Sanctions On North Korea

14.10.06

Al parecer Estados Unidos ha detectado indicios de radioactividad en la zona de pruebas nucleares de Corea del Norte, lo cual allana el camino del Consejo de Seguridad para que establezca una resolución que imponga sanciones económicas y diplomáticas al país asiático como castigo por su ensayo nuclear.

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Como era de esperarse, se confirmó oficialmente rastros de material radioactivo cerca del área de ensayos nucleares norcoreana. Con este hallazgo EE.UU. y Japón han dado con la prueba que necesitaban para sustentar sus acusaciones sobre la conflictiva nación asiática. Sin la evidencia necesaria toda resolución o proyecto de la misma sería considerada ilegítima e ilegal a la luz del derecho internacional. Ahora que las potencias occidentales cuentan con prueba suficiente se abre el camino para no sólo para el establecimiento de castigos, sino también de obligaciones que la desafiante república tendrá que cumplir.

Entre las sanciones que se barajan está el bloqueo de los activos y recursos económicos destinados a financiar los programas nucleares de Corea del Norte. Algo difícil de aplicar porque habrá que examinar cuidadosamente la finalidad o destino de cada cuenta que el régimen comunista posea en el exterior ya que un embargo indiscriminado podría afectar la continuidad de programas asistenciales y humanitarios, por ello se requiere un análisis pormenorizado para no afectar aún más la delicada situación del pueblo norcoreano.

Otra posible sanción sería un control e inspección estricta de todas las mercancías que entren y salgan de su territorio. Esto con el fin evitar la comercialización material bélico (misilístico o nuclear), es decir, impedir que prolifere un peligroso mercado armamentístico en el que se oferte equipamiento prohibido bajo los alcances del Tratado de No Proliferación Nuclear (TNP). La medida resulta sensata pues con ella se pretende congelar el intercambio de tecnología entre países con ambiciones nucleares. De esta forma, el monitoreo de los cargamentos norcoreanos puede a la larga dilatar que ciertos Estados, en particular aquellos sindicados como integrantes del “eje del mal”, se doten de armas de destrucción masiva.

Al parecer se abandonarìa la idea de imponer un embargo total de armas contra Corea del Norte, que quedarìa limitado a las armas convencionales pesadas como misiles, helicópteros, cazas, buques y tanques.

En una versión del texto que ha venido circulando se insta al Gobierno norcoreano a reanudar de inmediato y sin condiciones las conversaciones a seis bandas -China, las dos Coreas, Japón, EE UU y Rusia- sobre su programa atómico, paralizadas desde noviembre de 2005.

En cuanto a las posibles obligaciones que deberá acatar Corea del Norte se da por descontado que el Consejo exija la eliminación de sus programas atómicos y balísticos bajo control internacional, y acate, finalmente, el Tratado de No Proliferación Nuclear. Esta exigencia representará el núcleo duro y central de una futura negociación con la emergente potencia atómica. Sinceramente creemos que una reducción del arsenal norcoreano no será inmediata, así que no debemos hacernos demasiadas expectativas cuando esta nación acceda a discutir la eventual desmantelación de su armamento. Lo que probablemente va a suceder es que este beligerante país incremente todavía más su capacidad misilística y nuclear con el propósito de demorar las negociaciones y obtener más concesiones de sus contrapartes. Un desarme progresivo, lento y llevado a su habitual ritmo le permitiría a Corea del Norte sentirse amenazante y en control de la situación. Hay que hacer notar que para Norcorea es muy importante aparentar que maneja la negociación pues tiene que demostrar fortaleza al pueblo que sojuzga. Recordemos que gran parte de la “legitimidad” del régimen se sustenta en el miedo que pueda inocularle a su población, de ahí que no sólo necesite ser fuerte sino también parecerlo.

Una segunda demanda sería, sin lugar a dudas, la prohibición de suministrar directa o indirectamente material armamentístico y nuclear. Con dicha medida se busca algo que ya anunciamos cuando abordamos el tema de las sanciones. Para refrescar un poco la memoria de algún desmemoriado lector, este reclamo debe complementarse con la segunda sanción que anunciamos líneas arriba, es decir, con el control e inspección de todos los bienes que se comercie desde y hacia Corea del Norte. Ambas, sanción y exigencia van de la mano. Lo que tiene de particular esta disposición es que la prohibición no sólo incumbe a Norcorea sino también a todo aquel país que intercambie material vedado. Así, cualquier Estado que se atreva a proporcionar armamento de avanzada o tecnología nuclear se expone a ser sancionado de la misma forma que Corea del Norte.

Una tercera prohibición que llama la atención es la de no exportar artículos de lujo al país asiático. Llama la atención porque uno sabe que dichos bienes nada tienen que ver con el desarrollo nuclear o balístico y el 99.9% de la población no se encuentra en condiciones de adquirirlos. Entonces, el único motivo que surge para justificar una imposición semejante es el de hacer que la èlite marxista sufra directamente las consecuencias de sus actos, es decir, que se vea privada de suntuosos bienes que suele disfrutar a expensas de semicivilizar a su pueblo. Es sabido que Kim Jong Il tiene gustos extravagantes como exquisitos por la buena bebida, el tabaco, el cine, el teatro y la danza. Es como un moderno Nerón cuya demencia y paranoia está llevando al mundo y a sus camaradas a insospechados límites de tolerancia. Privar de ciertos placeres a este megalómano acomplejado (de su baja estatura) no dará resultado pues de alguna forma u otra llegará a abastecerse de dichos bienes.

Tambièn se especula con la prohibición de viajes a altos funcionarios relacionados con este programa para impedir la transferencia de conocimientos nucleares o balìsticos a terceros.

Por otro lado, lo que sí queda descartado es la posibilidad de una intervención militar, una de las condiciones expuestas por China para apoyar el borrador de resolución elaborado por EE.UU. y Japón. El Gobierno de Pekín, principal aliado del régimen de Pyongyang, ha presionado en los últimos días para que el proyecto de resolución se redacte bajo el llamado artículo 41. Ese artículo aminora la dureza de las sanciones y descarta la posibilidad de la opción militar.

El ministro de Defensa ruso, Sergei Ivanov, ha advertido de que la resolución no podrá conllevar una amenaza de uso de la fuerza contra el régimen comunistani siquiera indirecta”. Pese a que ha considerado “escandaloso” el ensayo nuclear del lunes, el responsable ruso ha asegurado que la presión internacional debe ir encaminada hacia el regreso de Pyongyang a la mesa de negociaciones. Tras reunirse con el enviado chino, Tang Jiaxuan, Ivanov ha asegurado que ambos países han llegado a un acuerdo para limitar la dureza de la resolución. “China y Rusia coinciden en que la presión del Consejo de Seguridad no debería extenderse de forma ilimitada, de forma que las sanciones adoptadas deberían cancelarse automáticamente si Corea del Norte vuelve a las negociaciones.

Una noticia adicional es la promulgación de Ley de No Proliferación por parte del Presidente Bush, destinada a frenar las ambiciones nucleares de Corea del Norte, Irán y Siria. La nueva normativa permitirá al Gobierno de EE. UU. imponer sanciones a las personas que transfieran a cualquiera de esos países bienes, servicios o tecnología que puedan ser usados para desarrollar armas nucleares o cualquier otro tipo de armamento de destrucción masiva.

Así, se abre una vez más terreno a la arbitrariedad y prepotencia al igual que cuando fue aprobada la Ley de Comisiones Militares, bajo la cual, la Administración Bush se arroga la facultad de desconocer la legislación internacional (la Convención de Viena) e introducir la práctica de la tortura.

Con esta “ley” EE.UU. detendrá, capturará y torturará a todo presunto colaborador que facilite tecnología vedada a esos tres países. Se estima que EE.UU. solicitará la extradición de estos comerciantes o traficantes de armas si son hallados en Estados que posean un respectivo tratado que lo permita. Lo que preocupa es que Norteamérica podría violar la soberanía de naciones que se nieguen a entregarlos a sus perseguidores estadounidenses. También podría recurrir a las presiones o amenazar con alguna sanción (bloqueo, embargo de cuentas, etc.) si un país persiste en su postura de no aceptar la jurisdicción norteamericana sobre el perseguido.

Esta norma podría desatar una ola de exiliados políticos alrededor del mundo y crear serios conflictos internacionales donde se ponga en tela de juicio la soberanía de los Estados.


North Korea: Nuclear blast or nuclear bluff?

13.10.06

Ad portas de una resolución que establezca nuevas sanciones al régimen norcoreano por haber realizado un ensayo nuclear, surge ahora la duda acerca de si efectivamente fue detonado un explosivo de tales características.

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La interrogante debe aclararse cuanto antes pues sería ilegal establecer sanciones por presuntas violaciones a quien no las ha cometido. No nos puede satisfacer la confesión de la parte norcoreana al momento de considerar el tipo de medidas que pueden aplicársele. Lo que cabe es investigar si en verdad fue llevada a cabo o no una prueba nuclear en la península coreana, pues de otra forma toda acción condenatoria carecería de sentido. Por eso los acusadores no deben aventurarse a ciegas cuando solicitan presiones efectivas para un país que "aparentemente" violó el derecho internacional. Lo lógico es reunir una serie de evidencias y presentarlas ante el Consejo de Seguridad para discutir el contenido de una posible resolución. Lo anterior viene a colación ya que, según fuentes oficiales norteamericanas, los resultados preliminares de una muestra de aire (tomada después que Corea del Norte anunció su primera prueba nuclear) no mostraron evidencias de partículas radiactivas.

Concluyente o no, lo cierto es que existe una duda razonable y, si estuviéramos frente a una corte norteamericana, la evidencia no sería suficiente para condenar al acusado norcoreano.

Más allá de la falta de pruebas incontrovertidas por parte de quienes fungen de fiscales en este caso (EE.UU. y Japón), lo cierto es que los persecutores cuentan con otros elementos de juicio que sustentan su posición acusadora. Dichos elementos se basan en testimonios de disidentes de alto rango norcoreanos que aseguran que el régimen comunista fabricó varias armas nucleares y está listo para utilizarlas en caso de guerra. Además de estas versiones, los Gobiernos norteamericanos y japoneses pueden exhibir ante la comunidad internacional que el país estalinista ha venido realizando actividades clandestinas, es decir, al margen de la supervisión de los inspectores de la OIEA (Organismo Internacional de Energía Atómica). También podrían argumentar que Corea del Norte ha recusado el Tratado de No Proliferación Nuclear desde enero de 1993, cuando le comunicó a Naciones Unidas que se retiraría de ese instrumento y del OIEA, calificándolos como apéndices de la política exterior de Estados Unidos.

Desde entonces la tensión originada por este insoluble problema ha estremecido al mundo con el reciente ensayo, que nuclear o no, sólo siembra más obstáculos en la ruta hacia la paz.

Cabe destacar que desde que asumió la Administración Bush, el conflicto en el nordeste asiático ha venido escalando hasta esta peligrosa coyuntura. Conforme el gobierno norteamericano fue convenciendo a su aliado surcoreano de reducir la ayuda humanitaria y los intercambios logrados en el marco del programa "Sunshine", acuerdo alcanzado bajo el auspicio del ex Presidente Bill Clinton. Norcorea, dependiente de las donaciones para atender las necesidades de su población, fue radicalizándose gradualmente. Encontrando en la nuclearización de la península, la carta de negociación ideal con la cual presionar a sus vecinos capitalistas a cambio de más suministros.

Entonces fue EE.UU., sabiendo de lo que es capaz el régimen, quien fue llevando a Corea del Norte a impulsar su programa nuclear. El cual ahora le garantiza un mayor poder en la mesa de negociaciones. Esto recuerda en parte lo que hizo la nación norteamericana cuando fue empujando al Imperio Japonés a la conflagración. Mucho se ha discutido sobre la supuesta “infamia” que representó el ataque a la base naval de Pearl Harbor sin previo aviso. El 7 de diciembre de 1941 fue considerado como el “día de la infamia” durante el discurso del Presidente Roosevelt en el Capitolio. Sin considerar que EE.UU. había tomado previamente medidas que estrangulaban el desarrollo de Japón, pues en 1937 vetó las exportaciones de acero y petróleo a dicho país, provocando, de ese modo, que tenga que recurrir a la invasion del nordeste y sudeste asiáticos para abastecerse de esos productos. De ahí que la carrera armamentista japonesa y la guerra contra Estados Unidos sirvieran para establecer, al término de ésta, futuras negociaciones que aseguren la supervivencia del Imperio Japonés y un reparto equitativo de los recursos de Asia. Japón sabía muy bien que no podía derrotar militarmente a EE.UU. dado su poderío industrial y la imposibilidad de atacarlo en su propio territorio, por eso el Almirante Yamamoto, Comandante en Jefe de la Armada Imperial, encontró en la guerra una forma de obligar a EE.UU. a que reconozca la hegemonía nipona sobre parte del Pacífico.

Gracias a la historia podemos hallar lecciones valiosas no sólo para el presente sino para el futuro. Los antecedentes de los conflictos suscitados en la región Asia-Pacífico son más que válidos al momento de analizar las implicancias del problema norcoreano ya que encontramos algunas semejanzas. Siendo la más saltante de estas: la provocación norteamericana, dado que aquella desencadenó, en ambos casos, la crisis que ahora vivimos.

En cuanto a las sanciones que podrían aplicarse, dudamos de sus respectivas eficacias ya que el régimen las ha soportado en el pasado sin que ello hubiera hecho peligrar la estabilidad de su cúpula. Creemos que toda sanción será inocua y no pasará de ser un simple llamado de atención o reprimenda porque el Corea del Norte no es un Estado integrado comercialmente hablando, en otras palabras, al no estar globalizada su economía ni depender de los mercados internacionales es poco lo que un par de sanciones puedan hacer. Si fuera un país con mayor apertura tal vez las sanciones podrían causarle algunos problemas internos que hagan reconsiderar su posición, pero como se trata de una economía cerrada resultará imperceptible toda medida que apunte a ese objetivo.

Por otro lado, Corea del Norte no es una nación que no comercie pues sí lo hace, pero no precisamente de manera legal o transparente ya que la mayoría de sus transacciones son clandestinas. Su especialidad son las operaciones informales a través de la cuales trafica armas y tecnología nuclear, además de drogas y billetes falsificados. Así que toda medida orientada descubrir fondos o actividades ilegales encontrará un doble desafió pues Norcorea sabe desempeñarse al margen del comercio regular. Y como ha venido operando gansterilmente desde hace décadas, casi sin ser importunada, es que manifestamos nuestra indeclinable desconfianza.

A pesar de la incertidumbre planteada sobre la detonación norcoreana, creemos que el diálogo es la única alternativa para distender la crisis nuclear. Pero EE.UU. no está dispuesto a entablar conversaciones bilaterales con Corea del Norte y sólo se limita a participar en negociaciones dentro del grupo de los Seis (Rusia, China, Corea del Sur, Japón, EE.UU. y Corea del Norte). Lo paradójico de todo esto es que tiempo atrás gracias a la bilateralidad (diálogo entre EE.UU. y la belicista norcorea) se alivió parte de las tensiones y llegó a acuerdos que fueron desechados por el país comunista a raíz de la intransigencia estadounidense. El problema, según el analista internacional Patrick M. Cronin, director del Instituto Internacional de Estudios Estratégicos de Londres, “es que el diálogo no garantiza el éxito, pero la falta de éste podría garantizar el fracaso”.

United Nations: Ban Ki-moon’s challenges

Se da por descontada la elección del surcoreano como nuevo Secretario General de Naciones Unidas en reemplazo de Kofi Annan, cuya penosa gestión al mando de la organización permitió graves fisuras en el derecho internacional.

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Aunque el próximo Secretario asumirá el cargo en enero del año entrante, eso si la Asamblea General ratifica la propuesta elevada por el Consejo de Seguridad, su futuro mandato se vislumbra desde ya colmado de peligrosos desafíos. El primero de ellos consistirá en devolverle la autoridad en la resolución de los conflictos internacionales estropeada a manos del unilateralismo. Es decir, socavada por la imposición de una doctrina que vela por los intereses unitarios en vez de los multilaterales. Nos referimos obviamente a la ruptura del derecho internacional y desconocimiento de las instancias deliberativas del máximo organismo por parte de EE.UU. País que se niega a resolver los problemas globales de manera consensuada.

El momento no puede ser más crítico para la función que desempeñará este diplomático pues a los conflictos heredados de las pasadas administraciones se agrega uno más: la temida proliferación nuclear. Ya bastante tenía entre manos la ONU con el hambre, los desplazados por las guerras étnicas o religiosas, la crisis del agua, etc. entre otros problemas para que ahora tenga que lidiar con un mundo mucho más inseguro y con capacidad real para autodestruirse.

Creemos que el retorno al multilateralismo, esto es, a la toma de decisiones consensuadas será posible sólo en la medida que la superpotencia abandone su postura imperial. Gran parte del prestigio o credibilidad de la organización dependerá de cómo se vaya gestando o reconstruyendo el equilibrio de poderes perdido desde el fin de la guerra fría. En otras palabras, que tan pronto germina un sistema de alianzas regionales (políticas y económicas) o se consolidan bloques (como la Unión Europea) para asegurar una repartición más o menos equitativa del poder. Lo que queremos decir es que sino surgen contrapesos efectivos a la hegemonía norteamericana, la ONU jamás volverá a ser el foro donde se determinen los asuntos mundiales.

Si no hay evidencias de aquello dudamos que Naciones Unidas pueda entrar a tallar en la resolución de los conflictos como institución garante de la paz. Desgraciadamente, a lo largo de los últimos años hemos sido testigos de este deterioro y cómo la comunidad internacional ha venido cediendo terreno a los impulsos unipolares. De ahí que no nos sorprenda que algunos sectores políticos en EE.UU. no sólo cuestionen la eficacia de la entidad sino que soliciten su desactivación; otros, en cambio, demandan la desafialición estadounidense porque el marco legal de la organización es contrario a muchos de sus intereses estratégicos.

El verdadero peso y poder de la ONU no radica en la bondad de sus fines ni en la legitimidad de sus dirigentes sino en la paridad geopolítica de sus miembros. Cuando el suelo era parejo, la organización--concretamente, el Consejo de Seguridad--era el centro del debate internacional donde las potencias y sus aliados ventilaban sus discrepancias y se veían obligados a tomar acuerdos. La situación en el pasado no fue la ideal, desde luego, pues durante la bipolaridad también se trastocó el orden internacional, pero sin la impunidad y desenfreno vigentes.

Otro de los retos que tendrá que enfrentar el siguiente Secretario es el problema norcoreano. A penas asuma seguramente dedicará sus mayores esfuerzos y oficios en aras de llegar a una solución razonable. Ya que de cómo resuelva o negocie dependerá la magnitud de las medidas que se aplique otros países con pretensiones nucleares semejantes como Irán (cuyo caso está próximo a ser examinado por el Consejo de Seguridad).

Lo que se sabe del nuevo Secretario General es que es partidario de las negociaciones bilaterales con Corea del Norte pues cuando fue ministro de exteriores apoyó el envió de ayuda humanitaria y el intercambio comercial con el régimen comunista. A raíz de este acercamiento entre las dos coreas, Corea del Sur se convirtió en el segundo socio comercial del autárquico país estalinista después de China.

Un desafió adicional que le aguarda al ex ministro surcoreano es el de poner orden en la ONU y hacer funcionar la organización. La ONU está en un momento lamentable: las operaciones de paz dirigidas por la organización han dejado mucho que desear. Annan ha permitido que avanzara la gangrena de la corrupción y el nepotismo en la organización. Y los nuevos pasos organizativos dados, como la creación del Consejo de Derechos Humanos, no han colmado las esperanzas que despertaron. La ONU, empezando por el Consejo de Seguridad, necesita una reforma en profundidad: Ban debe convencer de ello a todos, especialmente a los miembros permanentes del Consejo.

Además debe de promover o acelerar los mecanismos que le permita a Naciones Unidas intervenir rápidamente cuando se presente una crisis humanitaria. Esto con el fin de evitar que las dilaciones de las potencias impidan al organismo tomar una decisión que podría salvar vidas. Así no seríamos observadores impasibles de catástrofes como la de Ruanda, la ex Yugoslavia o la actual Darfur, en Sudán.

Por último, el organismo debe seguir avanzando para forzar a los Estados miembros al cumplimiento de los Objetivos del Milenio y rebajar significativamente los niveles de pobreza y de falta de sanidad en el mundo, lo que implica, ante todo, rescatar a África.

If The Death Could Talk.............How Many iraqi People have Died in Iraq?

12.10.06

Dada la violencia en Irak, la cantidad de civiles muertos es tan alarmante como incierta, de ahí que no nos sorprenda que se aventuren cifras que sobrepasen el medio millón de bajas desde que EE.UU. invadió ilegalmente ese país.

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Según un estudio realizado por investigadores de la Universidad estadounidense de Johns Hopkins unas 655,000 personas han muerto desde que se iniciaron las hostilidades en marzo de 2003. Dicho informe multiplica varias veces las cifras que manejaba la Casa Blanca y otras organizaciones no gubernamentales.

Más allá de ser cierta o no (esa cifra), lo concreto es que la violencia sí se ha incrementado y con creces. Diariamente se encuentran cadáveres enterrados en fosas comunes con signos de tortura. A esto se suma nuevas denuncias por vejámenes sufridos en las cárceles iraquíes y un informe de la ONU que detalla que el número de detenidos en el país, sin contar el Kurdistán, ha vuelto a aumentar hasta un total de más de 35.500 encarcelados tras un discreto descenso registrado en mayo y junio de este año.

La ONU también ha reportado con preocupación que probablemente cien personas o tal vez 150 estén muriendo diariamente a causa de la guerra civil sectaria entre musulmanes chiíes y suníes, que se agrava e intensifica continuamente, y de los enfrentamientos contra las tropas estadounidenses.

Los incrementos en estos indicadores (número de muertos y el aumento de detenidos) son consecuencia natural, como lo hemos mencionado más adelante, de la espiral de violencia desatada por la presencia de tropas norteamericanas en la región. Esta aseveración es respaldada por las recientes encuestas que reflejan el malestar hacia la ocupación. Una de éstas, elaborada de la Universidad de Maryland, indica que la oposición iraquí a la incursión estadounidense está creciendo pues seis de cada diez iraquíes aprueban los ataques contra soldados estadounidenses. Asimismo, casi cuatro de cada cinco iraquíes considera que las fuerzas estadounidenses en Irak hacen más por provocar la violencia que por impedirla. En concreto, una sólida mayoría de chiíes y suníes aprobaron los ataques, según el estudio.

Por su parte, el Departamento de Estado también ha realizado sondeos que han arrojado resultados similares a los de esta investigación privada. La encuesta del primero descubrió que dos tercios de los iraquíes apoyan una retirada inmediata.Eso hará que Irak sea más seguro y disminuya la violencia sectaria”, comentó uno de los entrevistados.

A pesar de que los hallazgos son tan contundentes, los funcionarios norteamericanos sólo atinan a contemplarlos con su habitual miopía cuando les son adversos. Sean McCormack, portavoz del Departamento de Estado, a raíz de estos datos señaló “lo que escuchamos de los representantes gubernamentales y de otras evidencias anecdóticas de lo que se oye de los iraquíes es que los éstos aprecian nuestra presencia allí".

Por otro lado, existen otros indicadores que calculan el total de desplazados por conflicto. En este caso las cifras que se bajaran son tan inquietantes como las utilizadas para cuantificar el número de asesinados en la pos guerra. Según fuentes iraquíes, 3.800.000 iraquíes han llegado a Siria y se han asentado principalmente en Damasco y Alepo. Más de dos millones han llegado a Jordania.

El ministro iraquí de Emigrantes y Desplazados, Abdulsamad Sultán, aun cuando maneja cifras menos abrumadoras ha manifestado que “más de 1.250.000 iraquíes han abandonado Irak por la violencia que azota al país”.

Con estos desplazamientos y movilizaciones de grandes grupos humanos se está reconfigurando demográficamente a Irak. Lo cual podría favorecer los supuestos intentos de reorganizar el país, esto es, dividirlo. Así lo cree Abdel Aziz al-Hakim, dirigente shií del Consejo Supremo de la Revolución Islámica en Iraq, “esto no parece ser un acto de liberación, especialmente si se tiene en cuenta los continuos intentos de separar al país”, haciendo un llamamiento a un sistema federal en el sur y centro de Irak.

Al parecer EE.UU. está utilizando Irak como el andamiaje para rediseñar el mapa de la zona ( para eliminar las fronteras establecidas por los acuerdos de Sykes-Picot de 1916).

Para cesar estas migraciones forzosas, el primer ministro Nuri al Maliki ha elaborado un " plan de reconciliación nacional " que le será difícil implementar dada la creciente animadversión entre las facciones musulmanas y una presencia estadounidense que exacerba aún más los ánimos.

Un hecho que agrava todavía más la situación es que según el Comité para los Refugiados e Inmigrantes de EE.UU., el 40% de todos los profesionales iraquíes ha migrado hacia otros países limítrofes. Con una cifra semejante, es casi imposible poder llevar a cabo el plan del primer ministro pues gran parte de su capital humano se halla más allá de sus fronteras y resultará muy difícil convencerlos para su retorno. La dificultad subyace en que sin los suficientes profesionales, ni el aparato estatal ni productivo iraquí podrá funcionar. Sin ellos los servicios básicos colapsarán como de hecho ya lo están haciendo, en especial los asistenciales.

Mientras sucede todo esto, muchos iraquíes se preguntan: ¿dónde están los estadounidenses? Los iraquíes que solían expresar que estaban contra la ocupación de EE.UU. pero que al menos su presencia impedía que se desate la guerra civil; ahora piensan que la guerra civil ha empezado a pesar de su presencia.


North Korea: ¿An Electoral Opportunity?

11.10.06

La suerte todavía puede sonreírle a los republicanos ya que si el lobby mediático que lo apoya logra transformar a norcorea en una amenaza concreta para la seguridad estadounidense, sus posibilidades de cara a la elección de noviembre pueden ser más que optimistas.

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Mientras Corea del Norte prepara su segunda prueba nuclear y la comunidad internacional cocina nuevas sanciones para el régimen comunista, el Partido Republicano bien podría haber encontrado su trébol de la fortuna gracias a la tensión norcoreana. Cuando todo parecía perdido para el partido de gobierno (dado los adversos pronósticos electorales), un nuevo conflicto internacional, más bien viejo, erupciona en oriente como el Krakatoa para revitalizar los ánimos republicanos. Lo hasta que ahora se vislumbraba como una contundente derrota, posiblemente en ambas cámaras del Capitolio, tal vez pueda convertirse en un triunfo impactante si en el tiempo que resta para los comicios, los estrategos republicanos logran capitalizar el impacto de la aventura nuclear norcoreana, es decir, si son capaces de convencer a los votantes norteamericanos de que Corea del Norte representa un peligro tan o más palpable que el fundamentalismo islámico. La estrategia consistirá en equiparar la figura de Kim Jong Il y sus pretensiones nucleares con la de Bin Laden y las ambiciones que enarbola la yihad. Esto es, hacer un paralelismo que refleje la peligrosidad para los intereses norteamericanos la prepotencia de un estado con real capacidad disuasiva. Los medios afines a los republicanos ya se están concentrando en dicho objetivo, valiéndose para ello de imágenes de la guerra de Corea (con el fin de recordarle a la teleaudiciencia la histórica hostilidad del régimen), así como amplias coberturas noticiosas que no escatiman en tiempo ni en recursos.

Por otro lado, no es nuevo que el Partido Republicano se valga de conflictos armados para mantenerse en el poder o reelegirse. Es natural que el electorado vote y confié la conducción de la guerra a aquel partido que propició el envió de tropas o la declaró, pues podría ser contraproducente cambiar de líderes ( y tal vez de estrategia) en plena campaña militar. Los republicanos lo saben, y como lo saben, han utilizado a su antojo el 11-S para crear nuevos temores o revivirlos (el anterior fue la amenaza soviética) con el fin de manipular a la población y escamotear sus debilidades. El 11-S también fue un golpe de suerte para la Admistraciòn Bush pues por aquella época la popularidad del presidente se encontraba en su peor nivel y la economía volvía o retornaba a la etapa de los enormes déficit.

Es por eso que este conflicto cae como anillo al dedo a los republicanos dado el escándalo sexual protagonizado por el Senador Mark Foley, quien dimitió tras revelarse que ha tenido acercamientos impropios a varones adolescentes que han trabajado como mensajeros en el Congreso. Dicho suceso complicó aún más el panorama electoral para los republicanos, que buscan mantener el control del Senado y la Cámara baja, pues todavía arrecian críticas por el enfoque y la estrategia adoptados en Irak.

Es común en los republicanos hacer enemigos. Y si no los crean, les infunden una peligrosidad mayor a la que representan. El ex Presidente Ronald Reagan, por ejemplo, se valió del debilitado comunismo soviético para asegurar su reelección. Sabiendo que el régimen tarde o temprano sucumbiría, se animó a calificarlo como un “imperio del mal”, aun cuando era evidente que la Unión Soviética no estaba en condiciones de continuar la carrera armamentista ni satisfacer las necesidades de su población. Este ex presidente lanzó lo que se vino a denominar la “doctrina Reagan”: una política de intervenciones militares para derrocar regímenes marxistas en el Tercer Mundo. Si omitiéramos el adjetivo “marxistas” y lo reemplazáramos por el término “fundamentalista”, obtendríamos como resultado la “doctrina Bush”. La cual es un calco de la estrategia ideada por Paul Wolfowitz, asesor del Pentágono y la Casa Blanca, quien justifica la guerra para extender la democracia y el libre mercado. También es especialista en inventar amenazas imaginarias y lanzarse en aventuras militares como la de Irak. A este personaje le debemos la creación de la penosa teoría sobre la “guerra preventiva” y la intimidación a los competidores emergentes.

Así pues, la suerte republicana parece no haber terminado ya que seguramente aprovecharan el conflicto norcoreano para presentarlo como una amenaza real y tangible. Mucho no tendrán que inventar, pues este país, al menos, sí posee armas de destrucción masiva.

North Korea: Point Of No Return

10.10.06

Luego de la prueba nuclear norcoreana, en el Consejo de Seguridad de la ONU se especula con establecer sanciones al desafiante país asiático. Algunos miembros del Consejo son partidarios de aplicar el Capítulo VII de la Carta de Naciones Unidas en el que se autoriza el uso de la fuerza contra una nación que amenace o rompa la paz.

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En estos momentos EE.UU. y Japón acaban de elaborar un borrador de resolución que será puesto a consideración de los demás integrantes del Consejo de Seguridad con el fin de imponer sanciones económicas, financieras y diplomáticas, además de un embargo de Naciones Unidas sobre cualquier bien o materiales que podrían ser usados por Corea del Norte en sus programas nucleares.

El documento estadounidense pide un embargo de armas total, prohibiciones contra cualquier transacción financiera que podría apoyar las actividades nucleares, la congelación de cualquier activo relacionado con los programas de armas de la Corea del Norte, y una prohibición de objetos de lujo.

Esta resolución preliminar también recoge la petición de Japón de que ningún país permita que barcos o aviones norcoreanos atraquen o aterricen en su territorio y la imposición de restricciones en los viajes de los altos funcionarios norcoreanos.

Lo que se prevé es un aislamiento total que obligue a régimen comunista a reconsiderar su posición, es decir, a desistir de la continuación de su programa nuclear. Lo cual nos parece demasiado pretencioso por parte de las potencias occidentales pues si China no se suma a dicho esfuerzo es poco probable que la medida surta algún efecto. Esto debido a que la República “Democrática” Popular de Corea (nombre oficial del estado marxista) ha sobrevivido a una serie de sanciones impuestas por sus vecinos regionales. "El paìs del Sol Naciente", por ejemplo, impide que los cerca de 300,000 norcoreanos que viven en suelo japonés puedan enviar remesas de dinero a su país luego de que éste probará un proyectil que impactó en su mar territorial.

Si bien China ha condenado el ensayo nuclear norcoreano, no se ha mostrado tan decidida como EE.UU. a implementar las medidas que alberga el Capítulo VII. Cabe recordar que China, al igual que otras cinco potencias (EE.UU., Francia, Gran Bretaña y Rusia) cuenta con derecho a veto, con lo cual, unilateralmente podría abortar cualquier intento de establecer sanciones. La posición China es difícil pues se encuentra en la encrucijada de confrontar o no a su vecino. Por lo pronto, el embajador de Beijing en la ONU, Wang Guangya dijo: “China está dispuesta a reaccionar de forma dura, constructiva y cautelosa.” Lo que hace suponer que esta vez China sí optará por el camino de las sanciones y la presión internacional, abandonando su postura paternal hacia Corea.

De todos modos, a este pronunciamiento oficial hay que tomarlo con pinzas pues no creemos que se produzca una ruptura definitiva de las relaciones entre los estados comunistas. Lo que sí puede pasar es que entren en un período de roces y entredichos no publicitados, es decir, por lo bajo.

Por otro lado, además del ensayo de ayer, Corea del Norte no descartó la posibilidad de que su país realice nuevas pruebas nucleares, de ahí la necesidad de alcanzar un acuerdo. "Queremos que esta situación concluya antes de que se dé la infeliz posibilidad de que tengamos que disparar misiles nucleares, y esto depende de cómo actúe Estados Unidos", dijo un diplomático norcoreano, citado también por la agencia de noticias nipona Kyodo. "Lo que necesitamos es la seguridad de Corea del Norte, incluidas garantías (de supervivencia) para nuestro régimen", explicó.

Entonces, lo que norcorea pretende es fortalecer su posición cuando tengan que llevarse a cabo negociaciones orientadas a desnuclearizar la península. Con el elemento nuclear en la mesa, Corea del Norte podría exigir más concesiones a cambio de desmantelar progresivamente su reciente poderío nuclear. Dado el escaso intercambio comercial y producción del país comunista, las enormes demandas sociales han provocado que tenga que solicitar ayuda económica y humanitaria, moderando su posición en la región. Cuando el régimen parecía colapsar por la hambruna y las sequías, los líderes comunistas han sido proclives a visitar a sus vecinos capitalistas para aminorar las tensiones y conseguir donaciones.

Extremar las medidas sobre Corea provocaría que el gobierno endurezca los controles y reprima aún más a su población. Cuando un régimen totalitarista se ha visto acorralado, comúnmente ha recurrido a la opresión brutal pues suele creer que internamente se están preparando conspiraciones para derrocarlo.

Esta paranoia de la élite norcoreana ha llevado a más de 200,000 personas a las cárceles (en calidad de presos polìticos) y ha padecer castigos y torturas. De ahí que la nula tolerancia a la disidencia que la caracteriza nos haga pensar que volverá a reprimir a su pueblo para demostrar su hostilidad al exterior. En otras palabras, que está dispuesta a enfrentar cualquier tipo de provocación externa que intente desestabilizarla.

Pyongyang sólo puede mostrarle logros militares a su población como la detonación de un explosivo nuclear o el lanzamiento de un misil de alcance intermedio, ya que no puede exhibir como éxitos haber reducido la pobreza o la desnutrición infantil. De ahí que el orgullo del régimen se centre o gire en torno a los avances que pueda alcanzar en el plano bélico. Su legitimidad, en otras palabras, reposa en qué tan eficaz pueda ser para repeler cualquier agresión occidental, concretamente, norteamericana.

China, a esta altura, puede ya estar sintiendo la presión de asumir algunas definiciones en torno al conflicto. De ahora en adelante no puede mantener un perfil bajo o enteramente conciliador. Esto explica que haya decidido, al menos diplomáticamente, “jalarle las orejas” a su problemático aliado. China sabe muy bien que su crecimiento como potencia depende de la estabilidad mundial. Por eso resolver este asunto es vital para no ver una región nuclearizada en el largo plazo (y más ahora que sectores conservadores en Corea del Sur y Japón están considerando dotarse de armamento nuclear para hacerle frente a la amenaza norcoreana).

Corea del Norte es una nación de marcados contrastes, pues a pesar de su pobreza, asigna el 80% de sus recursos al gasto militar. Con dicho presupuesto mantiene un Ejército de 1,1 millones de soldados, el quinto mayor del mundo y un costoso programa armamentista que no sólo incluye en su arsenal armas nucleares, sino también químicas y bacteriológicas. La megalomanía de Kim Jong Il ha llevado perfeccionar plagas en vez de vacunas, algo inconcebible. Permitiendo de ese modo que la tasa de mortalidad infantil sea una de las más elevadas del globo.

Lo que sí queda claro es que si China no interviene con firmeza, este problema no se resolverá sólo o por inercia, sino nunca.

North Korea: The Thin Red Line

9.10.06

Como era de esperarse, Corea del Norte realizó su primer ensayo nuclear a pesar de las múltiples condenas de la comunidad internacional. El siguiente paso consiste ahora en tratar de acostumbrarnos a un escenario donde la proliferación de armamento nuclear sea la que marque la agenda de los países.

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Los tres mayores majaderos del mundo hemos sido Jesucristo, don Quijote y yo…” dijo Simón Bolívar poco antes de morir. Aseveración discutible desde luego, pues la historia ha registrado tal vez mayores majaderos que los citados por el libertador. Pero si hiciéramos tal selección hacia finales del siglo XX y en los albores del siglo XXI, dicha terna de “majaderos”—en un sentido peyorativo--estaría seguramente conformada por George Bush, Donald Rumsfeld y Kim Jong-il, en ese mismo orden.

Dudamos que muchos discrepen de nosotros al tomarnos la licencia de hacer ese breve listado. En principio porque cualquiera de los elegidos es buen candidato para integrar la lista de los personajes nefastos cuando se elabore el balance del presente siglo.

Los dos primeros merecen un sitial deshonroso en la historia por hacer del mundo un lugar más inseguro, por vulnerar el derecho internacional y por socavar el multilateralismo. En otras palabras, lo que estamos diciendo es que el dúo es responsable por el incremento de la violencia global y de la carrera armamentista, ya que nunca, ni si quiera en las peores etapas de la guerra fría, el mundo ha gastado tanto en armas y tan poco desarrollo. Es decir, que más hemos desembolsado en guerras y casi nada en la paz.

Parte de la culpa la tiene la implementación de la doctrina de la guerra preventiva, la cual resultó un arma de doble filo pues en vez de suprimir las amenazas; las ha creado. Decimos esto porque países sindicados por el Presidente norteamericano como miembros del “eje del mal” han considerado que el único modo de disuadir a la superpotencia de los “ataques preventivoses dotàndose de capacidad nuclear. Así, la política exterior norteamericana es responsable de que los estados de dicho "eje" se hayan visto obligados a desconocer el Tratado de No Proliferación Nuclear, entre otros instrumentos y acuerdos internacionales.

El ex presidente surcoreano Kim Dae-jung, arquitecto de la ahora fugaz reconciliación con el Norte y Premio Nóbel de la Paz en 2002, considera que: “Los neoconservadores de Estados Unidos no quieren la paz en esta región. Son dogmáticos. No defienden los intereses de Estados Unidos, como hacía el presidente Clinton que alentaba nuestros esfuerzos para un diálogo pacífico, sino que se mantienen obsesionados por una ideología: la de las sanciones, que nunca funcionó, ni contra Cuba, ni contra Irak, ni contra Afganistán, ni contra Irán. Presionan a Tokio para que él también imponga sanciones, lo cual agrava los desacuerdos regionales. Esos desacuerdos proporcionan a su vez un pretexto a la derecha japonesa para reclamar el rearme de Japón. Lo que aumenta la desconfianza de China. Es una espiral muy peligrosa".

De este modo no somos los únicos en pensar que la estrategia de EE.UU. no sólo es equivocada sino también peligrosa. La ejecución de de la guerra preventiva y las sanciones económicas han generado como respuesta inmediata el desarrollo de capacidad nuclear ofensiva por parte de norcorea e Irán. Lo cual no solamente frustra los planes de contención bélica de EE.UU. sino que coloca en serio riesgo a sus aliados regionales (Israel en oriente próximo y Corea del Sur y Japón en el nordeste asiático).

Es coherente especular que Norteamérica aún confía en la estrategia que implementò en Vietnam, es decir, en creer que la superioridad convencional basta para acabar con las amenazas. Sin considerar que su presencia en los conflictos regionales o étnicos sólo provoca desequilibrios y dificulta los consensos. EE.UU., como todo imperio, trata de que el curso de la historia le sea favorable. Lo cual es a todas luces imposible, porque los acuerdos impuestos por la fuerza o en condiciones penosas para las partes sólo son artificiales o precarios. Esto es, que no obedecen al real sentir de los involucrados y muchas veces llegan a desencadenar problemas mayores a los que se creían “resueltos”. Un ejemplo típico de esto fue la partición de Alemania o de las dos coreas, cuya reunificación, a pesar de las tenciones, tendrá que producirse.

La tensión existente es una consecuencia de haber dividido y enemistado a un mismo pueblo. Antes el dogmatismo provenía del bloque comunista integrado por China y la URSS, ahora nace de EE.UU., ya que los halcones de Washington han venido boicoteando el proceso de negociación integrado por Rusia, China, Japón, EE.UU. y las dos coreas.

El entrampamiento se originó después del acuerdo del 19 de septiembre de 2005, cuando el Departamento del Tesoro de Estados Unidos adoptó medidas financieras contra Pyongyang con el pretexto de que un banco de Macao (China), el Banco Delta Asia, había blanqueado dinero por cuenta de Corea del Norte. Cosa que no ha demostrado ninguna investigación internacional. Intimidado por Washington, el banco congeló en el mes de febrero último 24 millones de activos norcoreanos. Pyongyang cerró entonces la puerta a las negociaciones de los Seis, reafirmó su derecho a poseer la bomba atómica y procedió a los lanzamientos de prueba del pasado 5 de julio desaprobados por el Consejo de Seguridad de la ONU, uno de cuyos miembros es China.

Por si fuera poco, EE.UU. ha intentado persuadir a Corea del Sur con el fin de aumentar las sanciones contra Corea del Norte. Pero Seúl no quiere ceder a las presiones de Washington, y desea conservar una autonomía de decisión. Como afirma Kim Dae-jung: "No queremos ni una reunificación por la fuerza como en Vietnam, ni una reunificación ruinosa como en Alemania. Que Estados Unidos nos deje seguir nuestro propio ritmo, lento y pacífico, hacia una reunificación feliz".

Ignacio Ramonet, director de Le Monde Diplomatique, sostiene que “las autoridades del sur apuestan por el diálogo y los intercambios, especialmente económicos, y por el desarrollo de intereses comunes para reducir las disparidades entre los dos países, prevenir los conflictos y preparar una eventual reunificación. A partir de entonces, el monto de los intercambios comerciales ha alcanzado la suma de mil millones de dólares, convirtiendo a Corea del Sur en el segundo socio económico de Pyongyang después de China”.

De ahí que Estados Unidos sea visto por sectores progresistas como el opositor número uno para llevar adelante tratativas que conduzcan al desarme de la Península y a la paz.

Mientras tanto, Irán, otra nación con pretensiones nucleares, está expectante a las acontecimientos que puedan producirse ya que lo que se determine en el caso norcoreano bien puede llegar a serle aplicable. La diferencia entre ambos conflictos tal vez pase por tres razones: 1) Irán cuenta con mucho mayor apoyo internacional que norcorea, ya que de no ser por China, estaría aislada en lo político; 2) la república islámica está en mejores condiciones de afrontar un conflicto con occidente pues posee percibe enormes ingresos por la exportación de su crudo; 3) una nueva guerra en el golfo incrementaría descomunalmente el precio del petróleo, disparándose de tal forma como el torrente de crudo que expulsa la boca de un pozo. Un mayor precio del barril representa un disuasivo importante al momento de considerar cualquier tipo de ofensiva sobre territorio iraní.

No creemos, que a raíz de las pruebas nucleares, el Consejo de Seguridad resuelva establecer sanciones que conlleve al uso de la fuerza dado que la respuesta norcoreana no se haría esperar. Un eventual ataque al régimen comunista no sólo comprometería la vida de los más de 30,000 soldados norteamericanos desplegados en surcorea, sino la eventual destrucción de sus dos mayores aliados en la región (Corea del Sur y Japón). Lo cual inclinaría la balanza de poder hacia China, pues los mercados bursátiles norteamericanos jamás podrían recuperarse de la debacle de su mayor socio económico.

Sea como fuere, la opción de la guerra no es otro medio, sino el fin.

North Korea: The Great Jump Back

8.10.06

Después la Guerra Fría, uno de sus dinosaurios todavía sigue aquí. Jugando con el cuento “el Dinosaurio” del guatemalteco Augusto Monterroso, alertamos cómo, en pleno auge de la globalización, una nación desafía la evolución de las civilizaciones y brega en contra de las tendencias que rigen al mundo.

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Podemos afirmar, casi con precisión absoluta, que Corea del Norte es el único heredero de la bipolaridad mundial. Ni siquiera el régimen cubano podría calificarse como dinosaurio aunque haya sido dirigido por el mismo líder desde que triunfó la revolución. La diferencia radica, principalmente, en que Cuba ha realizado algunas tibias reformas económicas (pues se registran inversiones extranjeras en algunos sectores) e implementado un "estado de bienestar" (que proporciona educación y salud de primer nivel a sus ciudadanos). Este, por su puesto, no es el caso de la Corea comunista pues los ingresos de su economía provienen de actividades ilegales como la falsificación de monedas, el narcotráfico (opio y hachís) y la probable transferencia de tecnología nuclear y milística a países inestables. En lo que desarrollo humano se refiere, la población padece hambrunas desde mediados de los noventa y carece de infraestructura básica.

Ante este panorama, el poder de cautivar la atención de la comunidad internacional y ejercer cierta presión sobre ella se sustenta en las reiteradas demostraciones de su amenazante poderío bélico. De ahí que cada cierto tiempo Corea del Norte realice ejercicios militares que implique la movilizaciòn de tropas cerca de la frontera surcoreana, desplegar plataformas de misiles de alcance medio con capacidad atómica o detonar un artefacto nuclear bajo tierra, cuyo caso representa la última de las provocaciones de este Estado totalitarista hacia sus vecinos capitalistas: Corea del Sur y Japón, principalmente. Pero también hacia Estado Unidos, quien además de la amenaza terrorista tiene que hacerle frente a la prepotencia de este rezago de la Guerra Fría.

Una de las interrogantes que surge comúnmente es: ¿por qué un régimen de estas características no ha caído aún o por qué se mantiene casi intacto cuando el mundo ha experimentado una serie de transformaciones?

La repuesta se debe a que la potencia emergente asiática: China, tiene grandes en intereses en preservarlo. Y no por razones ideológicas, ya que a pesar de que en ambas naciones rige un partido único y son herederas del marxismo (en China gobierna el Partido Comunista Chino y en Corea del Norte el Partido de los Trabajadores), èsta última es partidaria de reformas económicas y atrae un gran flujo de inversiones anualmente. Entonces, la causa de este apoyo sólo puede ser política, o mejor dicho, geopolítica, concretamente hablando.

Para el país de la Gran Muralla, Corea del Norte es un lastre que necesita mantener a flote ya que abandonarlo a su suerte implicaría afrontar enormes presiones sociales y estratégicas. Un eventual abandono del mayor aliado norcoreano provocaría la debacle del régimen y una ola migratoria en la frontera china donde millones de desplazados buscarían la asistencia del gigante asiático en calidad de refugiados. Con la caída, el siguiente paso sería la reunificación de la Península de Corea bajo el auspicio occidental, es decir, bajo el control de EE. UU. y Corea del Sur, quienes asumirían el protagonismo de dicho proceso y la mayorìa de los pasivos dejados por el norte. Esto es justamente lo que la República Popular China no quiere o trata de evitar pues implicaría el ingreso de fuerzas norteamericanas a escasos kilómetros de su territorio.

También podríamos considerar como hipótesis que el apoyo de Beijín sirve para ejercer presiones indirectas sobre EE.UU, el cual ampara a Taiwán desde el surgimiento de la Revolución China en 1949. China tilda a la isla de Formosa como una "provincia rebelde" y sostiene la "tesis de una sola China", desconociendo en cualquier foro internacional u oportunidad, la autonomía de este tigre asiático. De ahí que sea lógico pensar que el sustento político, diplomático y militar que China proporciona a su vecino forma parte de una estrategia consistente en “pagarle con la misma moneda” a EE.UU., es decir, en afectar en el nordeste asiático a EE.UU de la misma forma que éste lo hace en el sudeste al alentar el secesionismo taiwanés.

Cabe recordar que EE.UU. ha armado hasta los dientes a la isla, dotándola de la mejor tecnología militar estadounidense, además de apoyarla económica y polìticamente durante décadas. Taiwán es un importante productor en innovador en el campo de alta tecnología: chips y software, bàsicamente, de los cuales depende el sector informático y las comunicaciones de EE.UU. Esto explica el soporte norteamericano hacia Taipei, cuyo interés geopolítico se centra en evitar que China domine el mercado tecnológico, en otras palabras, que EE.UU. se torne dependiente no sólo comercial, sino también tecnológicamente hablando de China.

El equilibrio pues es frágil y más aun cuando Pyongyang se muestra reticente a discutir los alcances de su programa nuclear. Incluso para la propia China, el régimen de corte estalinista representa y ha representado un difícil aliado con quien tratar (dada su negativa a implementar reformas y aperturas como lo hizo su socio mayor en 1979).

Esta renuencia a instituir cambios encuentra dos motivos fundamentales: la eventual pérdida de privilegios por parte de la elite y los posibles procesos o cuestionamientos mediáticos que podrían enfrentar quienes actualmente dirigen de manera autoritaria al pueblo norcoreano. Esto último tal vez sea lo que más preocupe a quienes ahora gobiernan con mano dura los destinos de una de las naciones más atrasadas del globo. Ya que ceder o brindar espacios a reformas pro occidentales podría conducir a protestas como las que vivió China en Tiananmen en 1989, lo cual obligaría a emplear una mayor represión sobre la población insatisfecha, cuyas consecuencias, en el caso norcoreano, serían imprevisibles.

Anclada en la década de los cincuenta del siglo pasado, Corea del Norte hace sentir a su población el miedo que significaría una eventual ocupación norteamericana. Para ello se vale se su gran aparato de propaganda con el cual adoctrina y militariza a millones de norcoreanos, indisponiéndolos hacia una posible reconciliación y reunificación en la Península.

Los ensayos nucleares que planea llevar cabo pueden desencadenar en una probable nuclearizaciòn de la región. Esto supone que Japón tarde o temprano abandone su Constitución pacifista, impuesta por los EE.UU. al término de la Segunda Guerra Mundial, para desarrollar armas de destrucción masiva con el fin de disuadir a los norcoreanos de probables ataques. También Seúl podría ir en aquella dirección belicista cuando la tensión se incremente a niveles intolerables.

Es probable ver dentro de poco un resurgimiento del nacionalismo japonés, no como aquel que lo llevó a la guerra, pero sí uno que desencadene una carrera armamentista en el “pacífico”.

Con esta reciente jugada, Kim Jong-il, líder norcoreano, cree que se encuentra en una posición de fortaleza para lograr garantías de seguridad de parte de Washington y firmar pactos de ayuda con sus vecinos. Su permanencia en el poder no consiste en cuan benevolente puede ser con su pueblo ni en qué medida atiende sus necesidades; sino en cuánto miedo a una posible intervención occidental puede inocularle. De este modo, el anacrónico líder norcoreano justifica su presencia a la cabeza del país y en defensa de la revolución. Para este propósito cuenta con los antecedentes de la ocupación japonesa de la Península (1904-1945) y de la guerra de Corea (1950-1953), a partir de la cual se consolidó como límite definitivo--entre las dos coreas--el famoso paralelo 38º (la frontera más militarizada del planeta).


La posición norteamericana.

Para muchos analistas Washington tiene que hacerle frente a “hechos consumados” pues norcorea cuenta desde 1994 con un avanzado programa nuclear. Así, la doctrina de la guerra preventiva hubiese sido muy útil de aplicar y poner en práctica tomando en cuenta la peligrosidad del régimen. Pero dada la proximidad de Pyongyang con China, resultaba imposible llevarla a cabo. El Pentágono y el Departamento de Estado norteamericanos han considerado equivocadamente a norcorea como un país sin aliados, ya que de no tenerlos, no les sería difícil ejecutar su programa de guerra preventiva como lo hicieron en Irak. Por eso China (que es su mayor proveedor de combustible y alimentos) interviene en la negociaciones al igual que Rusia, Corea del Sur, Japón y EE.UU. para aliviar las tenciones en la región. China es tan aliado de Corea del Norte que peleó junto a ella la guerra del mismo nombre, lo mismo hizo la desaparecida URSS ya que sus pilotos protagonizaron férreos combates aéreos ante los cazas norteamericanos. Además, su enorme armamento convencional procede de Rusia y China. Y es más que probable que su tecnología nuclear también haya sido impulsada por estas dos potencias militares.

El problema norcoreano se ha acrecentado para EE.UU. desde que el conflictivo país asiático lanzó el misil Taepodong-2 en junio de este año, el cual, según fuentes de inteligencia, serìa capaz de atacar suelo norteamericano en Alaska. A raíz de este grave incidente internacional EE.UU. y Japón han presionado para establecer sanciones económicas para agobiar aún más al régimen.

Pese a ello, Corea del Norte ha sabido mantener hábilmente el totalitarismo aun cuando tiene que lidiar con enormes problemas internos y la hambruna. Algunos especialistas creen que sea capaz de perdurar por varias décadas más, a pesar de las lastimosas condiciones humanitarias, debido a la inexistencia de una oposición interna al comunismo. El secretismo en el que vive impide tener información valiosa sobre su estructura militar o sus planes a futuro. La corrupción de las altas esferas debió hacer permeable el flujo de información de inteligencia hacia occidente, cosa que no ha ocurrido hasta el momento.

La falta de una corriente opositora se debió en parte a la cruenta purga que realizó Kim Il Sung (1012-1994), padre del actual líder norcoreano, tras concluir la guerra de Corea. Luego de consolidar su poder, Kim introdujo la denominada filosofía "jaché" o de autoconfianza y trató de establecer prácticamente la autárquica. También desarrolló uno de los más demenciales ejemplos de culto a la personalidad, lo que unido a un eficaz y masivo sistema de propaganda le permitió mantenerse en el poder hasta su muerte.

Legado que aspira afianzar su heredero, hasta ahora con lamentable éxito.

Latin immigration: ¿barbarian invasion?

5.10.06

Generalmente para prevenir o contener una invasión las civilizaciones han recurrido a los muros. Así la historia registra algunos casos emblemáticos que a la larga no cumplieron su objetivo.

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La corriente xenófoba en Estados Unidos ha desembocado en la aprobación de un proyecto para cercar parcialmente la frontera norteamericana-mexicana. Detrás de esta campaña, que tiene unos dos años de duración, se encuentran grupos activistas de derecha que conforman el grueso del electorado republicano. Una razón para pensar en la trasnochada reacción del Senado Norteamericano, que entró en receso preelectoral este lunes, es que asumir una posición antiinmigratoria adjudica réditos políticos, esto es, se traduce en votos, ergo, en mantener el poder.

Un reciente artículo del Wall Street Journal da cuenta del crecimiento de grupos antiinmigratorios en EE.UU. Dichos activistas promueven el endurecimiento de la leyes inmigratorias y han hecho suya una “lucha” en la que “el Gobierno Federal no ha venido haciendo su trabajo”, explica Joseph Turner, líder de una organización llamada “Save Our State” (Salvemos nuestro estado). Como ésta, cientos de estos grupos que abogan por la protección de los intereses nativos de EE. UU. frente a los inmigrantes, proliferan hoy en día. Este aumento se debe en parte a los 12 millones de inmigrantes ilegales, cifra que crece en un millón cada año. El número de extranjeros en situación irregular explica parte de este extremismo conservador ya que detrás de estas señales (como la valla autorizada por el Congreso y estas agrupaciones antiinmigratorias) se esconde algo más bien roza con el racismo y la discriminación.

Para comprender un problema tan complejo, es preciso dividirlo en varios tópicos como sea posible, con el fin de aproximarnos a una respuesta general. En otras palabras, recurriremos al método cartesiano ideado por Descartes al momento de abordar este fenómeno. Así, avanzaremos como detectives tratando de resolver el rompe cabezas de un caso que requiere de un tratamiento multidisciplinario.

A continuación, surgirán una serie de preguntas o inquietudes, las que sucesivamente se irán clarificando conforme encontremos nuevos datos y vayamos realizando nuestra labor.


¿Qué representan los inmigrantes para los EE. UU?

Para un sector, los latinos en situación irregular representan chivos expiatorios a sus problemas y temores. Bajo esta mirada inquisidora-conservadora se ocultan problemas más serios, algunos de los cuales pueden considerarse como preocupaciones naturales (como la pérdida de empleos, mayores tasas de criminalidad, etc.) y otros que adquieren ribetes más alarmantes para la convivencia por tratarse de cuestiones raciales o étnicas.

Desde el 11-S la inmigración ilegal ha sido considerada como una amenaza a la seguridad nacional, de ahí el fortalecimiento de los controles migratorios en los aeropuertos, entre otras medidas.

Es razonable pensar que a algunos norteamericanos (los de menores ingresos y menos educados) les perturbe perder puestos de trabajo a manos de latinos indocumentados, pues el seguro de desempleo federal ha venido reduciendo su cobertura y duración. De esta forma se ha agravado la situación para todos aquellos ciudadanos que dependen de la asistencia estatal para sobrevivir.

Pero esto ni las pandillas integradas por sujetos de origen hispano nos ayuda a comprender la causa de este malestar hacia los latinos. Durante años la población centroamericana y sudamericana ha realizado trabajos de baja remuneración, aquellos que no implicaban un mayor grado de conocimiento o experiencia. En otras palabras, desempeñaban y aún desempeñan tareas que los norteamericanos desechaban o no deseaban ejecutar. Así, la competencia laboral de los latinos se centraba mayormente en la población afroamericana y no tanto en los americanos de origen europeo (clasemedieros). De este modo, no es sostenible que la animadversión hacia los inmigrantes se sustente en la pérdida de empleos por parte de la población de la clase media blanca.

En cambio, lo que sì afecta directamente a la clase media de EE.UU. es el outsourcing de servicios profesionales (básicamente contadores, ingenieros, etc.) que son reemplazados por trabajadores en la India o Irlanda. Por otro lado, la inmigración ilegal perjudica fundamentalmente a los trabajadores poco preparados, presionando sus salarios a la baja. Estos últimos son los que vienen otorgando la victoria a los republicanos en las últimas elecciones. Tal vez ante la proximidad de èstas, y dada la baja popularidad de los republicanos debido a los escándalos sexuales y al mal enfoque en Irak, Bush se ha visto forzado a utilizar una cortina de humo y apelar nuevamente a su bastión electoral.

Segùn Joseph Stiglitz, Premio Nóbel de Economía, "los cambios en la tecnología contribuyeron al casi estancamiento de los salarios reales para los trabajadores poco calificados en Estados Unidos y otras partes en los últimos treinta años". Entonces, son las nuevas condiciones del mundo moderno y la economìa globalizada--y no exclusivamente la inmigraciòn ilegal--las que en su mayor parte han provocado un descenso de las remuneraciones e incrementado la desigualdad salarial. Esto porque el fenòmeno inmigratorio latino es posterior a esta caìda pronunciada de los salarios ya que se hace sentir con mayor fuerza a mediados de los 90', cuando su nùmero bordeaba los 8 millones de indocumentados (Fuente: Oficina de Estadìsticas Laborales de EE.UU.).

También podría descartarse la criminalidad como un factor que sustente este “odio”. Esto porque las cárceles guardan una composición más o menos estable étnicamente hablando. Es decir, que la cifra de reclusos latinos es proporcionalmente menor a la de los afroamericanos (siendo la población latina la primera minoría) e inferior a la de los blancos. Además, el latino encuentra muchos menos incentivos que el nativo norteamericano para delinquir, pues el que migra generalmente lo hace porque tiene la necesidad de atender a su familia en su país de origen. Esto es, que tiene trabajar duramente para enviar remesas de dinero. De ahí que busque dedicarse a actividades lícitas y que no llamen la atención de las autoridades, pues el riesgo de ir a prisión implica privar a sus familias de ingresos y bienestar. Esta premisa puede ser válida para los que se encuentran en una situación irregular más que para aquellos que gozan de la ciudadanía americana. También podría ser aplicable al caso de los residentes legales, dado que si se orientan al crimen no solamente irían a prisión, sino que perderían su estatus migratorio.

Este desincentivo de los inmigrantes hacia la criminalidad puede explicarse bajo la teoría de Gary Becker, Premio Nóbel de Economía 1992, quien postuló la tesis de que los agentes (en este caso, los ilegales) actúanracionalmente”, es decir, buscan maximizar alguna función objetiva, esto es, obtener mayor riqueza o alguna ganancia como prolongar el mayor tiempo posible su irregular estadía. De este modo para los latinos existen menores motivaciones que incentivos para delinquir.

Con ello, queda prácticamente descartado que la campaña antiinmigratoria se deba a los fundamentos que exponen ciertos sectores del activismo conservador republicano.

Entonces, sólo nos queda el elemento racial o étnico como causa de esta controversia.

¿Qué piensan verdaderamente los estadounidenses?

Piensan que se está produciendo una invasión. La superpotencia otrora invasora del mundo siente ahora “amenazada” y luce temerosa.

En Europa también existe una preocupación similar, pero el viejo continente no está reaccionando de la misma forma. Mientras los europeos, concretamente los veraneantes españoles en la isla de Tenerife rescatan y asisten humanitariamente a los balseros africanos que arribaban a sus costas; en la frontera mexicana se da muerte y degrada a cientos de mexicanos que intentan cruzarla.

Los países europeos se encuentran comprometidos con el respeto de los derechos fundamentales de las personas, los cuales se extienden a cualquier sujeto que entre en su territorio.

Tal vez quien mejor represente la posición antilatina sea Pat Buchanan, ex candidato presidencial por el Partido Republicano, quién publicó un libro que reseña su pensamiento. La obra en cuestión se titula: “Estado de emergencia ¡la invasión del tercer mundo y la conquista de América!”. Según este político, los inmigrantes ilegales están creciendo demasiado y no se están adaptando a la american way of life. Para él existen demasiados latinoamericanos, unos 39 millones, aproximadamente un 12% de la población de EE.UU.

Pero esta “desproporción” es un error pues a inicios del siglo XX la tasa de ilegales ascendía al 14% de la población, estadísticamente la cifra es menor si la comparamos hace un siglo atrás.

El problema para este conservador derechista parece que está en lo étnico, pues la mayoría de inmigrantes son latinos y no europeos. Buchanan piensa que al aumentar la población proveniente del tercer mundo, EE.UU. se convertirá en un país del tercer mundo. Es como se estuviera dando un proceso paulatino de degradación a su entender. Del mismo modo piensa Joseph Turner, activista antiinmigracionista ya que considera que “hay que evitar que California y el país se transforme en una fosa séptica del tercer mundo”. Este conservador señala que cree en la superioridad de EE.UU. y la cultura norteamericana. Algo que recuerda mucho al famoso discurso de Nuremberg que Adolf Hitler pronunció ante soldados alemanes y seguidores del partido nazi en el que les inculcó que ellos eran una raza superior que merecía un Lebensraum ('espacio vital' adicional) y un mejor nivel de vida, y el medio para lograrlo era la conquista o invasión.

Lo que olvidan ambos individuos es que los latinos generan cada vez un mayor consumo, producción y riqueza, equivalente a casi 1.3 trillones de dólares. Además, su poder adquisitivo superará al de la masa afroamericana en el 2007 y lo constituirá definitivamente como la primera minoría económica. Con la tendencia actual, la población de raíces hispanas llegará a ser el 25% de los residentes en EE.UU dentro de unas cuantas décadas.

De modo que es falso que los latinos no se integren pues las cifras se explican por si solas. Los hispanos se asimilan rápidamente, aprenden o ya conocen el idioma en poco tiempo, lo cual es necesario para conseguir mejores trabajos, salarios, y enviar, por consiguiente, su excedente productivo en calidad de remesas. Muchos saben manejarse en dos idiomas, es decir, son bilingües y se casan con miembros ajenos a la comunidad latina. Si de actividad empresarial se trata, cabe señalar que los latinos han creado un millón de negocios. Cerca de 500, 000 tienen títulos universitarios. Hay 3 senadores y un Gobernador hispanos. El propio procurador de justicia es latino. La ciudad de Los Ángeles tiene como alcalde a un descendiente de mexicanos. Hasta un par de astronautas latinoamericanos han llegado al espacio, uno de ellos peruano.

El temor puede deberse al mayor peso económico que ostentan los latinos, pues este crecimiento eventualmente se traduciría en un mayor peso político. Lo que temen en sí, no es ver a los latinos en las colas de los supermercados, haciendo compras en los centros comerciales o viviendo en sus vecindarios; sino verlos participando más activamente y dirigiendo la política.

Este mayor consumo latino ha obligado a que se constituyan cadenas televisivas orientadas a la teleaudiencia hispana. Los grandes almacenes han habilitado ahora secciones para productos que consumen casi exclusivamente los latinos. Productos, que dicho sea de paso, provienen de sus respectivos países de origen. Lo cual explica parte del crecimiento que experimentan las exportaciones latinoamericanas hacia los Estados Unidos.

De ahí el miedo de los legisladores norteamericanos de origen europeo, quienes podrían perder sus escaños en el Capitolio cuando compitan con representantes de la creciente comunidad latina. Entonces, resulta lógico suponer que el electorado latino confiará sus intereses a aquellos candidatos con los que se siente más afín, hablen su mismo idioma y entiendan mejor sus problemas.

Con el muro, los legisladores se estarían anticipando o adelantando a un futuro escenario donde sus posibilidades electorales probablemente sean mínimas.

Esta historia de que el mayor peso económico conlleva a una mayor preponderancia política no es nueva, porque una de las causas de la independencia norteamericana fue la negativa de la corona inglesa a otorgarles a sus súbditos americanos el acceso a la representación en el parlamento inglés. Una vez fracasadas las gestiones de Benjamín Franklin para lograr dicho propósito, los insurrectos de Virginia, Pensilvania, Massachusetts, etc. resolvieron que la única vía para contar con una auténtica y legítima participación política era la independencia.

Para comprender mejor el pensamiento estadounidense, tendríamos que remontarnos a la doctrina Monroe, la cual fue elaborada por James Monroe, político y diplomático que en 1823 formuló los principios en los que se sustenta la política exterior de EE.UU. Dicha doctrina se resume por el siguiente aforismo “América para los americanos”, el que bien podría interpretarse en la actualidad como “América para los norteamericanos”. Y es que en verdad esta doctrina trata de postular lo segundo antes que lo primero. Pues la intención de Monroe era cerrar Latinoamérica a las pretensiones colonialistas europeas. En realidad, inauguró la política de aislacionismo frente a Europa y, después ha servido para justificar la hegemonía política de EE.UU. en todo el hemisferio americano.

A partir de esa doctrina es que Estados Unidos ha venido implementando una relación de dependencia y subordinación con los países hispanos.

Dentro de poco a la comunidad latina no le quedará otro camino ni otra opción que hacer sentir su voz ya no en las calles (a través del boicot o paros) sino en los verdaderos escenarios donde se toman las decisiones (la real politik). Esta flamígera animadversión hacia lo latino puede ser provechosa para ir forjando una unión que refuerce la identidad de la comunidad hispana.

Cabe recordar que el nacimiento del movimiento por los derechos civiles de los afroamericanos se debió a la segregación racial y malos tratos de los que eran objeto. Así, el constante “odio” y discriminación más que desarticular y disminuir a la minoría latina puede más bien integrarla y hacerla consciente de su condición social. En otras palabras, que esta confrontación puede hacerla consciente de sí. De ahí que no sean del todo desventajosos estos nuevos obstáculos legales que enfrentan, dado que a la larga pueden provocar el efecto inverso al deseado por sus detractores, esto es, su fortalecimiento.

Los enemigos de la inmigración desconocen que la fuerza de EE.UU. radica en que se trata de un país multiétnico, multicultural y multirracial. La identidad de la Nación Norteamericana no está ligada al inglés o al color de la piel u origen étnico, sino a sus valores fundamentales, su tolerancia religiosa, sus innovaciones y su aceptación universal de inmigrantes. Por algo la efigie de la Estatua de la Libertad es un símbolo de aquello para millones de personas que cruzaron el Atlántico en búsqueda de libertad, igualdad y felicidad. Principios elementales en los que se funda la Constitución de los Estados Unidos de América.

Por otro lado, intentar detener el avance de la comunidad latina es inevitable, pues el crecimiento de los hispanohablantes no depende exclusivamente de los flujos migratorios, sino también de los nacimientos de población de origen latina en suelo americano. Por primera vez la tasa de nacidos en EE. UU. en el 2005 superó a la inmigrantes provenientes de América Latina.


¿Qué panorama enfrentan los inmigrantes?

Totalmente negativo. Además del muro fronterizo algunos Estados ya han implementado medidas para desalentar la inmigración ilegal. Municipios de Missouri, Nueva Jersey y Pensilvania, por ejemplo, ha establecido leyes duras para frenar la avanzada latina. Estas medidas consisten revocar la licencia de cualquier negocio que ayudara o contratara, incluso sin saberlo, a inmigrantes ilegales. También prohíben alquilar viviendas a estos inmigrantes y ahora conducen todos sus asuntos en inglés. A esto se suman otras acciones que tratan de impedir que los hijos de los inmigrantes no se eduquen en las escuelas públicas y que carezcan de asistencia médica. El argumento que se ha dado para ello es que el beneficio neto de los extranjeros ilegales es negativo. Algunos activistas antiinmigratorios consideran que los latinos están colapsando los servicios de atención federal, lo cual significa que el dinero de los contribuyentes es usado en subvencionar a los ilegales.

En otros casos, los opositores de la inmigración ilegal instan a los residentes a llevar a cabo protestas fuera de los locales donde a menudo se congregan muchos trabajadores latinos en busca de trabajo.

Así, la represión no solo es externa (por lo del muro) sino también interna, y cada vez está ganando más adeptos o partidarios.


¿EE. UU. se beneficia con la inmigración ilegal?

, muchos empleadores agrícolas, manufactureros, del sector de servicios y de la construcción se han visto favorecidos al contratar con mano de obra irregular pues esta representa menores costos laborales. Por lo general, al no contar el trabajador ilegal con seguro social, no se le paga lo mismo que a un trabajador residente o en regla. Muchas veces el empleador suele recurrir a la amenaza (de reportar la ilegal estadía de sus trabajadores latinos) para desconocer las condiciones mínimas de trabajo que debe ofrecer.

De esta manera, los latinos en dicha situación no sólo reciben un salario mucho menor sino que trabajan en condiciones más riesgosas ya que tienen que aceptar empleos perjudiciales para su salud e integridad física.

Con la contratación de ilegales, algunas empresas y sectores productivos están recuperando parte de la competitividad pérdida con los países del Asia, con China, concretamente hablando (cuyo superávit comercial con los EE.UU asciende a unos 200,000 millones de dólares). China crece económicamente gracias a que ignora los derechos laborales, su legislación del trabajo tolera abusos y maltratos, y a que su moneda, el yuan, se encuentra subvaluada. Lo cual le genera muchos entredichos con funcionarios del Tesoro norteamericano que le solicitan una apreciación con el fin de reducir la brecha en la balanza comercial.

La Organización Internacional del Trabajo (OIT) también se pronunciado en contra de las prácticas y políticas laborales chinas pues estas transgreden el marco de protección mínima que establecen los convenios de dicha institución.


¿El muro sería tan efectivo como se piensa?

Si algo ha demostrado la historia de la humanidad es que los muros finalmente ceden y caen. Las murallas finalmente sólo han inspirado a los hombres a traspasarlas de maneras más ingeniosas. Así, las paredes de la fortificada Troya no impidieron que la astucia de Ulises le hiciera pensar en la ofrenda del caballo de madera para acceder a la impenetrable ciudad. “Teme a los griegos aun cuando traigan sus dones”, reza un viejo proverbio sustentado en esta leyenda.

Las barreras fronterizas generalmente se han erigido para impedir el tránsito de personas, ideas, productos y servicios. Lo cual resulta contraproducente en los albores del siglo XXI, y aun cuando arrecie la amenaza del terrorismo islámico, “se deben tender puentes en vez de levantar muros”, como invocó alguna vez el Papa Juan Pablo II.

Después del 11-S se ha hecho más difícil viajar para los latinos ya sea como estudiantes, trabajadores documentados o turistas. También se han endurecido los controles a las operaciones financieras de éstos, tratándolas como probables actividades de narcotraficantes, terroristas o funcionarios corruptos.

EE.UU., quizás tiene una fascinación con los muros para contener sus amenazas. Por ellos necesitó de fuertes para repeler los ataques de las tribus nativas de América. Tal parece que aún lo desvela el recuerdo de El Álamo (la masacre que sufrió a manos de las huestes de Santa Ana).

Es propio del imaginario colectivo norteamericano amurallar, dada la arraigada noción de propiedad privada que manejan desde el far west. No debemos olvidar que los estadounidenses fueron los primeros en realizar grandes demarcaciones territoriales de sus granjas y ranchos, así cada hacendado podía saber exactamente las dimensiones de su propiedad.

Más allá de todo esto, lo cierto es que EE.UU. necesita de inmigrantes jóvenes para no enfrentar algún día el problema demográfico de Europa, la cual posee un elevado número de población anciana, mientras cae la tasa de natalidad pues los matrimonios jóvenes posponen los embarazos porque le dan prioridad a otras metas personales (como el desarrollo profesional, adquirir nuevos conocimientos, viajar por el mundo, etc.)

Si se dificulta el tránsito, los millones de ilegales tal vez consideren, antes de que se ejecuten las medidas represivas, en llevarse consigo a todos sus familiares o dependientes a EE.UU. Muchos trabajadores migrantes, que son los que van y vienen, tal vez decidan no volver si las condiciones para su retorno a Norteamérica se endurecen. Estos trabajadores generalmente realizan trabajos en granjas en el sur de California o ingresan en ciertas temporadas del año para atender la oferta de empleo de determinados sectores como el turismo, por ejemplo.

Si los trabajadores ilegales resuelven llevarse a sus familias, las economías de America Latina sufrirán una merma en sus ingresos provenientes del exterior. Esto se daría puesto que no habría sentido alguno para el trabajador inmigrante enviar remesas si toda su familia se encuentra consigo. Una caída de las remesas podría afectar significativamente las metas de crecimiento y consumo interno (en muchos casos, este flujo supera al de la inversión privada directa o al de la exportación de algunos bienes básicos, en el trimestre pasado, México recibió 4.065 uss, equivalente al 50% de sus exportaciones petroleras).

Retornando a lo de la efectividad, la longitud del muro (1.126km.) no cubrirá una frontera de más de 3,400 km. Lo que provocará que los inmigrantes penetren zonas limítrofes desprovistas de control.

Los únicos beneficiarios de esta construcción serán las organizaciones criminales que operan en la frontera, las cuales se dedican a traficar con personas, transportándolas en condiciones deplorables. De modo que una vez levantada, el cruce será más peligroso para los latinos dado que tendrán que internarse en territorios abandonados y desérticos (en los que no se cuenta con ninguna infraestructura en kilómetros de distancia).

Aun así pensamos que siempre habrán formas de llegar a los EE.UU. Cerca del 50% de inmigrantes los hacen a través de aeropuertos, éstos ingresan con visas de trabajo temporal o de turista, las que al vencerse, optan en la mayoría de casos por quedarse.

Este endurecimiento de EE.UU hacia lo foráneo o extranjero no solo se ha venido dando con respecto a la inmigración ilegal, pues también se están advirtiendo severas restricciones al flujo de capitales y a la libertad de hacer empresa. Un caso concreto de esto es la negativa de las autoridades a permitir la adquisición de una empresa privada (petrolera) por parte de capitales chinos. Otro hecho similar se registro cuando una empresa de Dubai quiso hacerse con varios puertos en California, los cuales pasaron finalmente a manos europeas.

Como puede apreciarse, no sólo se rechaza la inmigración ilegal por ser latina, sino también los capitales, aún cuando los liberales norteamericanos reclaman mayor apertura en nuestros mercados sin hacer ellos lo propio (ver el caso de los subsidios agrícolas).

EE.UU., con todas estas medidas, da a entender que pretende una globalización desigual, más allá de que su “discurso oficial” señale lo contrario.

La potencia norteamericana tiene todo el derecho de proteger sus fronteras pero no al extremo de afectar la vida.


¿Cómo será la muralla?

Serán dos murallas en realidad, una de 4.5 mts y otra de 3.3 mts. Las que comprenderán un territorio desde Sonora hasta Arizona. Las edificaciones contarán con sensores de moviendo, 140 cámaras infrarrojas y 400 lámparas. Su longitud de 1.126 km. dejará al descubierto unos 2.200km. de límites entre los dos países.

Para su construcción se ha destinado inicialmente 1.600 millones de dólares ya aprobados por el Senado. Además será patrullada por cerca de 6000 efectivos de la Guardia Nacional más 1500 agentes adicionales. Dentro ella se habilitará centros de detención de ilegales hasta que puedan ser deportados. El costo estimado de esta obra podría rozar los 7,000 millones de la divisa norteamericana.


¿Es un delito ingresar ilegalmente?

No, ningún país del mundo ha tipificado como delito el ingreso ilegal en su territorio. Al menos hasta ahora ningún país se ha atrevido pero se está considerando como posibilidad.

En principio no sería ni puede ser un delito porque carece de los elementos fundamentales para serlo. Es decir, que tiene que afectarse el orden jurídico de tal modo para que llegue a tener esa condición. Mientras no se afecten bienes, personas o valores, la inmigración no puede ni debe ser calificada como delito. En la práctica, si bien los estados detienen a los inmigrantes indocumentados, éstos no ingresan a prisión sino a centros especializados o a hospitales según su estado de salud. Esta detención representa un paso previo para evitar que el ilegal se interne en el país y pueda ser devuelto a su país de origen. Una película protagonizada por Tom Hanks tal vez pueda ilustrar mejor su estatus jurídico para los que la han visto.

Entonces, el fin de la detención del inmigrante es la deportación, lo cual implica ponerlo finalmente en libertad pues no ha cometido ningún ilícito.

A nadie se lo puede apresar por tratar de procurar un mejor nivel de vida para sí y para su familia al internarse en un país distinto al suyo.

Normalmente los estados suelen ser hospitalarios con aquellos individuos marginados o perseguidos en su patria. Se cuentan por decenas los casos en los que las naciones brindan su territorio para salvaguardar la integridad física de poblaciones amenazadas por la hambruna y la guerra. Los ciudadanos también han sido objeto de protección y tutela individual mediante la institución del asilo político, cuando regímenes totalitarios han tratado de asesinarlos, torturarlos o desaparecerlos.

El mundo occidental debe reaccionar de una forma más compresiva y tolerante ante un problema que tiene muchas aristas. De ahí que no se precise de medidas extremas como solución pues en nada colaboran a mejorar la situación de millones de inmigrantes que viven día a día ese dilema.


¿Qué otras alternativas se discutían antes de aprobar este proyecto?

Como hemos visto, imperó la línea dura porque se desechó una propuesta integral que comprendía medidas de regularización de inmigrantes residentes en EE.UU. y otra de trabajadores huéspedes.

Dicho proyecto de inmigración combinaba disposiciones más drásticas en la aplicación de la ley en la frontera con nuevos programas de trabajadores invitados y un plan para otorgar a millones de indocumentados ya asentados en EE.UU. la posibilidad de la ciudadanía.

La Cámara Baja o de Representantes prefirió apartarse del proyecto que había aprobado 5 meses atrás para tratar como delincuentes a los inmigrantes ilegales y a las personas que los ayudan.

Con este horizonte, se satisface a los derechistas conservadores pero no se plantea una reforma del sistema de inmigración de EE.UU.

Con la Ley de la Valla o la Secure Fence Act, no se propone una reforma porque la medida tendrá una efectividad mediática-electoral pero no un impacto real. Lo que se debió hacer es atacar la raíz, esto es, la pobreza extrema en la que viven millones de ciudadanos en Latinoamérica pues los inmigrantes no son sólo mexicanos, sino centroamericanos, colombianos, peruanos, bolivianos, argentinos, venezolanos, ecuatorianos, etc.


La posición mexicana

El canciller mexicano se mostró en desacuerdo con la medida pues considera que también afectará a los estados fronterizos con México (California, Texas, Nuevo México y Arizona).

Este es un tema en el que la posición del Presidente saliente Vicente Fox (PAN) ha sido crítica con respecto a la asumida por su vecino del norte.

El Consejo Nacional de Derechos Humanos (CNDH) del país azteca también se ha manifestado en contra de la valla pues considera que esta política sólo agravará la seguridad de los inmigrantes.


¿Por qué México no ha hecho su parte para controlar la frontera?

Porque México se libera de una gran presión social al permitir este flujo inmigratorio. Esto debido que si millones de mexicanos no pudieran migrar la posibilidad de una hecatombe social sería tangible.

Para comprender esto hay que indicar que México es una economía que no puede proporcionar un número suficiente de trabajos, de ahí que la inmigración represente una suerte de válvula de escape que permite "deshacerse" de una masa mayormente descontenta con el modelo económico. Sin esta válvula, el país del tequila se vería envuelto en serios conflictos internos que podrían socavar la gobernabilidad y su viabilidad. Además, los inmigrantes colaboran con el país que dejan atrás pues envían remesas a sus familiares. De modo que la migración es vital para la estabilidad política, económica y social mexicana, de ahí que las autoridades aztecas no se vean incentivadas o motivadas para resolver un problema que nace en su seno.

Además, México incentiva este cruce inmigratorio a través de organizaciones estatales, las cuales proporcionan informaciones y consejos a sus ciudadanos inmigrantes sobre cómo pasar la frontera con los EE.UU, y qué hacer en caso de ser detenidos por los marshalls.

Cabe recordar que hace poco México bien pudo entrar en una espiral de violencia política a raíz de las supuestas denuncias fraude del candidato izquierdista Andrés Manuel López Obrador. Al haber sido tan estrechos los resultados electorales, los radicales pensaron que les habían robado la elección. No imaginamos que hubiera pasado si millones de mexicanos no hubiesen podido migrar al norte. Tal vez el triunfo del líder del PRD se hubiera producido de manera abrumadora, lo cual le hubiese acarreado enormes problemas a EE.UU. pues tendría que lidear con un vecino que cuestionaría severamente no sólo sus políticas inmigratorias, sino también las económicas e internacionales.


¿Qué hay del TLC o NAFTA?

El tratado de libre comercio firmado entre Canadá, EE. UU. y México ha triplicado las exportaciones de este ultimo país a Norteamérica. Desde su entrada en vigencia en 1994, ciertos sectores se han favorecido con el comercio como las maquilas, la agroindustria, manufacturas, plantas industriales, petroquímica, etc. Pero el país aun restringe las inversiones privadas en determinadas actividades como la petrolera o energética. Esto debido a la negativa de algunos grupos políticos y poderosos sindicatos estatales que no permiten el ingreso de capitales porque temen que "saqueen sus recursos naturales".

El problema fundamental se centra en el campo y las zonas rurales dado que ahí se presentan los mayores índices de pobreza. Los enormes bolsones de pobres sólo ven en la inmigración una posibilidad real de mejorar su calidad de vida. A pesar de que el país ha venido creciendo, en parte porque EE.UU. consume más bienes y materias primas mexicanas. El TLC no ha impedido que la cifra de inmigrantes ilegales disminuya, más bien ha aumentado, puesto que las consecuencias negativas del acuerdo acentuaron el deterioro de los campesinos.

Pero no se puede achacar al tratado todos los males puesto este es una herramienta que posibilita mayores intercambios entre los países. De ahí que la principal responsabilidad es de los mexicanos y sus autoridades por no haber hecho al país más competitivo ni haber implementado a tiempo todas aquellas reformas que se necesitan, como las laborales, por citar un caso, ya que el código laboral mexicano data desde los años 30, y sigue siendo un obstáculo para las inversiones extranjeras y la creación de empleos.

Una lucha abierta con los sindicatos que se oponen a dicha reforma podría desatar una serie de protestas laborales. Esto, a su vez, favorecería López Obrador, quien ha realizado llamamientos a la desobediencia civil.

La situación mexicana preocupa de manera especial dado que ha estado apunto de enfrentar un intento ruptura del orden constitucional por parte de los radicales izquierdistas y en la actualidad se debate el uso de la fuerza pública para restablecer la tranquilidad en Oaxaca.


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Para terminar, creemos que a EE.UU. le va a suceder lo de los macedonios en las Termópilas. Pues al igual que los persas, los inmigrantes terminarán pasando.