatió el proyecto de la Casa Blanca para financiar sus iniciativas bélicas en Oriente. En el marco del segundo debate entre los aspirantes al Ejecutivo estadounidense, los participantes no dejaron de atacarse y reprocharse mutuamente acerca de la autorización bipartidista que otorgó el Congreso al presidente Bush para invadir Iraq y en la reciente aprobación de fondos para continuar con dicha ocupación.

Las acusaciones se concentraron principalmente entre los candidatos que lideran las preferencias de los votantes demócratas, es decir, la senadora Hillary Clinton con el 45% de la intención de voto, el senador Barack Obama, con un expectante 27%, y el ex postulante a la vicepresidencia en el 2004, John Edwards, con un lejano 11%.

A Clinton y Obama se les critica su postura endeble frente a la decisión de traer de regreso a las tropas destacadas en Iraq; mientras que a Edwards se le cuestiona -lo mismo que a la ex primera dama- su apoyo inicial a la invasión cuando era senador por Carolina del Norte. Si bien Edwards se disculpó por respaldar la guerra pues manifestó que cometió un error; la senadora por Nueva York reveló que votó según la información de inteligencia que tenía disponible en ese momento (insuficiente y equivocada por cierto) y que consultó con otras fuentes para aprobar la guerra, sin llegar a lamentarse por ello o reconocer su falla. “Si hubiera conocido en el 2002 lo que sé ahora hubiese votado en forma diferente”, recalcó en su defensa la esposa del ex presidente Bill Clinton.

Es compresible, pero no perdonable, que la senadora haya votado por la guerra iniciada en marzo de 2003 porque el estado que representa fue blanco de los extremistas musulmanes. Para ella hubiese sido un suicido político en ese momento no autorizar la ofensiva contra Iraq ya que, de no hacerlo, hubiese perdido la reelección inmediata por Nueva York (así como enormes chances de acceder a la presidencia toda vez que quedaría apartada de la escena política).

Sin duda estar alejada por cuatro años del Senado hubiesen sido devastadores para una candidata que deseaba construir su propia imagen política. En su caso, ella necesitaba forjar una carrera independiente a la de su marido para no quedar asociada eternamente a su rol de sufrida primera dama (por lo del affaire Lewinsky). Es decir, debía probar que podía desenvolverse por sí misma dentro de los grandes círculos del poder al igual que cualquier demócrata o republicano con intenciones de tentar la Casa Blanca.

Como era lógico, los contendientes con menores posibilidades de lograr la nominación demócrata dirigieron sus críticas a los favoritos como el congresista Dennis Kucinich y el ex senador Mike Gravel para ganar algunos puntos. La ocasión fue propicia para desnudar las falencias de los senadores Clinton y Obama pues su desempeño, al menos para el ala izquierdista de su partido, deja mucho que desear por no tomar una posición más firme en el Congreso en torno a la guerra en Iraq.

En su defensa puede decirse que votaron en contra de la ley de financiamiento de la guerra, la que no incluyó una fecha de retiro de las tropas. Pero se esperaba que su liderazgo se hiciera sentir durante la votación que concedió los fondos. El Partido Demócrata, y en especial sus principales aspirantes a la presidencia, estaban llamados a poner fin a una de las empresas militares más desastrosas de EE UU desde la guerra de Vietnam. Ese fue el mandato que les confiaron millones de votantes en noviembre de 2006 cuando se hicieron de la Cámara de Representantes y del Senado.

Este revés pone las cosas aún más difíciles para los electores pues no encuentran en ninguno de los dos partidos una respuesta clara a la ocupación de Iraq. De ahora en adelante los republicanos tendrán buenos argumentos para señalar que las responsabilidades de esta guerra son compartidas pues muchos demócratas han dado luz verde al plan del presidente para proseguir con la “estabilización” del conflictivo país. Sin dejar de lado que algunos “opositores” como la senadora Clinton y el ex senador Edwards votaron favorablemente por invadir Iraq.

No es tan fácil oponerse a la guerra ahora como hace cinco años, al menos no si se es aspirante a la presidencia ya que en Iraq están en juego muchos intereses norteamericanos. Antes de su asedio no era muy importante en el aspecto de la guerra contra el terrorismo internacional. Tampoco el régimen de Saddam influenciaba en gran modo el precio del barril de petróleo pese a poseer las segundas reservas de ese recurso (dado que no comercializaba directamente su petróleo, sino a través de la ONU por medicinas y alimentos). Pero todo cambió con el allanamiento de Iraq pues al poco tiempo se convirtió en el epicentro de la lucha contra Al Qaeda, desplazando incluso a Afganistán. La incursión por si sola contribuyó a elevar algunos dólares la cotización internacional del crudo pues incrementó el riesgo geopolítico, es decir, uno de los factores que determinan la composición de su precio.

A pesar de sus contradicciones, la estrategia de los demócratas parece seguir apostando por asociar la debacle en la posguerra a los republicanos. Aunque ahora las cosas no estén tan claras como hace medio año pues los primeros han aprobado los fondos de guerra solicitados por Bush.

Los demócratas creen que la situación empeorará a tal grado que la gente olvidará su enojo con ellos por no concretar la retirada que prometieron durante las elecciones de noviembre pasado.
En cierto modo los pronósticos de la oposición no son muy distintos a los de la mayoría de analistas sobre Iraq de aquí a unos meses. Esa confianza en que las cosas se degraden todavía más puede dar réditos a futuro pues los demócratas podrían aducir que le dieron todas las facilidades al presidente para que restablezca el orden en Iraq, con un jugoso presupuesto de por medio, y que esté no cumplió. Sólo de esa forma el Partido Demócrata podría hacer olvidar la desazón generada en millones de electores que le votaron.

Lo que va quedando claro de todos modos es que quien ocupe la presidencia tendrá que encarar la invasión de Iraq como primer punto de su agenda. Eso no es para nada alentador pues ese desafió puede coincidir con una economía en franca desaceleración pues la cifras del ultimo trimestre revelan un crecimiento de 0.6% cuando se esperaba poco más del doble de ese magro resultado (un 1.3%, según Goldman Sachs).

En lo que queda de la presidencia de George W. Bush, éste no tendrá que rendir cuentas al Congreso ya que los fondos asignados para Iraq y Afganistán han sido concedidos sin condicionamientos (unos 97.000 millones de dólares). Sólo se ha incluido dentro de la ley que autoriza los desembolsos 18 condiciones que tendrá que cumplir el Gobierno de Iraq. La Casa Blanca sólo reportará los avances y progresos alcanzados desde su concesión, pero no supedita para nada la aprobación de las partidas.

Durante la cita celebrada en New Hampshire también se abordó la nuclearización de Irán como grave desafió para la seguridad internacional. Además de la guerra en Iraq y los problemas con Irán, los precandidatos debatieron sobre economía, inmigración, fuentes alternativas de energía, la crisis humanitaria de Darfur, la función del ex presidente Clinton en un eventual gobierno de su esposa, la seguridad social, la asistencia médica, entre otros grandes tópicos que dominan la campaña presidencial.